#200 ¡CRASO ERROR!

Se dice con mucha insistencia que la puesta en vigencia del Tratado de Libre Comercio (TLC), el RD-CAFTA u otro, sería una catástrofe para el aparato productivo nacional: ¡craso error!
Quiero explicarme. El TLC, lejos de ser una amenaza, viene a corregir la endémica distorsión económica cuasi estructural, que el empresariado dominicano y los gobiernos de turno nunca han tomado en cuenta, ni siquiera lo han mirado con el rabillo de los ojos. Me refiero a la orientación de las inversiones dominicanas hacia el mercado externo.
En la década del sesenta los países del este asiático, con economías tan pequeñas como la dominicana, enfocaron sus economías hacia fuera. Partían de la matriz de producción local. En lo que se refiere al aspecto comercial sabían, no se equivocaron, que las inmensas oportunidades estaban fuera de sus fronteras. La orientación de la comercialización de los esfuerzos empresariales locales hacia adentro no garantizaba ningún tipo de desarrollo significativo. La estrategia en cuestión en esta época de la aldea global de Mc Luhan, planteaba un país pobre y dependiente.
El empresario local no apoya ningún TLC porque cree que es un instrumento de usurpación, la sustracción de los consumidores dominicanos a favor de las empresas foráneas. Consideran equivocadamente que el mercado dominicano les pertenece, y no están en actitud de negociarlo. Mientras se piense así seremos victimas de nuestros propios prejuicios, de nuestra escasa cultura empresarial.
Mientras nuestra economía no se acerque al estado de madurez, tendremos serias dificultades de orientarnos al exterior. Los bloques económicos regionales han surgido en todo el mundo, caracterizándose por operar como una entidad única. Este ambiente global nos exige interactuar con acceso a oportunidades similares, si desde ya corregimos nuestras distorsiones.

#199 LA ORACIÓN DEL TARJETAHABIENTE

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“Ayúdame a evitar Señor el consumo si estoy deprimido,
Si estoy endeudado ayúdame a no gastar con la tarjeta de crédito,
Ayúdame a verificar los cargos, guardando los comprobantes de consumo,
Protege señor mi tarjeta de crédito firmándola al reverso,
Recuérdame Señor tachar las líneas en blanco sobre el monto total,
Señor asegúrame que el vendedor me devuelva mi tarjeta
y no la de otra persona,
Señor cuídame de los consumos falsos
y de cualquier cargo desconocido o incorrecto
en mi comprobante de pago, Amen”
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Se afirma que la disciplina, hija de la sabiduría, es adversa a la tentación; sin embargo ambas se conjugan en el dinero plástico, la antinomia que le da vigencia a la tarjeta de crédito.
A partir de la década de los sesenta los bancos descubren la banca personal, un segmento de mercado al cual nunca le vieron futuro financiero por lo masificado y trabajoso, además por la sombra del principio bancario de que “un préstamo grande requiere el mismo esfuerzo que un préstamo pequeño”.
La tarjeta de crédito tiene la magia de la felicidad al consumir o el stress del repago de la cuota mensual de una deuda acumulada. Algunos asesores de grandes bancos afirman que la tarjeta de crédito no es el enemigo sino el “gasto no planificado”. Pero es difícil llevar a cuestas este principio en una sociedad como la nuestra, en la que nos insuflan el consumismo por boca y nariz.
El comercio quiera ventas a como dé lugar; ofrece facilidades, ofertas, garantías, un “lléveselo ahora pague después”, los bancos no se excluyen gustosos a esta vorágine. El paraíso financiero que representa la tarjeta de crédito para los bancos, es que resulta ser un vehículo de préstamo al consumidor para cualquier propósito, una especie de droga que ofrece placer a corto plazo y dolor a largo plazo; el espejismo de tener más dinero del que realmente uno tiene.

#198 ENREDO DE PRODUCTIVIDAD Y COMPETITIVIDAD

El problema es el enredo que tenemos con la productividad y la competitividad, que lejos de incentivar la actividad comercial, está ocasionando el freno ostensible, la lamentable situación de parálisis en el empresariado dominicano.
Los temas en cuestión se han tornado en objeción, ya sea por desconocimiento de la plataforma empresarial o por la subestimación de los recursos disponibles.
Los funcionarios del gobierno que tienen que ver con el TLC insisten en el esquema normativo, asumiendo que por algún lugar hay que comenzar. Lo aconsejable al momento es la praxis, actuando en dirección hacia las oportunidades, dirigiéndose tras las experiencias, familiarizándose con los mercados del TLC. La sugerencia no es nueva, ya lo habían hecho los japonenses en la década de los cincuenta cuando en hordas se establecieron en los EEUU.
¿Cuánto representaría para República Dominicana el incremento del 10% en las exportaciones a Centroamérica? La conquista de posiciones comerciales de esta naturaleza sincerezaría una parte significativa de la maquillada apreciación de la moneda dominicana. El impacto significativo en la economía dominicana costaría pesos y no dólares, es decir los pesos que se necesitarían para la producción local, además de los pesos que se liberarían del fisco como incentivo al sector exportador, restituyendo en ingresos los impuestos pagados en su oportunidad por el empresario exportador. ¿Una locura? En absoluto, todo lo contrario, ese peso impositivo liberado se convertiría en una herramienta financiera cuya función sería estimular el flujo de divisas provenientes de mercados externos.
Olvidémonos por el momento de poner la carreta delante de los bueyes priorizando las discusiones de productividad y competitividad por encima de la dinámica comercial de los nuevos mercados. El consumidor teleceísta espera impacientemente por nosotros.

#197 ¿QUÉ CUESTA PRODUCIR UN DÓLAR?

No hay un fenómeno financiero en gestación que necesite tanto de la concurrencia de un amplio grupo de factores que el dólar.
El dólar es la expresión financiera del comercio internacional que ocurre por la interacción de dos o más economías, cualquiera que sean y con los bienes que sean. La República Dominicana tiene establecido por tradición el comercio con la vecina República de Haití que reditúa pingues volúmenes de divisas, ¿cuál es el balance comercial de las dos naciones? Lo cierto es que para que ocurra este trasiego de mercancías debe haber condiciones excepcionales de comercio internacional. Quizás sea favorable un TLC con Haití para un mayor rendimiento de divisas. Actualmente Cuba quiere insertarse en el plano comercial con República Dominicana. ¿Se ha evaluado el potencial financiero, me refiero a la generación de divisas, de este posible TLC?
Si una economía quiere generar dólares tiene que autoevaluarse, haber si está en capacidad de provocar una corriente de oferta hacia afuera. Esto no basta; además debemos analizar las posibilidades de demanda de las economías con las cuales nos interesa hilvanar un tejido comercial. No hay una sola economía en el mundo que no tenga capacidad de oferta internacional. Los que opinen lo contrario están sugestionados por el mito del asombro, influenciados por la sobredimensión de los mercados internacionales, escondidos en la estrechez del comercio local. La República Dominicana, independientemente de los TLC y las facilidades que pueda conseguir, aun luce medrosa: el empresario local muestra temor al Comercio Internacional; ojalá y no se convierta en fobia. Esto no tiene nada que ver con el potencial económico del país, ¿qué ocurre entonces? Que no contamos con el actor adecuado para este momento tan oportuno, que a través del Comercio Internacional la República Dominicana pueda salir airosa de los compromisos internacionales, me refiero al pago de la deuda externa y la realización de proyectos de desarrollo como el Metro, impulsado con deuda externa, a cuenta de la incertidumbre del alto costo que tendría para las generaciones futuras. Los recursos existen, no hay duda; lo que no hay es la mentalidad exportadora, y es lamentable afirmarlo, pero los hechos están allí, no se pueden ocultar. El resto se torna en una sarta de objeciones, en su gran mayoría coyunturales. Por eso afirmamos que nuestra economía es cerrada. El ave que se acostumbre a la cautividad, rechaza la libertad.

#196 MEDICIÓN DEL MERCADO COMERCIAL

Nos podemos confundir a simple vista cuando tenemos frente a nosotros una serie numérica como la balanza comercial. Al observarla nos llama la atención esos números fríos que inspiran respeto de momento, cantidades cargadas de razón de ser, modos confrontados de pensar y de proceder, ¿acaso competitividad? Lo cierto es que pone de manifiesto el cotejo de estados de flujos financieros de distinto origen: la República Dominicana frente al resto del mundo, o si se quiere frente a una región, y de manera más simple con respecto a otra Nación en particular. De hecho no es cualquier estado financiero como estamos acostumbrados a ver, a pesar de que intuimos su composición.
La balanza comercial manifiesta los planteamientos numéricos de las relaciones económicas internacionales bilaterales y/o multilaterales de nuestro país.
¿Cuál es el punto de partida de estos registros? Es obvio, el mercado; otros afirmarán las mercancías y el trasiego, esto es la muda de mercancías de un lugar a otro; y a cuenta de mercancías, ¿cuál es la mercancía última que se pretende? Las divisas, que no es un fin en si mismo, más no se puede obviar tan fácilmente como principal efecto del comercio internacional. Es este aspecto, la captación de divisas, que refleja la parte delicada de la balanza comercial, la sentencia de una sociedad indisoluble, Empresario y Estado, empalmados por una doctrina y una moralidad.
El empresario dominicano no se puede equivocar: la balanza comercial gira alrededor de los mercados. Hay quienes pretenden insertarse en las relaciones comerciales a partir de lo que quiere ofrecer. Cruda realidad que les espera, pues no siempre el mercado muestra coincidencias con el particular interés que mueve al empresario. ¿Conocemos los nuevos mercados habilitados para el empresario dominicano? Demás está afirmar que en los nuevos mercados hay un sin número de oportunidades de generar negocios, independientemente de si somos competitivos o no. Sostenemos que hay mercado para todo tipo de mercancías; es cuestión de verificar este principio comercial antiquísimo.
Para justificar su modorra, algunos empresarios locales se encubrirán con la ley de las ventajas comparativas que concibió el inglés David Ricardo en el siglo XIX. Ricardo concebía las ventajas comparativas a partir de los límites geográficos de una Nación con respecto a otra, concibiendo a un país aislado del resto del mundo. Esto ha cambiado dramáticamente con el proceso de integración, digamos globalización, y el desarrollo intensivo de las comunicaciones.

#195 ¿POR QUÉ LOS PRECIOS NO BAJAN?

Estoy convencido que el empresario dominicano tiene ideas erradas sobre el mercado de consumo. He llegado a creer que desde hace mucho tiempo permanece en un estado de confusión sobre la forma cómo opera la economía. La razón no es otra que la poca educación que ha recibido en ese aspecto, que por demás es deficiente. Se que lo que estoy expresando contienen palabras duras, pero la realidad está ahí; somos testigos todos los días, a cada momento, a través de los medios de comunicación y en los establecimientos comerciales, y lo que vemos en la actuación del empresario dominicano llora ante los ojos de Dios. Vemos con asombro que puesto en vigencia el TLC con Centroamérica y USA, nuestro empresario sigue operando como si esta economía fuera la del periodo 1950-1970, la época de la “sustitución de importaciones” que creó la zona industrial de Herrera con la nefasta ley 171, y que hizo ricos a muchos empresarios locales a costa de privilegiar el mercado de consumo local, imponiendo precios arbitrarios a mercancías de muy mala calidad, época en que no operaba una economía de competencia.
Actualmente se está llevando a cabo un proceso de reajuste de los costos fijos de los bienes comercializables, suprimiendo el gravamen transitorio del 13%, la ampliación de la tasa cero sin importar el origen de las importaciones, la reducción del selectivo al consumo y la eliminación de la factura consular. La tendencia es a desregularizar el comercio local, liberándolo de gravámenes arancelarios, y por ende estimulando el flujo de bienes que ingresan –importación- o que salen –exportación- del país, lo que ha originado una situación de precios más competitivos –precios bajos- de los que teníamos antes de las medidas tomadas por el gobierno a la luz del TLC en referencia.