#152 LIQUIDEZ EN DIVISAS

Me refiero al dólar y al euro en un país como el nuestro que tiene su moneda propia. ¿Para qué sirve el peso? Sólo para transacciones locales, para más nada. Empero, la República Dominicana, como toda economía de esta época, tilda de ser una economía abierta, que tiene transacciones con el exterior. En otras palabras, así como tenemos agentes económicos con necesidad de disponer –liquidez- de moneda local –el peso-, así también tenemos agentes económicos que requieren de monedas en divisas para operar. El principal, el Estado dominicano, requiere de divisas permanentemente. ¿Interesa el origen de las divisas? Lo que interesa es que circulen al interior de nuestra economía. Además, el hecho mismo de disponer de éstas deriva en incremento de nuevas divisas a través del aprovechamiento de oportunidades comerciales del entorno que requieren flujos financieros en moneda fuerte.
Si una economía opera como un centro financiero en divisas puede motorizar, y por ende desarrollar un conjunto diverso de proyectos de incubación nacional para el mercado local y los mercados externos. De lo que se trata es de abrir las puertas, insertarse en otras posibilidades económicas. No sólo las coyunturas de liquidez en divisas sirven para mejorar nuestra disponibilidad y por ende la clasificación en entidades de crédito internacional. Este es un adendum en el marco del objetivo central de toda economía, esto es satisfacer las necesidades de la población. De algo estamos seguros, el nivel de reducción de liquidez en divisas, o su tácita ausencia en la economía reduce sensiblemente las oportunidades empresariales y comerciales del país, además de la situación financiera imperante.

#151 RECONVERSIÓN DE LOS PRÉSTAMOS

Confieso que gusto de leer tardío periódicos locales y los “de afuera”. Así, nada es tan interesante como los vaivenes de la política. Con respecto a la economía la manecilla da vueltas sin sentido, no encuentra el norte. La economía es el tema obligado, es obvio, en estos momentos todo gira alrededor de la situación del empleo, los precios, y la oscilación de la actividad económica. En nuestro cobijo insular cobra impacto desacostumbrado la reciente información de la reestructuración de los préstamos vigentes que administra la banca comercial. Me llama la atención que la iniciativa parta del sector oficial y no de la banca comercial cuando esa cartera de negocios está haciendo agua, sin visos de cambio en el futuro inmediato. ¿Excesiva confianza en el mercado usuario del crédito? Tuviera asidero si las condiciones actuales fueran las mismas de siempre, pero resulta que no, que estamos en crisis de "no se sabe" qué sinuosidad. Sin embargo, nos hemos habituado a que una cosa piensan los políticos, otra los economistas, y sin empacho, todo lo distinto que pudiera concebirse, los empresarios, cual sea el origen de sus negocios. Los banqueros en este caso, manifiestan una excesiva timidez para tomar decisiones, ni que hablar del trabajo de comunicación, prefieren que hablen otros asintiendo o rechazando con movimiento pendular de cabeza. Decía en columna anterior que “lo que aprisiona este sector es el fantasma de la cartera vencida de los préstamos y los depósitos… que la salida menos traumática obligaría reducir la escala de la actividad financiera, incluyendo la expectativa de los pingues beneficios”. Reconvertir la cartera de préstamos vigente será, recuérdenlo, un proceso doloroso para los usuarios del crédito.