#322 ALGUNAS PRECISIONES

Abogamos por la industrialización de la isla bajo lasombrilla de un modelo económico abierto, cuya manufactura se oriente a losmercados externos. ¿Esto constituye exportación? Sí, pero no. Si, pretendemosestimular el comercio exterior con exportaciones netas fruto del nivel dado dedesarrollo económico alcanzado. No me refiero al crecimiento de la actividad económicacomo objetivo, bien como la resultante del proceso de industrialización observadoen la curva de experiencia dominicana. Pero no, que ocurran, que se provoquen,que se induzcan exportaciones por el mero hecho de exportar, la estadística delsinsentido económico que engloba cifras incoherentes al sumar los negocios dezonas francas, la extracción de minerales, y la comercialización de productosperecederos, como si la exportación pasara por una herramienta de relacionespúblicas, un punto de agenda gubernamental, el indicador de imagen de queestamos en la cosa. Nada más lejos de la realidad.
Los fuertes vientos que llegan del viejo mundo –Europa-nos traen experiencias económicas aterradoras –caso Grecia, España, Italia- imágenesapocalípticas que de seguro ocurrirán en Republica dominicana si se sigue porel mismo rumbo, el derrotero de la crisis. ¿Cuál es el sendero de la crisis? ¿Será la burbuja financiera que estamos insuflando irresponsablemente? Así es, la carrera alocada de endeudamiento externo que como cáncer ha hecho metástasis en el presupuesto de la nación. Hoy en día los gastos oficiales ostentan un componente significativo de endeudamiento externo, que por su tamaño desproporcionado no se corresponde con la situación de desarrollo económico que vive la Republica dominicana, donde subyace una política económica consumista, perversa a todas luces. Reiteramos la reducción inmediata del tamaño de la economía, la implementación de una política fiscal cuyo objetivo sea el incentivo al desarrollo industrial dominicano.

#321 GANANDO, DEJAMOS DE GANAR


Habitualmente desconocemos las cosas en si mismas, a cambio de lo que experimentamos, es el Noúmeno de Kant, veamos. ¿Ganando, dejamos de ganar? ¿Qué volumen representa el costo de materia prima en un producto terminado? ¿Diez o veinte por ciento? Para ser optimistas, no pasa del 30%. Ok, si es así, nuestra ganancia como país exportador de materias primas está dada en esa proporción, un tercio, no más. Entonces, el beneficio del bien en cuestión, ¿qué hay con esto? Dejamos de percibirlo a menos que incursionemos en la industria derivada, aquella en donde el negocio son los valores agregados. La conclusión inferida ubica las exportaciones isleñas en la incomoda situación de baja calidad en ganancias, pues no apalanca a favor de nuestra economía más beneficios que el costo de la materia prima, el negocio del capa perro. A decir verdad, las posibilidades del desarrollo dominicano a cuenta de exportación de materias primas son reducidas, frente a las inmensas posibilidades de la industria derivada, ese tipo de manufactura que en vez de exportar el oro extraído de las entrañas de la isla, industrializa y exporta joyas. En lugar de exportar metales –caso de la chatarra que ocupa los medios-, manufactura y exporta todo tipo de implementos destinados al hogar y oficina, entre otros fines, amplios y variados. ¿Qué no hay mercados? Aforismo satanizado que únicamente visualiza el estrecho mercado de consumo isleño en oposición al inmenso horizonte de mercados allende los mares, la gran mayoría en larga espera por alguien, algún país del mundo que tome la iniciativa de producir para satisfacer las urgentes necesidades vitales. ¿Qué hay respecto a las ventajas comparativas? Este principio opera en condiciones ideales, en la práctica no es más que una ficción, si a economía nos referimos. Las oportunidades comerciales están regidas por el fenómeno de la información asimétrica, que habilita ipso facto todas las ofertas posibles, con independencia del costo y precio. 

#320 LA INDUSTRIA INFORMAL


Me refiero a la artesanía, aquella creación que se funde con la habilidad manual, que transmite a través de ésta la emoción, el sentimiento creativo hecho realidad. La expresión pre-industrial en cuestión está cobijada en la informalidad, en aquel aparente desorden productivo, no regido por el precio ni el costo, alejado del imperio del gusto, inserto en la potencialidad humana, cuyo libre albedrio constituye el organismo rector. ¿Es el fenómeno humano creador al que se pretende poner la camisa de fuerza de la formalidad, inyectándole la venenosa pócima del fisco, que evidentemente no lo resistiría, y por ende se mataría a la gallina de los huevos de oro? ¿Qué necesitan los artesanos para convertirlos en poderosos y efectivos industriales? Dar un salto al vacío, sosteniéndose en el velamen de una inversión preñada de credibilidad para así aterrizar en el colchón del mercado usuario.
La producción informal en República Dominicana absorbe más del sesenta por ciento de la población económicamente activa, reduciendo el empleo formal activo en cerca del veinte por ciento, el resto está inmerso en la cruda realidad del desempleo, argumento que hemos venido sosteniendo, en que subyace la inmensa potencialidad de la industrialización isleña.
¿Por qué la atención al sector artesanal, la mal llamada microempresa, que de empresa no tiene nada? La respuesta es sencilla: no se entiende el fenómeno del desarrollo económico, confundiéndolo con crecimiento, y por tanto si es crecimiento la informalidad debe tributar. Los argumentos abundan, el más reciente es el requerimiento de un volumen fiscal equivalente al cinco por ciento del PIB, déficit presupuestario que debe amortiguarse con recursos provenientes de la actividad económica y con financiamiento externo. ¿Cuál es la salida? El desarrollo económico dominicano requiere urgente la reducción del tamaño actual de la economía.         

#319 UN TIGRE CARIBEÑO

Estamos tratando de desmitificar la industria del transporte, no aquella que está vigente, politizada y dañina, tendente a desaparecer por disfuncional. El tren –transporte de carga ferroviaria- a eso es a lo que me refiero, una vía ferroviaria simple, sin el tapujo inserto en el Metro dominicano, ni la rimbombancia de túneles y elevados citadinos, una red vial que enlace los cuatro puntos cardinales de la isla, resuelve el monopolio del transporte de carga, y reduce sustancialmente la intermediación, los valores agregados al precio por efecto del combustible, tanto en el uso como su distribución para el consumo a lo largo y ancho de la isla. Se trata, esta es la estrategia, de movilizar tanques y contenes en vez de furgones, ¿los rieles, el costo? La licitación a manera de inversión local nutriría insospechadamente la economía dominicana, similar a otras inversiones nativas pendientes, me refiero a la industria energética, fuente actual de oscurantismo, intereses creados espurios, a la vez de inmensas posibilidades de inversión nacional en divisas, sería una necedad el no hacerlo.
De lo que se trata, consiste en una vía primaria de transporte ferroviario que alimentaría vías secundarias de corto alcance sujetas a planificación en relación a la logística operacional, todo esto englobado en un sólo sistema de distribución de mercancías de todo tipo y tonelaje. Inmediatamente nos introduciríamos a una República dominicana del doble de la población actual, y por ende de mayor capacidad generatriz – me refiero al empleo- de producción. El impacto económico es de tal naturaleza que podríamos potenciar más de dos polos productivos con suficiencia económica en manufactura y comercio, tan o más fuertes que Santo Domingo y Santiago de los caballeros. Entonces, ¿qué pretendemos, un tigre caribeño –en alusión a la metáfora singular de los tigres asiáticos- o un Nueva York chiquito? Dos sueños distintos, el de la industrialización dominicana por un lado, o el consumismo, cáncer económico originado por la destructora deuda externa.

#309 MARCO LEGAL DE LA INVERSIÓN

¿Se justifica la importación si hay exportación? Evidente, es un enfoque financiero vinculado al marco legal de la inversión local y extranjera en Republica dominicana, si acotamos en buena lógica, el desarrollo de una estructura productiva isleña para crear el mercado externo generador de dólares y euros. ¿El efecto? Nuevos puestos de trabajo, la base del empleo, y por ende demanda de consumo interno, recaudación de más impuestos vía el ITBIS por el nuevo consumo incrementado, aranceles en alza visto los bienes importados, y mejorados beneficios de las empresas, base del impuesto a la renta.
Si se quiere –sería lo deseable- que la repatriación de beneficios de las inversiones foráneas disminuya a favor del incremento de la participación nativa, y con ello el aumento de divisas dentro del territorio nacional, se requiere un modelo de estructura mixta de inversión, cuya composición redundaría en estímulos impositivos atractivos o bien deprimidos.
La banca local es inelástica –insensible- a los circuitos en divisas, ¿Por qué? los demandantes de recursos crediticios, es de ahí que parte, están orientados hacia adentro, lejos, muy alejados de las necesidades de los mercados externos, motivación esencial, el punto de partida de los negocios de la gestión financiera en divisas.
Los bonos, los soberanos, mecanismo financiero de endeudamiento público, contrapuesto a la bolsa de valores donde predomina la industria de transacciones financieras en moneda local, de ausencia más que notoria del contexto -caso dominicano- de  los mercados externos, a la postre, un desestimulo persistente de la inversion extranjera, ésta que busca sin descanso la industria en negocios intensivos, allende el mercado de consumo internacional.