#364 CASUAL O CAUSAL


La gente pregunta por qué el endeudamiento periódico de deuda externa. Este hecho no es casual sino causal, existen motivos más allá del aparente parafraseo. Fíjense que la deuda local, la de los pesos, esa deuda no es el problema pues al fin y al cabo se reduce a materia de laborantismo de escritorio, un manejo monetario revestido de crédito bancario o de gasto público, ese que deviene de la función financiera de la administración regencial. Para respondernos con propiedad económica observemos la composición del consumo isleño, tópico éste de ingesta, trapos y esnobismo cibernético, el estilo de vida actual, apostrofado por el inmenso parqueo vehicular, secuela de consumo energético sin valor presente, pero de alto costo político en el porvenir no muy lejano. El endeudamiento proseguirá mientras no haya otro mecanismo de ingreso en dólares que sostenga el consumo expansivo de la población dominicana. La incidencia mayor en los bolsillos de la gente corresponde a bienes industrializados de alto valor agregado de fabricación extranjera. Nuestro comercio local está blindado por más de cuatrocientos mil unidades de mercancías y servicios de diverso origen que vienen a satisfacer los gustos polifacéticos  de los consumidores isleños. No cabe duda, el modo de frenar la hemorragia de endeudamiento externo consiste en la acción decidida de producir para un modelo económico abierto, sin fronteras, espacio en que evidentemente circulan las monedas fuertes. Sin ingresos periódicos de divisas no podría sostenerse el equilibrio económico, la vanagloriada estabilidad de la prima del dólar. Sin la inyección recurrente de endeudamiento externo, debido a la ausencia de políticas económicas orientadas al fomento de la industria de exportación, nuestro consumo solo cabe en la vida de ficción que provoca el uso desmedido del dinero prestado.

#363 ESPEJITOS POR ORO


La sociedad de activos es contrapuesta a la sociedad de beneficios, en evidente alusión a la figura de co-dueño en un proyecto productivo, esto frente a la simple intermediación. El argumento resulta en grado sumo condicionado si contextualizamos la relación de intereses en cuestión, me refiero a la inclusión de algún componente derivado del capital de la isla, sí, así como se lee, dicho de otro modo, el haber o activo nacional, en oposición al de origen extranjero. Eso es, sociedad en activos, no obstante el modesto marco legal vigente al respecto, sintetizada en la ley de inversión extranjera, cuya urgente revisión apunta a un marco legal más evolucionado, decididamente orientado al desarrollo económico. Hay, existe, no hay dudas, el desequilibrio en el acuerdo de beneficios. Quien da retiene la gallina de los huevos de oro, me refiero a la tecnología, no quiere compartirla, sería ceder el control, la acción productora. Da, si da, los espejitos de los conquistadores del nuevo mundo, aquel célebre truque de los espejitos por oro de hace quinientos años atrás. De ahí para acá ha cambiado sustancialmente la configuración cultural de los pueblos, veteranía adquirida por los cambios derivados de la curva de experiencia acumulada.   Abran los ojos, la situación real consiste en la negociación para una explotación conjunta. La inversión no es privativa de iniciativas foráneas. Digámoslo en su verdadera dimensión. La inversión nace de la necesidad de subsistencia, mientras más acuciante sea la carencia mayor potencial, mejores condiciones para que se provoque el desarrollo. El agobio fruto del esfuerzo no obnubila la gesta transformadora de una idea expresada en intensión. En esto consiste la mentalidad inversionista.

#362 LA ANTINOMIA DEL ACUERDO


De hecho existe contradicción, la antinomia sume la isla en la duda de Hamlet. Quién nos ha dicho que el patrimonio, los recursos disponibles del pueblo dominicano es objeto de gasto público. No me cabe alguna duda, el acuerdo será memorable, un triunfo de corte político, no así económico. Hubiera preferido la participación en Activos, con menos incursión en la partida de beneficios. Está posición es simple, un argumento incuestionablemente económico, de fácil acceso al entendimiento cuando se trata de explicar. Pues bien, opto por el desarrollo, que requiere de tecnología como condición sine qua non, un nuevo modelo económico, el del dominicano productor, el modelo incontrovertible del industrial isleño, en franca antinomia de la fiebre de consumismo que derivarán los fondos frescos en cuestión, en parte dirigido a sostener, y por ende a incentivar en forma de ayuda social, la figura nefasta del pobre-dependiente. La explotación del patrimonio nacional se sintetiza en la condición propincua de una sociedad de inversión, colectivo entre inversionistas foráneos y el pueblo isleño representado por la regencia pública. Chaing Kai Shek, el disidente chino que emigró a la isla de Formosa, el creador de la Taiwán progresista, conformó lo que es hoy en día una referencia económica obligada a estudiar, a menos que incurramos en repetir errores por desconocimiento de la historia. Empero, predomina entre nosotros los isleños el Laissez-faire, el modelo económico consumista por antonomasia, cultura subordinada a los que sí producen en el resto del mundo, en alusión directa a las naciones industrializadas, sean pequeñas o grandes, que no lo fueron en algún momento histórico de su evolución económica. Nuestra veta aurífera justifica con creces una negociación de Activos. Es cuestión de sentido común traducido en política económica de tratamiento a la inversión, particularmente aplicada a la que es de origen foráneo, nueva mentalidad al servicio del desarrollo económico dominicano, sino, mucho cuidado, pues cuando pase el vahído provocado por el ingreso inesperado de dólares, no habrá oro. 

#361 LA FÁBULA DEL USURERO


Si la banca entiende como correcta, lo han manifestado así, la enmienda de los intereses cobrados en las tarjetas de crédito, el resarcimiento a los usuarios del dinero plástico es el paso siguiente. La recuperación de la credibilidad del mercado tarjeta-habiente reside ahí, mercado incrédulo por cierto, de cuyo comportamiento se explica en la figura de la carestía rampante de la isla, conminados, sin alternativas, victimas de la codicia bancaria. Como se ve, mercado prestatario conformado a la fuerza, proclive, no nos equivoquemos, al desmoronamiento inesperado.
Refiere la fábula la vida de Paulino, un prestamista, sumido hace algún tiempo en la espesura tenebrosa del dinero. Andaba Paulino, habituado por el camino de la usura, ignorante de la situación de pobreza en que vivía, aquella indigencia de los que ostentan riqueza material por vivir como cuenta-pesos. Paulino quería todo, no valoraba lo que ya tenía, obsesionado en lo suyo y en el de los otros. Moraleja, el mayor valor no es tener todo, sino lo necesario. Codicioso Paulino, no le bastaba con tener lo suyo y lo de los demás, quería tenerlo siempre todo.  
El sistema bancario, estrechamente vinculado al comercio, en sus inicios estuvo comprometida con proyectos de desarrollo, empero, apareció la oportunidad del financiamiento al consumo en masa garantizando la gran expansión bancaria, llegó la globalización caracterizada por la existencia de un mercado internacional de activos y pasivos. No nos equivoquemos, este tipo de entidad financiera persigue un nivel de utilidad para satisfacer las expectativas de lucro de sus accionistas. La morosidad es uno de los principales riesgos de la actividad bancaria. La aparición de los Call Center ha convertido este cartera marginal en uno de los negocios rentables de la banca. Empero, no olvidemos el factor confianza como el factor más importante de un banco.

#360 OJOS DE PERSPECTIVA


Abogamos por ese indicador desestimando las 24 proporciones restantes, es el número mágico, la garantía de las generaciones futuras, nos referimos a la inversión en educación en República Dominicana. Si no se ha tomado en cuenta la imperiosa necesidad del país en los próximos veinte años, que sólo puede enfrentarse con la gente que preparamos hoy, que están en la escuela, en los liceos y colegios, en rangos que van desde los diez años de edad, ese es el futuro inmediato, la generación económica que llevará de la mano a los próximos dominicanos en la siguiente treintena, formando a la vez su relevo, solo se puede ver con los ojos de perspectiva, aquella visión que parte de la realidad favorecida por la observación ya distante espacio y temporal, eso significa el 4% del PIB, ¿un reto? Aún vamos a la saga de lo previsto por la ley 66-97, solo alcanzamos el 52% de la meta, aún nos falta orientar 17 mil millones de los 36 mil millones de pesos que equivalen al 4% del PIB y corresponde al 15% del presupuesto público. Seguir abundando en cifras y estadísticas da escalofríos, por ejemplo el gobierno, y no es solo el de turno, destina aproximadamente mil sesenta pesos mensuales por estudiante, y no llega a once mil pesos anuales por escolar activo. El contraste de estas cifras educacionales se refleja en la asonada de crecimiento económico del país que recurre jactanciosamente en algunas épocas del año.
En la actualidad dos millones de escolares se desplazan diariamente por las calles del país con dificultades en la infraestructura física y mobiliario en los centros educativos, en espera de mejoras sustanciales en los programas de educación, idioma inglés, formación digital y virtual, y sobretodo la alfabetización, ante la indiferencia social de la deserción escolar y la repitencia, resistiendo con el incentivo del desayuno gratis y regalo de útiles escolares. Estas facilidades únicamente se dirigen al 75% de la población escolar que asisten a las escuelas públicas, pues el 25% restante están matriculados en instituciones educativas privadas.
La República Dominicana podrá cambiar el horizonte educativo cuando apueste por el desarrollo basado en la formación de su gente, con resuelta voluntad política, aspirando a reducir la brecha que nos separa de los países más desarrollados, poniendo el foco de la política educativa en la escuela pública como el lugar real de ejecución, costo político que cuenta con pocos aliados entre la dirigencia política, el sector empresarial, y formadores de opinión.