Aquellos recursos financieros que emigran de la isla
cuyos dueños son dominicanos, los llamados capitales opacos, debemos
despenalizarlos sin vacilación, requieren de una ley de amnistía que observe un
paquete de incentivos, sería el fondo patrimonial de una banca que operaría en
divisas, la llamada banca de promoción de la exportación que no existe en la
isla. Urge la revisión del parámetro ético- social que incide cual harakiri en
nuestro desvencijado pueblo. Sin inversión interna no hay desarrollo económico,
esa es la triste realidad. Sino observemos el sector turístico y el de zonas
francas en manos de la inversión extranjera, cuya renta es de destino
desconocido, ingreso con el cual, de seguro, no estaríamos endeudándonos
periódicamente. La inversión extranjera es voraz, reductora de la esperanza de
los dominicanos, endosando sin compasión salarios de miseria, pues el motivo es
sencillo, no son dolientes de la isla. Hoy en el albor del siglo veintiuno la
inversión interna isleña imputa el revestimiento de la ética inquisidora del
oscuro medioevo del siglo trece. Detengamos esta actitud económica, a todas
luces irracional. El estimado de dos mil
millones de dólares señalado como fuga de capitales dominicanos es risible, presumimos
que es más, podrían llegar sin exagerar a los diez millardos de dólares,
recursos nativos que huyen presurosos de la isla cuando pudieran quedarse con
una ley de amnistía en beneficio de la inversión interna. La industria
dominicana, la poca que existe, está pasando a manos extranjeras, la industria
dominicana se empobrece, la isla se desindustrializa vertiginosamente, y con
ello se profundiza la dependencia en la deuda externa. El hambre no espera,
urge ansioso de respuestas, revertido en delincuencia porque no hay
oportunidades laborales. Cristalizar en inversión interna los llamados
capitales opacos dinamizaría inusitadamente la situación de indigencia en que
se encuentra la economía isleña. La ética económica correcta consiste en perdonar
setenta veces siete, quien perdona se sana. Esta máxima profundamente sabia no
tiene desperdicio.
Literatura social publicada semanalmente desde Mayo de 2006 para el diario matutino Hoy de República Dominicana.
#379 LA PRODUCCIÓN ESTÁ ARROPADA DE SENTIMIENTOS
Los olvidados pululan por las calles, son los ambulantes,
¿alguien se recuerda de ellos? ¿Quién los representa en sus necesidades, en el
aumento salarial? Ellos también son dominicanos. Conocí a Manuelito Diez, el
chinero de la Charles Summer, esquina Churchill. Lloviendo, o con el inclemente
sol estaba allí, detrás del favor de los choferes, del público que se desplaza
en los conchos y banderitas. De trato diferente, eso no lo da la escuela, lo da
el hogar. Manuelito Diez, un día, enfermó, no se supo más de él.
La inversión social no existe en
la isla; no confundirla con las ayudas y subvenciones. ¿Qué es inversión
social? Consiste en proveerles a los pobres de una herramienta de trabajo para
que subsistan y mejoren, a través de ser útiles, la desaliñada calidad de vida,
despertarles las posibilidades creativas innatas. Que mejor ejemplo que el de
los peloteros, en su mayoría de humilde extracción. Eso lo saben los
americanos, pues realizan una inversión social desarrollando en ellos sus
talentos. Sería Bueno saber si los que detentan la mayor proporción del
patrimonio dominicano advierten este tipo de inversión, como pocas, de mínimo
riesgo.
La economía respira, es un ente
social. La economía respira y se puede ahogar si la aprisionamos, ocasionando
el estado comatoso. Oxigenemos la economía, reorientando el flujo financiero
hacia la energía humana, la gente con ansias de desarrollo, no es la visión
perversa de Maslow y su manoseada jerarquía de necesidades humanas. Lo que
pretendemos es liberar las energías humanas creativas de los dominicanos, de
cuyo desarrollo económico no pretendemos, porque sencillamente no lo
entendemos. El desarrollo económico dominicano se encuentra en el pueblo
desposeído, ahí en la manifestación más cruda del hambre se sientan las
posibilidades creativas del humano, el sentimiento del deseo indetenible por
producir.
#378 UNA ECONOMÍA SOBRE RIELES
Estamos tratando de desmitificar la industria del
transporte, la adopción de una nueva política económica en el sector de
transporte de mercancías, innovadora no aquella que está vigente, politizada y
dañina, tendente a desaparecer por disfuncional. El tren –transporte de carga
ferroviaria- a eso es a lo que me refiero, una vía ferroviaria simple, sin el
tapujo inserto en el Metro dominicano, ni la rimbombancia de túneles y elevados
citadinos, una red vial que enlace los cuatro puntos cardinales de la isla,
resuelve el monopolio del transporte de carga, y reduce sustancialmente la
intermediación, los valores agregados al precio por efecto del combustible,
tanto en el uso como su distribución para el consumo a lo largo y ancho de la
isla. Se trata, esta es la estrategia, de movilizar tanques y contenes en vez
de furgones, ¿los rieles, el costo? La licitación a manera de inversión local
nutriría insospechadamente la economía dominicana, similar a otras inversiones
nativas pendientes, me refiero a la industria energética, fuente actual de
oscurantismo, de intereses creados espurios, pero a la vez de inmensas
posibilidades de inversión nacional en divisas, sería una necedad el no
hacerlo.
De lo que se trata, consiste en una vía primaria de
transporte ferroviario que alimentaría vías secundarias de corto alcance
sujetas a planificación en relación a la logística operacional, englobado en un
sólo sistema de distribución de mercancías de todo tipo y tonelaje. De
inmediato, nos introduciríamos a una República dominicana del doble de la
población actual, y por ende de mayor capacidad – me refiero al empleo- de
producción. El impacto económico es de tal naturaleza que podríamos potenciar
más de dos polos productivos con suficiencia económica en manufactura y
comercio, tan o más fuertes que Santo Domingo y Santiago de los caballeros.
Entonces, ¿qué pretendemos, un tigre caribeño –en alusión a la singular metáfora
de los tigres asiáticos- o un Nueva York chiquito? Dos sueños distintos, el de
la industrialización dominicana por un
lado, o el consumismo, el cáncer económico originado por la destructora deuda
externa.
#377 POR QUÉ AUMENTA LA DEUDA EXTERNA
Esto lo deberían
explicar las universidades, la entidad reflexiva de la isla. Porque es ahí y no
en otro lugar en donde se estudia, analiza e investiga la problemática de los
pueblos en todas sus vertientes, pues, no es óbice la economía. Disponemos en
la economía de contabilidad, tan igual como la de las empresas que producen y
comercializan, ese es el orden correcto de expresarlo, cosa que deberían
hacerlo como una prioridad existencial, sobre todo la que corresponde a la
praxis productiva. El resumen financiero en cuestión se denomina balanza de
pagos. A través de este tecnicismo podemos explicarnos por qué hay un endeudamiento
recurrente o periódico, y sostenido en la isla. Por cierto, el ámbito político
especula y, por ende, lo distorsiona por intereses particulares. De ahí el
porqué del rol académico y no político, cuyas luchas grupales provocan en suma
tales confusiones. El saldo de la balanza de pagos debe estar en cero. Para que
ocurra debe cubrirse el faltante o déficit, volumen de recursos económicos que
no producimos. Ese faltante opera en la isla con una convertibilidad de
cuarenta o más pesos por dólar. Añado que esa convertibilidad se está moviendo
hacia el alza, producto de la inflación, derivando en la depreciación de la
moneda local. El faltante financiero en referencia se mantiene por la ausencia
notoria de producción, y por ende del volumen de importación que se destina al
consumo de los isleños. A falta de ingresos por la ausencia de exportación
porque no producimos, se recurre a la deuda externa periódica, cosa que se
sintetiza en un algoritmo perverso, un sin-sentido económico identificado como
dependencia económica. Otros argumentos, que abundan, refleja estado de
confusión del papel que juega la deuda externa en el delineamiento del modo de
subsistencia predominante.
#376 LA MADRE DE LAS BATALLAS
Los tres actos históricos dominicanos erigidos con la impronta
de la independencia, la de Núñez de Cáceres, Duarte y Luperón, nos garantizaron
en su momento la entidad propia como pueblo, con diferencias incontrovertibles del
resto mundo. Nos falta por librar la cuarta independencia, la madre de las
batallas, aquella esclavitud identificada en el mundo como dependencia
económica. Subsistimos hoy porque hemos elegido el modelo económico basado en
el sofisma de la deuda externa, un flujo financiero que nos garantiza el
equilibrio económico con saldo cero en nuestra balanza de pagos, divisas que
retornan a su punto de origen a través de las importaciones. Un pueblo
importador neto forma parte del neocolonialismo de nuestra época, que ya no es
de carácter territorial, no, ahora es de naturaleza financiera sustentada por
la esclavitud del consumo. Platón, el filósofo por antonomasia de la historia
universal, hace ya de esto dos mil trescientos años, fijó en las poblaciones
sojuzgadas la esclavitud de los sentidos, convertidas en títeres de la
amoralidad comercial, argumento que en el siglo dieciocho lo retoma el escoces
Adam Smith para configurar el sustento teórico de la burguesía de la época, el
archi-difundido liberalismo económico, el de Laissez faire, dejar hacer-dejar
pasar, innovadora modalidad económica que consiste en el quehacer económico en
función de los gustos, de los deseos de la gente que derivó en la creación
perversa del fenómeno de la comunicación conocido con el calificativo de
Mercado. Para la economía no existen naciones pobres sino dependientes, pues
huelga decir que los pueblos pobres consumen como lo hacen las naciones desarrolladas,
representan agregados humanos dispuestos a hacer lo que sea para subsistir. En esa situación de
incapacidad productiva sirven de caldo de cultivo para los capitales
financieros de altos intereses y corto plazo.
Únicamente los modelos económicos basados en la actividad productiva pueden
independizarnos de la esclavitud económica. Actuar de otra manera es hacerle el
juego al marasmo del atraso.
#375 LAS DIVISAS-PATRIA
Las divisas provenientes de los diversos tratados de
libre comercio, esto es, los dólares del TLC, requieren de un tecnicismo
económico para su comprensión. No se trata de un ingreso sino de una
disponibilidad para el Estado. Mientras tanto, en ausencia de la exportación de
los TLC no disponemos de más dólares en la economía. Es válido afirmar que se
siente un vacío de esas “Divisas-Patria”, o dicho en forma abreviada, la moneda
DP.
Aboguemos y promovamos la demanda de los fondos DP, la llamada
“Divisas-Patria”. ¿En qué consisten? Es la moneda del TLC, la que producirían
los empresarios nativos. De forma similar a lo que ocurre con las remesas de
los dominicanos en el exterior, la moneda DP engloba los ingresos que
decididamente “accesan” al país, el approach sustentado en el
sentimiento patriótico del empresario dominicano, la apología propugnada en la
añoranza, donde se redimensiona permanentemente la nacionalidad de toda
república. En consecuencia todos debemos abocarnos al apoyo de la producción de
las “Divisas-Patria”, en una cruzada por la estabilidad de la economía
dominicana y por la tranquilidad de las futuras generaciones.
La moneda DP es la divisa más barata, pues ingresan al
país con el único condicionamiento de redimir a los pobres de la República
Dominicana. En contraste, las divisas provenientes de la inversión extranjera
resultan más caras debido al elevado condicionamiento sintetizado en el snob de
la productividad, la cruda explotación cuando se desvela el forro que la encubre.
No quisiéramos referirnos ni por asomo a los créditos
internacionales cuando encomiamos las “Divisas-Patria”, cuya sombra deleznable,
el FMI, representa injerencia en la
economía.
Un ambiente de mayor disponibilidad de divisas en el
entorno económico del país reduciría ostensiblemente la expectativa de
endeudamiento, mermaría drásticamente el costo de la vida, y por ende nuestra
moneda se apreciaría notablemente.
#374 UN TIGRE CARIBEÑO, O UN NEW YORK CHIQUITO
Estamos tratando de desmitificar la industria del
transporte, no aquella que está vigente, politizada y dañina, tendente a
desaparecer por disfuncional. El tren –transporte de carga ferroviaria- a eso
es a lo que me refiero, una vía ferroviaria simple, sin el tapujo inserto en el
Metro dominicano, ni la rimbombancia de túneles y elevados citadinos, una red
vial que enlace los cuatro puntos cardinales de la isla, resuelve el monopolio
del transporte de carga, y reduce sustancialmente la intermediación, los valores
agregados al precio por efecto del combustible, tanto en el uso como su
distribución para el consumo a lo largo y ancho de la isla. Se trata, esta es
la estrategia, de movilizar tanques y contenes en vez de furgones, ¿los rieles,
el costo? La licitación a manera de inversión local nutriría insospechadamente
la economía dominicana, similar a otras inversiones nativas pendientes, me
refiero a la industria energética, fuente actual de oscurantismo, de intereses
creados espurios, pero a la vez de inmensas posibilidades de inversión nacional
en divisas, sería una necedad el no hacerlo.
De lo que se trata, consiste en una vía primaria de
transporte ferroviario que alimentaría vías secundarias de corto alcance
sujetas a planificación en relación a la logística operacional, englobado en un
sólo sistema de distribución de mercancías de todo tipo y tonelaje. De
inmediato, nos introduciríamos a una República dominicana del doble de la
población actual, y por ende de mayor capacidad – me refiero al empleo- de
producción. El impacto económico es de tal naturaleza que podríamos potenciar
más de dos polos productivos con suficiencia económica en manufactura y
comercio, tan o más fuertes que Santo Domingo y Santiago de los caballeros.
Entonces, ¿qué pretendemos, un tigre caribeño –en alusión a la singular metáfora
de los tigres asiáticos- o un Nueva York chiquito? Dos sueños distintos, el de
la industrialización dominicana por un
lado, o el consumismo, el cáncer económico originado por la destructora deuda
externa.
#373 EL PARAÍSO DEL CONSUMO
La reciente taxonomía, ciencia que jerarquiza los
conocimientos, sobre los conglomerados humanos apunta a que los pueblos
dependientes de la deuda externa caracterizados por el consumismo improductivo,
se encuentran en el más bajo nivel de evolución social. No es un pueblo
moderno, digamos avanzado, el que cuenta con tecnología de comunicación de
punta. Eso, lo que nos dice es que tipificamos un mercado consumista, estéril.
En buena lógica, el valor de estos
pueblos, por más pequeños que sean, es inestimable para las naciones
industrializadas. Una cosa es consumir y otra producir. Las prioridades definen
la evolución social. El agregado humano que produce, aquel pueblo orientado al
desarrollo de la creatividad humana, no mide sus decisiones económicas a través
del gusto y los deseos. Si se fijan en el entorno económico, la fruición es el
parámetro que ha construido nuestra sociedad, la nefasta y perversa economía de
Adam Smith, sintetizada en el imperio de los sentidos, el laissez faire expresada
en la esclavitud de nuestra voluntad, movida como títere al vaivén de la
insatisfacción permanente, inequidad expresada en la jerarquía de valores de
Maslow. Este tipo de cultura económica no se inclina por la generación de
ingresos que no sea el salario, la escala de ingreso del dependiente, en suma
del pobre de espíritu. Con el cerebro lleno de valores traducidos en ropas de
marca, casas suntuosas, yipetas, dinero a borbotones en los bolsillos, la
ilusión permanente en los juegos de azar, indefectiblemente con la frustración a
cuestas, la idiosincrasia brutal por lo que representa, el atraso social, de
que el que trabaja es el pendejo, el tonto. Mientras nuestro esquema
socioeconómico sea el actual, dependientes de la deuda externa como inequívoco
algoritmo financiero, victimas impenitentes del consumismo, la isla se
empobrecerá cada día más, seguiremos agitados por la nueva posición haitiana, la de la sustitución de importaciones, que
lejos de perjudicarnos, nos beneficia económicamente.
#372 HAITI SE ESTÁ TRANSFORMANDO
Beneficioso o no, resulta que Haití bruscamente ha
cambiado de actitud respecto a las relaciones comerciales que lo vincula directamente
con la Republica Dominicana. No podemos afirmar si a corto plazo la balanza
comercial ira variar sustancialmente,
empero la tendencia ha tomado otro rumbo. El resultado es aleccionador, la
búsqueda sistemática de nuevos mercados es la salida oportuna, no hay duda,
mercados hay a borbotones, sólo la necesidad de unos cuantos empresarios puede
obnubilar este aserto.
Lo cierto es que algo está ocurriendo en Haití. De ser
una economía despreciada por las estadísticas, considerado el pueblo más pobre
del planeta, de pronto toma preeminencia, y con sorprendente desparpajo rechaza,
sin ton ni son, las mercancías dominicanas. La hipótesis que sostenemos
consiste en que ningún mercado por más pequeño que sea tipifica como marginal.
Craso error, hoy en día presenciamos el lagrimeo irrefrenable de aquellos
empresarios que conciben la relación comercial como un fenómeno inelástico,
cuando es todo lo contrario. Hoy en día Haití es un centro económico de
inversión extranjera, todo luce indicar que podría estar en un proceso de
sustitución de importaciones, similar al modelo económico del gobierno de
Balaguer de los setenta. No obstante, este modelo es un arma de doble filo, o
se produce y no se importa, autarquía irreal, o se produce y se exportan
divisas, cosa que está ocurriendo en Dominicana con la inversión extranjera y
las empresas de zona franca. Esto último es un escenario económico incomprendido
por las políticas económicas locales, particularmente por los políticos que
están hace algún tiempo en el gobierno, quienes muestran el mareo del vaho de
los ingresos en divisas por concepto de impuestos a la reconversión, otrora
inversiones nacionales. No se dan cuenta que lo que recibieron en divisas se
convertirá en repatriación de beneficios, pesos convertidos en dólares que se
extraen de la economía dominicana. Aún se recuerda la opulencia de Haití del
siglo dieciocho, periodo en que Santo Domingo se sumía en la pobreza. La tesis
harto difundida de que Haití no existe como nación está hecha añicos.
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