#174 LAS REMESAS, EXPORTACIÓN DE SENTIMIENTOS

La etnia dominicana está cargada de melancolía, tristeza profunda del terruño, irradiada por el olvido de los seudo-estadistas del patio local.
La industria de la yola se ubica principalmente en el sector rural, en “donde aún la patria duele”. Penalizada como la que más, en primera instancia sufre medidas de represión, para después atosigarla con la faja impositiva, comprimiéndola hasta alcanzar la estética de la economía formal.
El que baje o suba la remesa es simple estadística. Las posibilidades de envío de divisas de la diáspora parten del sentimiento que despierta la nación. La medición real se ubica en la situación del sentimiento del dominicano ausente.
El estado de ánimo en cuestión, ¿varía con el cambio de situación geográfica de origen? Parece que sí, sino fíjense. La remesa per-cápita de la isla es de 288 dólares, a diferencia de naciones tan grande como Brasil que ostenta el segundo lugar en Latinoamérica de envío de divisas, con un per-cápita de 39 dólares, apenas expone la séptima parte del potencial real de la República Dominicana.
No disponemos de regulación del trasiego de empleo, mucho menos de políticas económicas en ese renglón, no como hasta ahora, repleto de filtros y privilegios, un comercio de intermediación informal entrampado en la maraña interesada de los politicuchos de baja estofa.
Hay formas, no me cabe la menor duda, pautas previsibles al libre paso de la yola, símbolo elocuente de la producción de divisas por los dominicanos sin ostentación, sin esos cacareados doctorados, fuga de cerebros, no, simple y únicamente fuerza primaria de trabajo que demanda urgente las naciones desarrolladas.

#173 MODELOS DE EXPORTACIÓN

Los hay de forma directa, la más conocida, se utiliza con productos primarios, bienes agropecuarios, esa es la experiencia común. Aún así, no es el único modelo de exportación viable; los hay, y raya en la creatividad propia del empresario.
Punto importante en el escenario comercial de exportación, corresponde al pleno conocimiento de la estructura del mercado donde se dirigen los bienes exportables. Este conocimiento –hago la salvedad- no es de carácter virtual sino físico; no es de carácter estadístico, es un conocimiento vivencial, el encuentro real entre el empresario-productor y el consumidor y su contexto, sumirse en el ambiente e idiosincrasia del consumidor de bienes importados. Esto no es, lógicamente, nada nuevo; ni piensen que estamos descubriendo la curvatura del huevo o la dureza de la piedra. Empero, es válido apuntalarlo, en medio de la andanada de información global en que vivimos sometidos a través de la web.
Al evaluar la ubicación geográfica, la República Dominicana tiene ventajas con respecto al resto de países. La capacidad –si se quiere ser más técnicos- el margen de movimiento hacia otros puntos del globo terráqueo, la ostensible ventaja de la insularidad.
En tal sentido –me refiero a la exportación directa- el rango de bienes de consumo es enorme. Permite ciertos niveles de inserción de valor agregado de carácter manufacturado, sin llegar a la absorción de tecnologías avanzadas.
No debemos perder de vista el norte de la exportación, la necesidad de divisas que requiere la economía dominicana, como todo país civilizado del mundo.
De momento se podría estar evaluando la sustitución –vía la exportación- de unos doce mil millones de dólares, equivalentes a la suma de la deuda externa, remesas, y bonos soberanos emitidos a la fecha.