#70 ILUSIONISMO ECONOMICO

¿Comparar la China con República Dominicana? Si es per se como supongo que pueda ser me parece algo estrambótico, antojadizo, fuera de contexto, disforme… ¡qué más decir! Pienso que ocurre esta malformación comparativa porque tradicionalmente acostumbramos a mirarnos, de modo errado, en el espejo de los Estados Unidos, cuando comparaciones de este tipo linda con la arrogancia al desdecir socavadamente nuestra evidente ignorancia; sin acabar de entender que la interrelación entre las dos naciones es el tipo de vinculación obvia, ajeno a los pruritos chauvinistas. Pero la China, particularmente la economía china, ¿resalta solamente por su tamaño? Cada país tiene sus ventajas pero no nacen de la comparación caprichosa; lo que cabria preguntarse entonces, ¿Qué papel lleva a cabo la economía para el símil en cuestión? Quisiera ser más preciso, ¿en qué contexto competiría la República Dominicana con la China? ¿Hay contexto para este tipo de comparación? Desde luego que sí, pero no en términos absolutos como acostumbramos a comparar todo lo que se nos ocurre. Yo apelaría como punto de partida el potencial geopolítico de las zonas geográficas por comparar, para luego caer en los aspectos económicos envueltos en donde, estoy seguro, algo le tocará a la República Dominicana. ¿Por qué partir de este juicio? Para aclarar nuestro entendimiento cabe citar algunas informaciones de China: más de mil millones de habitantes -desproporción inconcebible para la mentalidad isleña-, dimensión territorial equivalente al tamaño de un continente e ingentes recursos naturales, ¿esto no es suficiente? Advertimos lo irrelevante que podrían resultar las inconcinas conclusiones de un paralelo tan desacertado frente al descomunal patrón que se nos presenta, si la insistencia nos lleva a la inconciliable necedad.
China piensa en grande necesariamente y cuando lo hace aborda dimensiones globales. Cuando consideramos que China podría convertirse en el corto plazo en el líder mundial del comercio internacional, lo hacemos reconociendo su enorme capacidad exportadora, sin obviar la gran absorción de bienes y servicios importados que conlleva el promedio de 8% anual en la actividad económica. ¿Qué ventaja comparativa tiene China frente al resto del mundo? La capacidad de producir a bajo costo. El contraste de ser considerado un país subdesarrollado obliga a verlo de una forma distinta, con una estructura económica en donde predomina la industria por sobre la agricultura, abundando en el crecimiento espectacular de los servicios.

#69 VERSION CONTRADICTORIA

Recientemente la gente del Banco Central difundió la información de que “… el aumento exhibido en la economía se refleja en el significativo crecimiento de 65.1% registrado en las exportaciones de mercancías generales”, a cuenta del crecimiento del 7.9% de la economía dominicana en los primeros seis meses del año 2007. Entonces, cabría preguntarse: ¿qué incidencia tienen las exportaciones en el PIB? Al leer la afirmación citada da la impresión cómo si el papel de las importaciones fuera similar al de las exportaciones en la actividad económica del país, o que por arte de magia la República Dominicana se ha convertido en una Nación exportadora, cuando hasta hace unos meses las importaciones representaban el distintivo básico de la dinámica del PIB. Esto no es así; lo decimos tajantemente porque no existen indicios concretos de un cambio tan drástico de mentalidad en nuestros empresarios, todavía apegados a las faldas del mercado local. ¿Qué quiso decir el Banco Central? ¡Vaya usted a saber! Sin embargo hay algunas versiones interesantes que por contradictorias caen en la especulación económica. La primera afirma que no hay relación evidente entre el PIB y las exportaciones, es decir, que no se encuentra evidencia significativa que sustente la hipótesis del crecimiento del PIB liderado por los ingresos de las exportaciones de bienes y servicios. Esta conclusión aparece en algunos estudios analíticos realizados al respecto por el Banco Mundial, en que predomina la dispersión de los datos de la muestra de once países latinoamericanos por encima de alguna tendencia significativa. Sin embargo cuando se habla de la relación entre el producto y las importaciones se asume, tradicionalmente, que el crecimiento del PIB conlleva una expansión de las importaciones. En otras palabras, se asume una relación causal que va desde el producto hacia el PIB. Estadísticas recientes de la OMC, y esta es la otra versión, afirman que en un proceso de globalización como el que estamos viviendo actualmente es posible crecer a partir de las exportaciones como lo demuestran los países asiáticos desde hace cuatro décadas. Empero, la gran mayoría de las economías latinoamericanas carece de valores orientados a la producción. Otros obstáculos vinculan la falta de educación y conocimientos técnicos a la diversificación de la canasta de bienes exportables, a las presiones ejercidas por grupos de interés que consiguen poner salvaguardas a productos particulares entorpeciendo el libre flujo de bienes, optando por crecer a través del mercado interno. Hasta aquí hay suficiente información; saque usted sus propias conclusiones.

#68 PISCO SAUER

Siempre he pensado que la discusión entre chilenos y peruanos sobre el patrimonio del Pisco Sauer es cuestión de chauvinismo, de turismo si se quiere. Me cabe la duda si el puerto de Pisco sea defendible tan vehementemente, sobre todo si de por medio haya una devastación de proporciones como nos llega a través de los medios de prensa.
Hace algunos días ocurrió un terremoto devastador en Perú, 7.9 grados en la escala sísmica de Richter. La conmoción del sismo tuvo lugar en Pisco, a doscientos kilómetros del sur de Lima, la capital peruana, uno de los tantos pueblos pobres, casi olvidados, que sólo por estos eventos no deseados se encuentra hoy en toda la prensa del mundo.
La experiencia de un terremoto es muy desagradable, mucho más si va acompañado de las expectativas de un tsunami, que aunque era esperado, por cosas de la naturaleza no se produjo, más sí la galopante intensidad del susto que se vivió ese aciago miércoles 15 de Agosto. Para darnos cuenta de la dimensión de la catástrofe que ha enlutado el corazón de los peruanos, sólo basta recordar el terremoto de Valdivia, Chile, de 1960 que tuvo una magnitud de 9.6 grados en la escala de Richter, el mayor registrado en la historia de la humanidad. Ahora más serenos, sería interesante revisar por qué ocurrió el sismo. La corteza terrestre es discontinua, está seccionada en fragmentos enormes de tierra que le hemos venido en llamar placas, las cuales sufren deslizamientos de cinco centímetros cada año. El contacto por fricción entre los bordes de las placas es la responsable de los sismos. Se presume que existe una falla o grieta en la zona del sismo, contiguos entrambos, la placa de Nazca y la placa sudamericana. La ciudad de Pisco, ubicada en una amplia bahía, tiene significado especial para los peruanos porque allí desembarcó el general don José de San Martín en 1820, iniciando la independencia de esa gran Nación. Pisco tiene una extensión geográfica de cuatro mil kilómetros cuadrados, y su población se estima en 120 mil pisqueños. Por actividad económica tienen la actividad vitivinícola y la producción del pisco a partir de un tipo de especial de uva, aguardiente de la familia del brandy, de gran demanda en Europa y América. La producción del pisco en el Perú es de tipo artesanal, controlado por la mediana industria que cuida los antiguos procesos de elaboración y calidad, y a menudo no responde a fines estrictamente comerciales sino a una especie de orgullo generacional.

#67 EL MALHADADO DOMINICANO

Lean esto y grábenlo: ningún sector económico reduce la pobreza por más que aporte al crecimiento del PIB, a menos que genere empleos.
Es mucho, no me atrevo a dar una cifra, puede ser el 80% de la población que ocupa el territorio dominicano, incluyendo claro está, la horda de inmigrantes haitianos que pululan por nuestras calles en oficios diversos, desde mendigos, pasando por obreros de la construcción la mayoría, ora personal de limpieza de condominios, sin contar los que se ubican en bateyes y campos de cultivos en la zona rural del país; pero repito, son muchos los que tienen el cliché de “malhadado dominicano”. La pregunta que de inmediato surge es, ¿cuál sería el valor agregado de la población malhadada dominicana? Admitiendo que, y ojalá no ocurra una discusión sobre este sencillo concepto económico, el Valor Agregado es la diferencia del Ingreso y el Producto social –corriente de bienes y servicios- obtenido de la población de una demarcación geográfica, equivalente a salarios y rentas en general que se destinan al gasto de la población, entonces caemos en la cuenta que el Valor Agregado del Malhadado Dominicano es relativamente ínfimo. Esto es sencillo de explicar: nuestra economía no se orienta a los pobres del país, éstos caen en el status de dependientes, de gente marginada y no integrada a la sociedad. ¿Un cargo de conciencia?, ¿una carga socioeconómica?, no está muy lejos de eso.
La pobreza tiene aristas que merecen comentarios; por ejemplo resalta la dependencia. Digamos que la dependencia es una forma de pobreza estructurada que reditúa buenos dividendos. ¿Cómo la dependencia resulta ser un buen negocio? Los capitales y empresarios espurios de cualquier origen requieren de ejércitos de dependientes para sostener su riqueza y no compartirla, porque lo que pagan son cheles.
De un tiempo para acá los gobiernos han insistido en políticas económicas de desarrollo con impacto social, asumiendo sus logros dentro de este contexto. Se afirma que si no es así, no hay nada bueno que destacar en una economía por más que crezca, que de por sí, crecimiento no necesariamente es desarrollo. Los sectores con amplia generación de empleo son los que se identifican con mayor Valor Agregado. Experiencias recientes en la economía global orientan nuestra atención en los modelos económicos basados en la microempresa, considerándolos un fenómeno socioeconómico inusual, de gran impacto en el empleo, de baja inversión y de un particular significado estratégico.

#66 EL DRAMA DE TODOS LOS AÑOS: VOLVER AL COLEGIO

Tanto va al cántaro el agua que se rompe.
La experiencia de la “buena escuela” en naciones de altos estándares educativos es conmovedora. Este grupo de países desarrollados, dentro de los que se encuentran los llamados tigres del Asia, Alemania y Japón consideran un grave error medir la educación con dinero; el éxito educativo depende esencialmente de los recursos sicológicos, y no de los recursos materiales.
Estamos atentos al regreso de los muchachos –niños y adolescentes- a los colegios, pues se ha convertido en un círculo vicioso los problemas de carácter empresarial en este sector. Que si el aumento de la matricula y el pago de la cuota mensual, cuando no el alto costo de los libros, conforman todos los años el cuadro dramático de decisiones desmedidas a todas luces. Poco o casi nada han hecho los gobiernos frente a estos desatinos, mostrando incompetencia ante una variable tan sensible, el sector más estratégico para el desarrollo y crecimiento del país. Los padres están al grito, sin saber a dónde recurrir. ¿Y la educación estatal? Bien gracias; allí no hay nada que buscar, pues hace muchos años que no garantizan el más mínimo estándar educativo, mientras los Secretarios de Educación de turno muestran logros que sólo ellos ven, convirtiéndose en una sátira para la sociedad.
El empresario educativo dominicano muestra una excesiva voracidad, forzando un servicio de carácter social en un vulgar negocio, atento a “quien quiera educación que pague lo que pedimos”, como si la educación fuera plátano o humberger.
Lo cierto es que los colegios y editoras que componen el sector empresarial educativo, se han convertido en un cartel con el cual hay que romper para que el país le dé salida al progreso.
Somos de los que hemos exigido una mayor inversión en educación, pero ¿a dónde va realmente esa inversión? Frente al drama de la familia dominicana que ve escapárseles de las manos el futuros de sus hijos.
Lo que garantiza una buena escuela es su identidad. Las escuelas que gozan de un fuerte sentido de la identidad persiguen propósitos claros y son capaces de modificar sus métodos y adaptar sus incentivos si esos propósitos resultan ser elusivos.