#380 CAPITALES OPACOS, PATRIMONIO PRODUCTIVO

Aquellos recursos financieros que emigran de la isla cuyos dueños son dominicanos, los llamados capitales opacos, debemos despenalizarlos sin vacilación, requieren de una ley de amnistía que observe un paquete de incentivos, sería el fondo patrimonial de una banca que operaría en divisas, la llamada banca de promoción de la exportación que no existe en la isla. Urge la revisión del parámetro ético- social que incide cual harakiri en nuestro desvencijado pueblo. Sin inversión interna no hay desarrollo económico, esa es la triste realidad. Sino observemos el sector turístico y el de zonas francas en manos de la inversión extranjera, cuya renta es de destino desconocido, ingreso con el cual, de seguro, no estaríamos endeudándonos periódicamente. La inversión extranjera es voraz, reductora de la esperanza de los dominicanos, endosando sin compasión salarios de miseria, pues el motivo es sencillo, no son dolientes de la isla. Hoy en el albor del siglo veintiuno la inversión interna isleña imputa el revestimiento de la ética inquisidora del oscuro medioevo del siglo trece. Detengamos esta actitud económica, a todas luces irracional.  El estimado de dos mil millones de dólares señalado como fuga de capitales dominicanos es risible, presumimos que es más, podrían llegar sin exagerar a los diez millardos de dólares, recursos nativos que huyen presurosos de la isla cuando pudieran quedarse con una ley de amnistía en beneficio de la inversión interna. La industria dominicana, la poca que existe, está pasando a manos extranjeras, la industria dominicana se empobrece, la isla se desindustrializa vertiginosamente, y con ello se profundiza la dependencia en la deuda externa. El hambre no espera, urge ansioso de respuestas, revertido en delincuencia porque no hay oportunidades laborales. Cristalizar en inversión interna los llamados capitales opacos dinamizaría inusitadamente la situación de indigencia en que se encuentra la economía isleña. La ética económica correcta consiste en perdonar setenta veces siete, quien perdona se sana. Esta máxima profundamente sabia no tiene desperdicio.

#379 LA PRODUCCIÓN ESTÁ ARROPADA DE SENTIMIENTOS

Los olvidados pululan por las calles, son los ambulantes, ¿alguien se recuerda de ellos? ¿Quién los representa en sus necesidades, en el aumento salarial? Ellos también son dominicanos. Conocí a Manuelito Diez, el chinero de la Charles Summer, esquina Churchill. Lloviendo, o con el inclemente sol estaba allí, detrás del favor de los choferes, del público que se desplaza en los conchos y banderitas. De trato diferente, eso no lo da la escuela, lo da el hogar. Manuelito Diez, un día, enfermó, no se supo más de él.
La inversión social no existe en la isla; no confundirla con las ayudas y subvenciones. ¿Qué es inversión social? Consiste en proveerles a los pobres de una herramienta de trabajo para que subsistan y mejoren, a través de ser útiles, la desaliñada calidad de vida, despertarles las posibilidades creativas innatas. Que mejor ejemplo que el de los peloteros, en su mayoría de humilde extracción. Eso lo saben los americanos, pues realizan una inversión social desarrollando en ellos sus talentos. Sería Bueno saber si los que detentan la mayor proporción del patrimonio dominicano advierten este tipo de inversión, como pocas, de mínimo riesgo.  

La economía respira, es un ente social. La economía respira y se puede ahogar si la aprisionamos, ocasionando el estado comatoso. Oxigenemos la economía, reorientando el flujo financiero hacia la energía humana, la gente con ansias de desarrollo, no es la visión perversa de Maslow y su manoseada jerarquía de necesidades humanas. Lo que pretendemos es liberar las energías humanas creativas de los dominicanos, de cuyo desarrollo económico no pretendemos, porque sencillamente no lo entendemos. El desarrollo económico dominicano se encuentra en el pueblo desposeído, ahí en la manifestación más cruda del hambre se sientan las posibilidades creativas del humano, el sentimiento del deseo indetenible por producir.

#378 UNA ECONOMÍA SOBRE RIELES

Estamos tratando de desmitificar la industria del transporte, la adopción de una nueva política económica en el sector de transporte de mercancías, innovadora no aquella que está vigente, politizada y dañina, tendente a desaparecer por disfuncional. El tren –transporte de carga ferroviaria- a eso es a lo que me refiero, una vía ferroviaria simple, sin el tapujo inserto en el Metro dominicano, ni la rimbombancia de túneles y elevados citadinos, una red vial que enlace los cuatro puntos cardinales de la isla, resuelve el monopolio del transporte de carga, y reduce sustancialmente la intermediación, los valores agregados al precio por efecto del combustible, tanto en el uso como su distribución para el consumo a lo largo y ancho de la isla. Se trata, esta es la estrategia, de movilizar tanques y contenes en vez de furgones, ¿los rieles, el costo? La licitación a manera de inversión local nutriría insospechadamente la economía dominicana, similar a otras inversiones nativas pendientes, me refiero a la industria energética, fuente actual de oscurantismo, de intereses creados espurios, pero a la vez de inmensas posibilidades de inversión nacional en divisas, sería una necedad el no hacerlo.

De lo que se trata, consiste en una vía primaria de transporte ferroviario que alimentaría vías secundarias de corto alcance sujetas a planificación en relación a la logística operacional, englobado en un sólo sistema de distribución de mercancías de todo tipo y tonelaje. De inmediato, nos introduciríamos a una República dominicana del doble de la población actual, y por ende de mayor capacidad – me refiero al empleo- de producción. El impacto económico es de tal naturaleza que podríamos potenciar más de dos polos productivos con suficiencia económica en manufactura y comercio, tan o más fuertes que Santo Domingo y Santiago de los caballeros. Entonces, ¿qué pretendemos, un tigre caribeño –en alusión a la singular metáfora de los tigres asiáticos- o un Nueva York chiquito? Dos sueños distintos, el de la industrialización  dominicana por un lado, o el consumismo, el cáncer económico originado por la destructora deuda externa.

#377 POR QUÉ AUMENTA LA DEUDA EXTERNA

Esto lo deberían explicar las universidades, la entidad reflexiva de la isla. Porque es ahí y no en otro lugar en donde se estudia, analiza e investiga la problemática de los pueblos en todas sus vertientes, pues, no es óbice la economía. Disponemos en la economía de contabilidad, tan igual como la de las empresas que producen y comercializan, ese es el orden correcto de expresarlo, cosa que deberían hacerlo como una prioridad existencial, sobre todo la que corresponde a la praxis productiva. El resumen financiero en cuestión se denomina balanza de pagos. A través de este tecnicismo podemos explicarnos por qué hay un endeudamiento recurrente o periódico, y sostenido en la isla. Por cierto, el ámbito político especula y, por ende, lo distorsiona por intereses particulares. De ahí el porqué del rol académico y no político, cuyas luchas grupales provocan en suma tales confusiones. El saldo de la balanza de pagos debe estar en cero. Para que ocurra debe cubrirse el faltante o déficit, volumen de recursos económicos que no producimos. Ese faltante opera en la isla con una convertibilidad de cuarenta o más pesos por dólar. Añado que esa convertibilidad se está moviendo hacia el alza, producto de la inflación, derivando en la depreciación de la moneda local. El faltante financiero en referencia se mantiene por la ausencia notoria de producción, y por ende del volumen de importación que se destina al consumo de los isleños. A falta de ingresos por la ausencia de exportación porque no producimos, se recurre a la deuda externa periódica, cosa que se sintetiza en un algoritmo perverso, un sin-sentido económico identificado como dependencia económica. Otros argumentos, que abundan, refleja estado de confusión del papel que juega la deuda externa en el delineamiento del modo de subsistencia predominante.  

#376 LA MADRE DE LAS BATALLAS

Los tres actos históricos dominicanos erigidos con la impronta de la independencia, la de Núñez de Cáceres, Duarte y Luperón, nos garantizaron en su momento la entidad propia como pueblo, con diferencias incontrovertibles del resto mundo. Nos falta por librar la cuarta independencia, la madre de las batallas, aquella esclavitud identificada en el mundo como dependencia económica. Subsistimos hoy porque hemos elegido el modelo económico basado en el sofisma de la deuda externa, un flujo financiero que nos garantiza el equilibrio económico con saldo cero en nuestra balanza de pagos, divisas que retornan a su punto de origen a través de las importaciones. Un pueblo importador neto forma parte del neocolonialismo de nuestra época, que ya no es de carácter territorial, no, ahora es de naturaleza financiera sustentada por la esclavitud del consumo. Platón, el filósofo por antonomasia de la historia universal, hace ya de esto dos mil trescientos años, fijó en las poblaciones sojuzgadas la esclavitud de los sentidos, convertidas en títeres de la amoralidad comercial, argumento que en el siglo dieciocho lo retoma el escoces Adam Smith para configurar el sustento teórico de la burguesía de la época, el archi-difundido liberalismo económico, el de Laissez faire, dejar hacer-dejar pasar, innovadora modalidad económica que consiste en el quehacer económico en función de los gustos, de los deseos de la gente que derivó en la creación perversa del fenómeno de la comunicación conocido con el calificativo de Mercado. Para la economía no existen naciones pobres sino dependientes, pues huelga decir que los pueblos pobres consumen como lo hacen las naciones desarrolladas, representan agregados humanos dispuestos a hacer lo que sea  para subsistir. En esa situación de incapacidad productiva sirven de caldo de cultivo para los capitales financieros de altos intereses y corto plazo.  Únicamente los modelos económicos basados en la actividad productiva pueden independizarnos de la esclavitud económica. Actuar de otra manera es hacerle el juego al marasmo del atraso. 

#375 LAS DIVISAS-PATRIA

Las divisas provenientes de los diversos tratados de libre comercio, esto es, los dólares del TLC, requieren de un tecnicismo económico para su comprensión. No se trata de un ingreso sino de una disponibilidad para el Estado. Mientras tanto, en ausencia de la exportación de los TLC no disponemos de más dólares en la economía. Es válido afirmar que se siente un vacío de esas “Divisas-Patria”, o dicho en forma abreviada, la moneda DP.
Aboguemos y promovamos la demanda de los fondos DP, la llamada “Divisas-Patria”. ¿En qué consisten? Es la moneda del TLC, la que producirían los empresarios nativos. De forma similar a lo que ocurre con las remesas de los dominicanos en el exterior, la moneda DP engloba los ingresos que decididamente “accesan”  al país, el approach sustentado en el sentimiento patriótico del empresario dominicano, la apología propugnada en la añoranza, donde se redimensiona permanentemente la nacionalidad de toda república. En consecuencia todos debemos abocarnos al apoyo de la producción de las “Divisas-Patria”, en una cruzada por la estabilidad de la economía dominicana y por la tranquilidad de las futuras generaciones.
La moneda DP es la divisa más barata, pues ingresan al país con el único condicionamiento de redimir a los pobres de la República Dominicana. En contraste, las divisas provenientes de la inversión extranjera resultan más caras debido al elevado condicionamiento sintetizado en el snob de la productividad, la cruda explotación cuando se desvela el forro que la encubre.
No quisiéramos referirnos ni por asomo a los créditos internacionales cuando encomiamos las “Divisas-Patria”, cuya sombra deleznable, el FMI, representa  injerencia en la economía.

Un ambiente de mayor disponibilidad de divisas en el entorno económico del país reduciría ostensiblemente la expectativa de endeudamiento, mermaría drásticamente el costo de la vida, y por ende nuestra moneda se apreciaría notablemente. 

#374 UN TIGRE CARIBEÑO, O UN NEW YORK CHIQUITO

Estamos tratando de desmitificar la industria del transporte, no aquella que está vigente, politizada y dañina, tendente a desaparecer por disfuncional. El tren –transporte de carga ferroviaria- a eso es a lo que me refiero, una vía ferroviaria simple, sin el tapujo inserto en el Metro dominicano, ni la rimbombancia de túneles y elevados citadinos, una red vial que enlace los cuatro puntos cardinales de la isla, resuelve el monopolio del transporte de carga, y reduce sustancialmente la intermediación, los valores agregados al precio por efecto del combustible, tanto en el uso como su distribución para el consumo a lo largo y ancho de la isla. Se trata, esta es la estrategia, de movilizar tanques y contenes en vez de furgones, ¿los rieles, el costo? La licitación a manera de inversión local nutriría insospechadamente la economía dominicana, similar a otras inversiones nativas pendientes, me refiero a la industria energética, fuente actual de oscurantismo, de intereses creados espurios, pero a la vez de inmensas posibilidades de inversión nacional en divisas, sería una necedad el no hacerlo.

De lo que se trata, consiste en una vía primaria de transporte ferroviario que alimentaría vías secundarias de corto alcance sujetas a planificación en relación a la logística operacional, englobado en un sólo sistema de distribución de mercancías de todo tipo y tonelaje. De inmediato, nos introduciríamos a una República dominicana del doble de la población actual, y por ende de mayor capacidad – me refiero al empleo- de producción. El impacto económico es de tal naturaleza que podríamos potenciar más de dos polos productivos con suficiencia económica en manufactura y comercio, tan o más fuertes que Santo Domingo y Santiago de los caballeros. Entonces, ¿qué pretendemos, un tigre caribeño –en alusión a la singular metáfora de los tigres asiáticos- o un Nueva York chiquito? Dos sueños distintos, el de la industrialización  dominicana por un lado, o el consumismo, el cáncer económico originado por la destructora deuda externa.

#373 EL PARAÍSO DEL CONSUMO

La reciente taxonomía, ciencia que jerarquiza los conocimientos, sobre los conglomerados humanos apunta a que los pueblos dependientes de la deuda externa caracterizados por el consumismo improductivo, se encuentran en el más bajo nivel de evolución social. No es un pueblo moderno, digamos avanzado, el que cuenta con tecnología de comunicación de punta. Eso, lo que nos dice es que tipificamos un mercado consumista, estéril. En buena lógica,  el valor de estos pueblos, por más pequeños que sean, es inestimable para las naciones industrializadas. Una cosa es consumir y otra producir. Las prioridades definen la evolución social. El agregado humano que produce, aquel pueblo orientado al desarrollo de la creatividad humana, no mide sus decisiones económicas a través del gusto y los deseos. Si se fijan en el entorno económico, la fruición es el parámetro que ha construido nuestra sociedad, la nefasta y perversa economía de Adam Smith, sintetizada en el imperio de los sentidos, el laissez faire expresada en la esclavitud de nuestra voluntad, movida como títere al vaivén de la insatisfacción permanente, inequidad expresada en la jerarquía de valores de Maslow. Este tipo de cultura económica no se inclina por la generación de ingresos que no sea el salario, la escala de ingreso del dependiente, en suma del pobre de espíritu. Con el cerebro lleno de valores traducidos en ropas de marca, casas suntuosas, yipetas, dinero a borbotones en los bolsillos, la ilusión permanente en los juegos de azar, indefectiblemente con la frustración a cuestas, la idiosincrasia brutal por lo que representa, el atraso social, de que el que trabaja es el pendejo, el tonto. Mientras nuestro esquema socioeconómico sea el actual, dependientes de la deuda externa como inequívoco algoritmo financiero, victimas impenitentes del consumismo, la isla se empobrecerá cada día más, seguiremos agitados por la nueva posición haitiana,  la de la sustitución de importaciones, que lejos de perjudicarnos, nos beneficia económicamente. 

#372 HAITI SE ESTÁ TRANSFORMANDO

Beneficioso o no, resulta que Haití bruscamente ha cambiado de actitud respecto a las relaciones comerciales que lo vincula directamente con la Republica Dominicana. No podemos afirmar si a corto plazo la balanza comercial ira  variar sustancialmente, empero la tendencia ha tomado otro rumbo. El resultado es aleccionador, la búsqueda sistemática de nuevos mercados es la salida oportuna, no hay duda, mercados hay a borbotones, sólo la necesidad de unos cuantos empresarios puede obnubilar este aserto.

Lo cierto es que algo está ocurriendo en Haití. De ser una economía despreciada por las estadísticas, considerado el pueblo más pobre del planeta, de pronto toma preeminencia, y con sorprendente desparpajo rechaza, sin ton ni son, las mercancías dominicanas. La hipótesis que sostenemos consiste en que ningún mercado por más pequeño que sea tipifica como marginal. Craso error, hoy en día presenciamos el lagrimeo irrefrenable de aquellos empresarios que conciben la relación comercial como un fenómeno inelástico, cuando es todo lo contrario. Hoy en día Haití es un centro económico de inversión extranjera, todo luce indicar que podría estar en un proceso de sustitución de importaciones, similar al modelo económico del gobierno de Balaguer de los setenta. No obstante, este modelo es un arma de doble filo, o se produce y no se importa, autarquía irreal, o se produce y se exportan divisas, cosa que está ocurriendo en Dominicana con la inversión extranjera y las empresas de zona franca. Esto último es un escenario económico incomprendido por las políticas económicas locales, particularmente por los políticos que están hace algún tiempo en el gobierno, quienes muestran el mareo del vaho de los ingresos en divisas por concepto de impuestos a la reconversión, otrora inversiones nacionales. No se dan cuenta que lo que recibieron en divisas se convertirá en repatriación de beneficios, pesos convertidos en dólares que se extraen de la economía dominicana. Aún se recuerda la opulencia de Haití del siglo dieciocho, periodo en que Santo Domingo se sumía en la pobreza. La tesis harto difundida de que Haití no existe como nación está hecha añicos.