#178 PRESTIDIGITACIÓN EN LA ECONOMÍA

Contábamos con cincuenta años o más para superar la reciente crisis financiera global, ni que hablar de la crisis económica local, impredecible en el tiempo. Empero, ni siquiera ha pasado un lustro –cinco años- cuando de repente por arte de magia la ansiada revitalización económica, no visualizada en el horizonte, la estamos viviendo con intensidad, en inusual etapa de paroxística colectiva.
Haber si algún economista nos puede explicar lo que los políticos nos argumentan sin ningún empacho,…que todo está resuelto. Alguien está mintiendo. O la situación financiera de origen inmobiliario, -cuyo efecto dominó se llevó de encuentro todas las bolsas de valores del mundo y el cierre en cadena de bancos americanos, europeos y asiáticos- es un soberano invento de marca mayor, o estamos frente a una campaña mediática de las más agresivas de la historia económica mundial, de secretos financieros inconfesables.
Nos quedamos con la sensación del efecto de un acto de prestidigitación, un juego de manos y otros embelecos para distracción del público. Dicha ocurrencia no es nada nuevo, el juego con las estadísticas nos ha llevado de momento en aseveraciones muy persuasivas, con el desenlace posterior, la pérdida de credibilidad de instituciones y números.
Mientras tanto somos testigos de la ocurrencia masiva de desempleo que ha provocado la caída del PIB, expresados en crecimientos negativos. Los gobiernos para no entrar en crisis, particularmente con el sostenimiento del gasto público, y los ingresos fiscales en caída libre, han optado por el endeudamiento, cónsono con la rehabilitación de la banca mundial,reavivando la cartera de crédito de los países pobres.

RD-CAFTA, CRISIS A LA VISTA (reporte #1)

En el escenario de un tratado de libre comercio ninguna queja es válida si la objeción es la participación en los mercados. Es irrelevante, así de sencillo. El blindaje de los mercados locales a favor del competidor nativo, en desmedro de empresarios de países miembros del TLC, corresponde a épocas sombrías felizmente superadas. De lo que se trata es de demostrar mayor competitividad o sucumbir. Reza el adagio popular “el que tenga más saliva que coma más hojaldre”. En suma, eso es un TLC, cosa a la que no nos hemos acostumbrado aún. Un criterio sano de comercio internacional se orienta a volcar esfuerzos por insertarse en los nuevos mercados, “josear” por favorecerse de los consumidores que residen en los escenarios geográficos habilitados por el TLC, es el caso de los países centroamericanos y República Dominicana.
Se hizo el esfuerzo por conciliar la legislación del TLC y sus reglamentos. Lamentablemente se habló muy poco del modus operandis de los agentes económicos en el nuevo escenario. Es obvia, entonces, la confusión. El mercado de consumo ha cambiado sustancialmente. De disgregado –segmentado, no- por razones geográficas y de idiosincrasia, pasa a ser un solo mercado, medido y ponderado de manera uniforme. En cuanto a los agentes económicos de la oferta, tienen plena libertad de movimiento, inversión, asociación y transacción para la explotación del nuevo mercado, el mercado del TLC.
A excepción de USA, el mercado centroamericano no es tan grande, apenas suma quince millones de consumidores de cuarenta y cinco que conforma la población total, incluyendo la República Dominicana. Son agregados, dependientes en gran medida del consumo de productos agropecuarios locales, de la importación de bienes industrializados que llegan del territorio americano.
El TLC fue promovido en su momento -particularmente el RD-CAFTA- a finales de la década de los noventa, como la panacea, un conjunto de bondades económicas entre las que destacaba la reducción drástica de los niveles de precios, fruto de la liberación de los aranceles y el énfasis en la competencia intensiva de la oferta. Además, el ingreso al mercado de consumo de bienes altamente diferenciados, de marcas mundialmente reconocidas. Sobre todo lo que más destacaba de la faramalla en cuestión, el arribo del despegue económico de la República Dominicana. La amenaza encubierta que de no incorporarse al TLC, acaecería el aislamiento y con ello el país invernaría indefinidamente.
Lo cierto que hasta ahora la experiencia de la implementación del TLC RD-CAFTA ha sido frustrante. El empresario ha tomado el camino más corto, la línea recta entre dos puntos, la alternativa de la importación, ignorando la incursión a los nuevos mercados de consumo, la exportación y el incremento sostenido del empleo, aferrándose con celo al mercado interno. Los pocos productores que quedan son de corte localistas, no resisten en lo más mínimo la competencia externa, y la gran mayoría de empresarios, otrora fabricantes, se han convertido en almacenistas, mayoristas importadores, parte de los canales de distribución de las empresas americanas, donde se ubican los bienes de mayor valor agregado.
Finalizo estas disquisiciones indicando que el mercado del TLC RD-CAFTA es una invitación a crecer, a generar divisas, a ampliar la escala comercial. Quienes no lo vean así, quienes se aferren al mercado de consumo local con subterfugios, están condenados a la indigencia empresarial.

#177 NINGUNA ECONOMÍA ES IDÉNTICA A OTRA

Se ningunea la identidad de la República Dominicana hasta el paroxismo. La salida no es el chovinismo, sino la conciencia plena de nuestras competencias. Podemos acometer disquisiciones de experiencias foráneas, pero no pasan de ser espacios de reflexión, ejercicios de familiarización de aspectos genéricos de toda economía. A partir de esta salvedad afirmamos que la República Dominicana ostenta identidad propia. No me refiero a los aspectos folklóricos, harto conocidos y discutidos hasta la saciedad. Apuntamos a los recursos económicos con que cuenta el país, en muchos casos de enormes potencialidades escasamente desarrollados.
Hay el principio en Marketing que afirma de manera inequívoca que los criterios de producción los determina el mercado. Craso error. La producción es la reacción directa a las posibilidades económicas con que cuenta la isla, guste o no nos guste. El sentido comercial lo fija la producción; lo que resta es localizar el mercado y las “formas” –presentaciones- con mayores oportunidades de penetración. En tal sentido, hay que ser amplios y creativos con los mercados y sus gustos.
Nos falta a gritos descubrir nuestra identidad económica, ese es el punto de partida para interactuar con el resto del mundo. El ejemplo ostensible más ilustrativo corresponde al gran acierto comercial de Japón en el mercado americano. USA se queja de la desproporción de la balanza comercial con Japón. Las exportaciones niponas en tierra yanqui son mucho mayores. Los japoneses afirman que los americanos no saben comercializar en sus mercados. Cosas de identidad económica que no han podido captar claramente los hijo del Tío Sam.

#176 EL DRAMA DEL EMPLEO

Que conlleva por supuesto el desempleo. En República Dominicana ronda el 40%. ¿Qué están haciendo los empresarios para enfrentar este drama? Poca cosa. Es lamentable decirlo, sino observemos el empantanamiento de la reciente alza salarial –del alza de salario mínimo que se lo “engulló” el reajuste tarifario del consumo de energía eléctrica-. Recurso humano de base que en países pobres cursa el fino hilo, frontera entre la subsistencia y la esperanza de vivir del desgraciado desempleado, drama de proporciones inimaginables. Mientras que el gobierno se esfuerza, acción mediática a todas luces, por convencer a la población que ha habido incremento del empleo en un escenario económico adverso, sin duda.
El empleo, es válido decirlo en voz alta, es el eje –columna en que sustenta la actividad económica-. Brasil y USA han reactivado sus economías. ¿Es cierto? Sólo bastaría revisar la situación del empleo. Saber si es inequívoco o todo lo contrario, nos llevaría a revisar la situación de los inventarios. Cómo estará la empresa dominicana con los inventarios. Vaya usted a saber, se maneja como información confidencial.
Es más creíble el índice del movimiento de inventario que el indicador del PNB. A pesar de la parquedad del empresario isleño, hay demostraciones sintomáticas. El caso más obvio es el de la situación promocional. En la generalidad de los casos la sicología promocional de inserción prevaleciente obedece a una merma de los negocios. Se asocia la argumentación, que en si misma no tiene ningún valor agregado en las mercancías, con el consumo, el acto de compra. Eso de “darle mente” a la gente a punta de “muela” tiene sus limitaciones obvias. A la larga es un gasto de efectos discretos, de estrecho alcance.
El desempleo dominicano no es el reflejo de la falta de preparación. Tampoco del exceso de mano de obra, que quizá oscile en el gradiente del 1% al 5%, en un momento determinado. En muchos casos obedece a distorsiones económicas que han derivado en vicios laborales, exceso del empresario por absorber ganancias, o en su defecto la infravaloración salarial.

#175 ¡OH! INSULARIDAD

Estamos en el medio del mar, ¿solos? Precisión genérica, aún así apropiada para la denotación de excepción de la República Dominicana. Lo cierto es que contamos con una de las ventajas competitivas -sui géneris, sí- de atracción para alguna potencia comercial.
El principal trasiego de mercancías en el mundo se realiza por vía marítima. De ahí que los cuarenta y ocho mil kilómetros cuadrados insular deriva en excelente trampolín, un factor difusor ideal de bienes y servicios.
Al ponderarla resulta que no requeriríamos del mercado local para proyectar un PNB fuerte, estable. Únicamente necesitamos “exportar” nuestra ventaja competitiva. Sí, así es. Se trata de comercializar en el resto del mundo la condición insular que nos regaló Dios, y de ñapa el pleno empleo dominicano –que no es mucho en términos de volumen-, dispuesto a incorporarse a la estructura productiva más variada y creativa.
Recientemente el presidente Fernández recibió la propuesta de la construcción –ojo, inversión- de una refinería de capital libio. Esto no hubiera ocurrido nunca, sino estuviera de por medio el potencial real de la insularidad comercial de la República Dominicana.
Parece muy obvia la visión perspicaz del grupo inversionista africano – caso de la nación Líbica- que conoce a fondo el fenómeno comercial de la exportación como la conformación de un capital de conjunto.
Ahora es el negocio energético –el petróleo y derivados- la que privilegia la isla. No hay límites comerciales para las ventajas geo-exportables.