La etnia dominicana está cargada de melancolía, tristeza profunda del terruño, irradiada por el olvido de los seudo-estadistas del patio local.
La industria de la yola se ubica principalmente en el sector rural, en “donde aún la patria duele”. Penalizada como la que más, en primera instancia sufre medidas de represión, para después atosigarla con la faja impositiva, comprimiéndola hasta alcanzar la estética de la economía formal.
El que baje o suba la remesa es simple estadística. Las posibilidades de envío de divisas de la diáspora parten del sentimiento que despierta la nación. La medición real se ubica en la situación del sentimiento del dominicano ausente.
El estado de ánimo en cuestión, ¿varía con el cambio de situación geográfica de origen? Parece que sí, sino fíjense. La remesa per-cápita de la isla es de 288 dólares, a diferencia de naciones tan grande como Brasil que ostenta el segundo lugar en Latinoamérica de envío de divisas, con un per-cápita de 39 dólares, apenas expone la séptima parte del potencial real de la República Dominicana.
No disponemos de regulación del trasiego de empleo, mucho menos de políticas económicas en ese renglón, no como hasta ahora, repleto de filtros y privilegios, un comercio de intermediación informal entrampado en la maraña interesada de los politicuchos de baja estofa.
Hay formas, no me cabe la menor duda, pautas previsibles al libre paso de la yola, símbolo elocuente de la producción de divisas por los dominicanos sin ostentación, sin esos cacareados doctorados, fuga de cerebros, no, simple y únicamente fuerza primaria de trabajo que demanda urgente las naciones desarrolladas.
La industria de la yola se ubica principalmente en el sector rural, en “donde aún la patria duele”. Penalizada como la que más, en primera instancia sufre medidas de represión, para después atosigarla con la faja impositiva, comprimiéndola hasta alcanzar la estética de la economía formal.
El que baje o suba la remesa es simple estadística. Las posibilidades de envío de divisas de la diáspora parten del sentimiento que despierta la nación. La medición real se ubica en la situación del sentimiento del dominicano ausente.
El estado de ánimo en cuestión, ¿varía con el cambio de situación geográfica de origen? Parece que sí, sino fíjense. La remesa per-cápita de la isla es de 288 dólares, a diferencia de naciones tan grande como Brasil que ostenta el segundo lugar en Latinoamérica de envío de divisas, con un per-cápita de 39 dólares, apenas expone la séptima parte del potencial real de la República Dominicana.
No disponemos de regulación del trasiego de empleo, mucho menos de políticas económicas en ese renglón, no como hasta ahora, repleto de filtros y privilegios, un comercio de intermediación informal entrampado en la maraña interesada de los politicuchos de baja estofa.
Hay formas, no me cabe la menor duda, pautas previsibles al libre paso de la yola, símbolo elocuente de la producción de divisas por los dominicanos sin ostentación, sin esos cacareados doctorados, fuga de cerebros, no, simple y únicamente fuerza primaria de trabajo que demanda urgente las naciones desarrolladas.