#35 LA CUALQUIERIZACION DEL PIB

Me llama mucho la atención la forma tan fácil que la gente incorpora términos nuevos a su vocabulario coloquial, constituyéndose sin querer en vocabulistas informales, evocando inconcientemente aquella época de transición de nuestro idioma español; me refiero específicamente al siglo V de nuestra era y a su raíz, el latín vulgar, el latín que hablaba el pueblo en contraposición al latín clásico o literario.
El PIB como término se ha “cualquierizado”; esa es la palabra correcta para explicar cómo el PIB ha llegado a convertirse en un término coloquial, en una palabra común. Este fenómeno ocurre por las influencias mediáticas, debido particularmente a la gran penetración de los medios audiovisuales que transmiten a través de sus mensajes condiciones económicas y políticas, utilizando para esto un conjunto de palabras de significado dominante. Al público común y corriente no le interesa en absoluto la parte conceptual del PIB como expresión económica, ni está interesado en informarse respecto a la semántica del término; sí está, obviamente, influenciado por la mediación recurrente al que a diario está expuesto, adoptando una conducta inconcusa, casi irracional.
¿Qué significa el PIB para el común de la gente?, no lo sabemos, es digno de objeto de estudio.
Yo dudo que la gente sepa que el PIB es una concisión de tipo económica que se refiere a la suma de todo aquello que ha sido producido en el país, de la mercancía más simple hasta la más compleja, que muy bien pudiera ser un servicio, y que refleja esencialmente algo de suma importancia: el grado de proactividad de todos los dominicanos. Sino tomamos en cuenta estas consideraciones, el PIB solo será una expresión algente, como lo es toda estadística. Lo cierto que la algidez de las expresiones ocasionan un alto nivel de interpretación, meciéndose al vaivén de los contextos en que navegan.
La acepción del PIB es flexible pero limitativa; observa los bienes transados en el mercado, los que están disponibles como stock, los que se encuentran en poder de los consumidores, y el resultado de la renta o inversión. Como magnitud agregada, el PIB es objeto de mediciones periódicas previo asiento en el sistema de registros contables conocido como Cuentas NacionalesEn definitiva el PIB puede verse como un ingreso, un gasto o una producción. Estas tres formas de magnitudes diferentes son modos de ponderar los valores agregados del país, esto es, el PIB como argumento económico.

#34 EDUCACION SUPERIOR DOMINICANA

Si hay un tema que decidí no escribir en algún momento, no llevarlo por este esfuerzo intelectual que significa la redacción de un texto, es el vericueto que representa la universidad dominicana, estimada en estos momentos y sin elucubración alguna, la parte más oscura de la educación formal. Veamos.
Iniciemos esta perorata, no inoportuna pero si molesta, con la situación del profesor universitario, la fuerza laboral más mal pagada en el país, muchas veces por debajo del status de un obrero. Lo cierto es que la situación de la docencia universitaria ha llegado a tal deterioro que solo quedan resquicios de lo que otrora fuera, esto es, un prestigio para cualquier profesional de cierto brillo. La situación es tan grave que hoy en día el ejercicio de docencia universitaria es para el “buscavida”, para aquel graduado que no tiene otra cosa que hacer para el levante de una retribución de miseria. Y no estoy exagerando si tomamos en cuenta que el que lleva a la práctica el rol fundamental de la universidad en la economía es el obsecuente profesor universitario; ¿y cuál es ese rol?, el de servir de sostén al conjunto productivo del país, a través de la formación de la fuerza laboral en las diversas especialidades que demanda la empresa dominicana, por demás especialidades cambiantes en gran medida.
Y qué decir de los estudiantes universitarios, victimas de la obnubilada visión de quienes han participado en los diversos estamentos públicos y privados de la parafernalia universitaria. El deterioro de la universidad ha llegado ya a los hogares dominicanos. Los padres de familia palpan crudamente el divorcio tácito que existe entre la empresa y la universidad, a través de las serias dificultades de sus hijos al aplicar en puestos de trabajo. La queja recurrente es que lo poco que trae el “muchacho” de la universidad no le sirve a la empresa de gran cosa. La conclusión monda y lironda es que lo único que sirve de la universidad, si acaso sirve, es el título, y para nada el contenido académico.
Es obvio que nos han faltado empresarios educativos, en RD no existe, solo es visible, se notan con cierta arrogancia aquellos educadores enganchados a empresarios de la educación que han fracasado de un modo ostensible.
Ni que hablar de funciones tan obvias como la investigación en la educación superior, que no merece ser vista ni con el rabillo de los ojos por parte de los responsables pertinentes. Las cifras son aterradoras: el 0.01 por ciento del presupuesto con que opera el sistema universitario dominicano, que no sirve ni para presentar un planteamiento serio de investigación.

#33 EL EFECTO MARIPOSA

Conocido ya en el mundo científico el efecto mariposa, encuentra un campo propicio a las explicaciones económicas y sus ocurrencias, cuando a partir de decisiones aparentemente nimias mueven a grandes perturbaciones futuras amplificando los errores y vivificando el aforismo de que “por un clavo se perdió la herradura, por una herradura se perdió un caballo, por un caballo se perdió una batalla, por una batalla se perdió el reino. Y todo por un clavo de una herradura”.
Resultaría interesante y hasta beneficioso conocer cuáles son los efectos futuros de las decisiones económicas que se toman ahora en el presente, esto es, la reverberación de las medidas económicas actuales, la conversión en eventos económicos en los años por venir. Cuando nos referimos a esta observación advertimos que los hechos están encadenados, que funciona así, no obstante el pobre interés que manifiestan sobre este fenómeno los agentes de decisión pública, actuando como si el presente fuera continuo, sin cambios, intrasmisibles; empero no es así precisamente, es todo lo contrario, el futuro que nos depara tiene vinculación directa con nuestro presente, producto de la extensión y comunicación, el ir más allá de algo, incursionar al campo de las consecuencias.
Desde hace algún tiempo la economía de la República Dominicana muestra una inveterada línea conductual; ya la conocemos, no es tan difícil dar lectura, se asemeja al velo transparente que oscurece la realidad pero no la modifica, solo la encubre por un tiempo, oscureciendo momentáneamente el entendimiento. Veamos, creciente deuda externa presente estimada en cerca de ocho mil millones de dólares a la fecha; el futuro es previsible en los próximos años: la hipoteca de nuestra economía y la consabida dependencia esperada que obviamente envarbascará nuestro desarrollo y la mengua de los problemas sociales, sobretodo la pobreza y la educación. Otra situación que desdora nuestro futuro es la falta de disposición a la exportación por parte de nuestro sector empresarial, le huyen como el diablo a la cruz, se aferran obstinadamente al imbele mercado local; nuestro futuro sigue delineado por las exportaciones de bienes primarios, probablemente las oportunidades futuras estarán en el renglón de los frutales. El siguiente aspecto sensible a nuestra economía es el nivel de desempleo que ronda al momento el 20% de la Población Económicamente Activa con visos futuros de crecimiento. La expectativa laboral en los próximos años se circunscribe al modelo de subsistencia de la microempresa, al proyecto de empresa del economista bangladeshí Mohamed Yunus.

#32 EL 4% DEL PIB

Abogamos por ese indicador desestimando las 24 proporciones restantes, es el número mágico, la garantía de las generaciones futuras, claro nos referimos a la inversión en educación en República Dominicana. Si no se ha tomado en cuenta la imperiosa necesidad del país en los próximos veinte años, que solo puede enfrentarse con la gente que preparamos hoy, que están en la escuela, en los liceos y colegios, en rangos que van desde los diez años de edad, ese es el futuro inmediato, la generación económica que llevará de la mano a los próximos dominicanos en la siguiente treintena, formando a la vez su relevo, solo se puede ver con los ojos de perspectiva, aquella visión que parte de la realidad favorecida por la observación ya distante espacio y temporal, eso significa el 4% del PIB, ¿un reto? Aún vamos a la saga de lo previsto por la ley 66-97, solo alcanzamos el 52% de la meta, aún nos falta orientar 17 mil millones de los 36 mil millones de pesos que equivalen al 4% del PIB y corresponde al 15% del presupuesto público. Seguir abundando en cifras y estadísticas da escalofríos, por ejemplo el gobierno, y no es solo el de turno, destina aproximadamente mil sesenta pesos mensuales por estudiante, y no llega a once mil pesos anuales por escolar activo. El gran contraste de estas cifras educacionales se refleja en la asonada de crecimiento económico del país que recurre jactanciosamente en algunas épocas del año.
En la actualidad dos millones de escolares se desplazan diariamente por las calles del país con dificultades en la infraestructura física y mobiliario en los centros educativos, en espera de mejoras sustanciales en los programas de educación, idioma inglés, formación digital y virtual, y sobretodo la alfabetización, ante la indiferencia social de la deserción escolar y la repitencia, resistiendo con el incentivo del desayuno gratis y regalo de útiles escolares. Estas facilidades únicamente se dirigen al 75% de la población escolar que asisten a las escuelas públicas, pues el 25% restante están matriculados en instituciones educativas privadas.
La República Dominicana podrá cambiar su horizonte educativo cuando apueste por un desarrollo basado en la calidad de la formación de su gente, con una resuelta voluntad política, aspirando a reducir la brecha que nos separa de los países más desarrollados, poniendo el foco de la política educativa en la escuela pública como el lugar de su real ejecución, a pesar de que conlleven costos políticos y que cuenten con pocos aliados entre la dirigencia política, el sector empresarial, así como entre los formadores de opinión.