#122 URGE BASE SOCIAL EN FONDOS DE PENSIONES

En uno de los considerandos que da origen a la Ley 87-01 de Seguridad Social reza “que la protección integral y universal contribuye a fortalecer el rol de los recursos humanos como la principal riqueza de la nación y la mejor estrategia para enfrentar con éxito los retos de la apertura internacional en que se encuentra inmerso nuestro país”.
La idea esencial del uso de estos fondos debe enfocarse inequívocamente en beneficio de sus afiliados, a sus formadores, la fuerza laboral de la Nación. Bajo ningún concepto debe abultar las ganancias de terceros que no conforman la esencia básica de estos fondos especializados, los únicos fondos de humilde origen en su gran mayoría, los que no tienen dolientes porque a nadie le interesa ni su presente ni su futuro, siempre ha sido así.
Lamentablemente estos fondos no disponen de una estructura orientada a los servicios. Las AFP y la Superintendencia de Pensiones han quedado rezagadas en una actividad eminentemente financiera, más que todo en recaudadoras de cuotas; entidades sosas, amorfas, sin un sentido social en sus fines que a la postre les da origen. Así se presentan como entidades financieras del montón, al acecho de un sin número de incautos que pululan en el medio ambiente económico, que no les interesa el bienestar de los trabajadores, los asalariados, sólo les interesa sus beneficios particulares, sin advertir de quienes sean y a quienes perjudiquen.
Nuestra inquietud va en el sentido de orientar los recursos acumulados a cubrir las necesidades básicas de sus cuotahabientes: alimentos, vivienda y otros afines, en lo que llega el tiempo de la asignación de pensiones. Para operacionalizar nuestra sugerencia, especializar Cooperativas para la asignación y administración, el uso puntual de los Fondos de Pensiones, las CFP.
Vamos a ver si ahora destapan los sentidos al interés social, factor fundamental para que perviva, para que se haga sostenible un país pobre como la República Dominicana.

#121 LA ECONOMÍA DOMINICANA, ¿ECONOMÍA SUBLIMINAL?

En medio de la renuencia de las autoridades oficiales de reducir el gasto, los empresarios de patio reprobaron de plano cualquier viso de reforma fiscal. Perece que la pócima va por la mezcla, ni uno ni el otro, un poco de ambos.
La tentación cobró cuerpo en la toma de posesión con el anuncio de un enorme volumen de inversión –Más de cien millardos de pesos dominicanos. Como quiera es mucha plata- sumado al incómodo déficit fiscal vigente, que va por los cincuenta millardos. Esto último quedó resuelto con el redimensionamiento financiero de la economía a través de la asunción de la nueva paridad cambiaria estimada en treinta y cinco o algo más pesos por dólar, la tácita y no menos ruidosa depreciación de la moneda. En lo inmediato, como quien no quiere la cosa, los empresarios deberán abocarse al reajuste de sus cuentas, sobre todo los salarios de la nómina y el tamaño de sus empresas.
Con una recesión transitoria nimia en apariencia, la economía dominicana reemprende el camino del progreso, ajena a la visión ortodoxa de la oposición, concepción transpuesta en el horizonte económico de lo impráctico, de lo quedo, acullá, muestra sosa de la falta de imaginación.
Pocos, digo pocos porque reviso la prensa y no me entero de lo que no veo, pocos advierten la enorme influencia de la población en el devenir económico, el poder que ostenta inequívocamente la demanda agregada, particularmente en nuestro país. Pues esa población a la que me refiero ha hecho suyo el tipo de proyecto de futuro, halagüeño y promisorio al decir de los políticos oficialistas de la actual gestión gubernamental. ¿Es un sueño, un letargo o una somnolencia inducida? Lo cierto es que los agentes económicos que sustentan la demanda agregada dominicana han aceptado y se han sumado al sueño de una economía inexistente en la práctica, recreada subliminalmente en lo más recóndito de sus cerebros, en las perspectivas dejadas caer recientemente por el gobierno del doctor Leonel Fernández. Bajo esas condiciones es difícil, por no decir imposible, rechazar reformas fiscales porque no representan un dolor financiero sino la vía de un futuro mejor. El mismo mecanismo psicosocial ocurre con el gasto, ¿para qué reducirlo? El gobierno necesita compensar sus esfuerzos, de otra manera los sueños económicos serían irrealizables. Mientras tanto abrigamos la esperanza de que la nueva economía que se implante en la República Dominicana funcione mínimamente en el corto plazo.

#120 LA ECONOMÍA REAL QUE NOS GASTAMOS

La realidad económica es un enorme desparpajo de cifras crudas, vívidas en el drama humano. La gente siempre quiere, quiere más, configurando de esa manera la mezcla perversa de la escasez y el lucro, el insaciable homo economicus en el que cohabitamos sin mesura, en el cual se manifiesta la injusticia humana, el ambiente más propicio de la economía dibujado patéticamente en números estadísticos.
La economía expresa la realidad intemporal en donde reafirmamos nuestros deseos, eso que identificamos como el conjunto de necesidades insaciables en la naturaleza humana. La sociedad vive persistentemente bajo la frustración del equilibrio económico, la legítima aspiración de los gobiernos a pesar de lo lejos, lo más alejado de la idea de justicia que en economía cobra singular expresividad, esas múltiples facetas surrealistas que incluyen además las estadísticas de la moralidad de los vínculos trascendentalistas.
En tanto la economía nominal abriga el sueño de los aplatanados dominicanos, la economía real hasta ahora se la debemos a los americanos, quienes probablemente perciban el reflejo de la economía real, la de ellos, en Latinoamérica.
¡Qué contrastante es todo esto!
La economía real de los indispensables países pobres penetra a través del comercio en un contagio necesariamente mórbido. Leí por cierto en un medio de prensa local que las importaciones aumentaron, las que tienen que ver con los americanos, mientras que las exportaciones se desplomaron. ¿Cómo funciona entonces los tratados de libre comercio, el divinizado libre mercado? Particularmente a nosotros nos está sirviendo para gastar más y promover con estos gastos más subsidios, más préstamos internacionales, más reformas fiscales, y sobre todo más crecimiento económico, sin equivocarnos, el orgullo de las autoridades financieras oficiales. En cambio en el país del norte abren más puestos de trabajo, es la magia de los tratados de libre comercio que se sostiene con los socios latinos. No nos quejemos pues si el ejercicio predominante de la economía real que nos gastamos sólo sirva para abarrotar los almacenes de los empresarios importadores.

#119 COSAS QUE NO ENTIENDO

El desempleo actual anda por encima de las expectativas de la economía. Digamos que por cada empleado hay tres desempleados, es decir, el pleno empleo en República Dominicana equivaldría al 33% de la oferta potencial de la mano de obra. ¿Cómo quebrar esta posición? Contando con los medios económicos y el equipo necesario, un aparato productivo más grande, dicho de otro modo, disponiendo de mayor inversión. ¿Cuál sería el volumen de inversión requerido para ampliar el aparato productivo del país? El aparato productivo genera anualmente 75 millardos de dólares, es el PIB actual, y se obtiene con el 33% de la población en edad de producir, la población ocupada, que equivale al pleno empleo dominicano; que, ¿cuánto es? Cerca de dos millones de personas en edad de trabajar, no más. El dato financiero del tamaño del aparato productivo nacional no lo tenemos y probablemente no lo tenga ni el gobierno, estaría guarecido en la parte más oscura de la economía.
Crecer como objetivo. Como objetivo es atendible y entendible, pero, ¿podemos dirigir el crecimiento? Ninguna política económica garantiza un volumen determinado de crecimiento. Sin ser tan sentenciosos podríamos estimar con cierto grado de certidumbre el desenvolvimiento económico al compararlo con otros periodos similares, pero no dejan de ser ejercicios estadísticos de relativo valor. ¿A dónde queremos llegar con estas disquisiciones? Bueno que el crecimiento económico no es una tabla de sumas y restas, sino que obedece a un complejo sistema de variables de resultante abocetada, no determinada.
En el caso reciente de la economía dominicana se espera una merma en el crecimiento que absorba por lo menos cinco puntos del nivel de incremento del PIB del 2007. Cuidado con las incoherencias. No esperamos que gasten sus salarios los desempleados porque no lo tienen, o que con iguales ingresos se siga consumiendo a precios inflados en un 30% o 50% con respecto a los valores del 2007.
Sobre los TLC. Es sin duda el mercado del crecimiento. Disponemos al momento del esquema jurídico para operar, empero no observamos cambios significativos hacia afuera. Nuestra economía sigue funcionando como sino hubieran TLCs. Lo que no entiendo es la relación de los acuerdos y las nuevas oportunidades.

#118 DESPUÉS VENDRÁN

Ayer estuve en la panadería de siempre. Al entrar me encontré con la sorpresa de que salvo mi presencia y la de los dependientes, no había gente. En contraste noté que estaba bien abastecida y operaba con un buen aire acondicionado. Cuando pregunté en dónde estaban los clientes, acostumbrados a esa hora, la tardecita del día, agolparse frente al mostrador para comprar el pan y ser uno de los primeros así lleguen detrás de otros, la respuesta fue seca: después vendrán. Pedí cinco panes de agua. Al recibir el cambio de cien pesos de la cajera, caí en cuenta de por qué no había gente en la panadería.
¿Qué ocurre con los consumidores cuando hay un aumento de precios? ¿Qué pasa si el aumento es desproporcionado?, ó ¿si se presume victima del agiotismo? Pienso que nadie quisiera pasar por agorero pero, ¿está trabajando Control de Precios? Existe legislación al respecto, la ley No. 13 de Protección al Consumidor, no es de ahora, data de la década de los sesenta.
El comerciante, el empresario en general, brega diariamente con los gastos del negocio. Vive en ansiedad permanente ante la escalada alcista derivada de la crisis económica actual. Con pánico siente cómo se evapora su capital de trabajo, impotente sin saber a dónde acudir. Buscando resarcir las pérdidas extra-comerciales, desesperado opta por un banco. Sí, el financiamiento es la solución. No pasa mucho tiempo cuando se da cuenta que su negocio está envuelto en otro tipo de descapitalización: el interés revolvente, un tipo institucionalizado de especulación financiera. Sin más disyuntivas que subsistir o cerrar el negocio, decide entonces recuperar su capital en tierra de nadie: la indexación de los precios a través del mercado. La salida en apariencia es genial, que la gente cargue con los platos rotos.
Los consumidores no tienen dolientes, las leyes al respecto han fracasado, ¿La protesta de la gente?, un aparente e inocuo rezongue: la amenaza de no volver a comprar. ¿El alivio del comerciante? La mórbida ilusión de la espera, después vendrán.
Me olvidaba del “devuelto” de los cien pesos, ¿cuánto fue? Veintiocho pesos más el aguinaldo por adelantado de no volver -nunca, jamás- a ese negocio.