#117 ES MUY CARA

A menos que cambien en el corto plazo las condiciones económicas internacionales, la economía dominicana vigente es inviable. Entonces, ¿cuál es el camino a seguir? La respuesta es sencilla y no deja de ser paradigmática: el ahorro. Hoy, en consecuencia, el modelo económico viable debe sostenerse en el ahorro, en la frugalidad con tacañería y sin ruindad, en otras palabras, la decidida inclinación a realizar los menores gastos posibles. El objetivo primario en cuestión pretendería en una primera etapa reducir la escala de la economía en 15% del PIB. En valores indexados estaríamos reconvirtiendo 74 mil millones de dólares, PIB estimado actual, a un tamaño de 63 mil millones de dólares, sin menoscabo al crecimiento. Lo que queremos significar en otras palabras es que el tamaño actual de la economía dominicana escapa a nuestras posibilidades, es decir, tanto a la disponibilidad de liquidez domestica como a la gubernamental.
Percibimos con preocupación que se piense y opine con suntuosidad en todos los ámbitos de la vida nacional, con muy poca o casi nada creatividad en el gasto, construyendo sin darnos cuenta probablemente, un país de alto estándar de vida.
Raya en lo imposible y nada práctico que la población subsista del subsidio abierto en casi toda la jerarquía del consumo resumida en electricidad, alimentos y gas propano de cocinar. La idiosincrasia que nos gastamos ayuda poco o casi nada. No duden que al respecto haya conexiones implícitas con el aumento en el índice de suicidio, multiplicación en accidentes de transito, agudización en la ansiedad social, desenfreno en el comercio ilegal en general, y sobre todo la arraigada proclividad a la vida fácil.
Lo que pretendemos argüir con la reducción de la economía dominicana apunta a la aplicación de una política de incentivos de bienes utilitarios de bajo consumo de energía, é incentivo al consumo de bienes suplementarios con el fin de quebrar la actual inelasticidad del gasto. Abundan los ejemplos en la generalidad de los países europeos.
Reaccionemos a tiempo, no nos quejemos ni busquemos el culpable al cabo de cuatro años cuando lo contemplamos reflejado todos los días en el espejo de nuestro cuarto de baño.

#116 MÁS DE LO POCO

Da la impresión que es mucho de lo mismo y más de lo poco, que el Presidente Fernández piensa distinto de la crisis económica actual. Lo cierto es que pasado el discurso las expectativas de los agentes económicos siguen impertérritas. No es el efecto mediático sino un “sacudón” económico lo que requiere el país, ¿es así?
Seguimos pensando que es un buen momento para hacer cambios, probablemente después requiera de mayores esfuerzos. La medida asumida con el salario, la del aumento del 15% del salario mínimo que de seguro se extenderá al sector privado, sería recibida con beneplácito por las grandes mayorías, pero no deja de ser un paliativo frente a la dominante secuela inflacionaria que ha tomado el control de los centros de expendio al detalle: colmados y supermercados. Respecto al reajuste salarial, ¿se esperaba más?, ¿hubiera sido más cónsono con lo esperado el incremento del 25%? En estos momentos el país requiere con premura que la población demande mercancías producidas en el territorio nacional. Habrá que esperar un buen tiempo para que los aumentos salariales justos nutran el deprimido aparato productivo nacional y no el actual, una estructura económica importadora que produce pesos y consume dólares, el negocio de “capa perro” para el gran cúmulo de compromisos y las pocas divisas con que cuenta el país.
En tanto la economía local se reacomoda, el entorno económico internacional luce ríspido para los países dependientes. Cada vez es más sombrío el precio del petróleo, la manipulación es escandalosamente ostensible. Hay una especie de insensibilidad esparcida que nos lleva a pensar que las prioridades internacionales no tienen nada que ver con los problemas de supervivencia humana, con el fin último de la economía. Desde ya visualizamos un conflicto comercial de proporciones entre los bloques económicos vigentes, ¿síntoma de la inoperancia de los actuales tratados de libre comercio? La lucha existente es de pocos enquistados en intereses comerciales, de sumas astronómicas de dinero envueltas que derivan necesariamente en los vaivenes de la política actual.
Resta a los dominicanos no perder esa sana actitud de apego a la vida que ayuda al distendimiento y que hace más llevadero el trabajo diario en lo que vienen tiempos mejores.

#115 GERMEN DE PSICOSIS COMERCIAL

Progresivamente la población va reduciendo los atributos de mercado, ese status que caracteriza el consumo de la estructura comercial actual. El resultado es el notorio ausentismo de la gente en tiendas y colmados, supermercados y centros comerciales. La causa real de la hecatombe empresarial es el olvido imperdonable del ingreso de la población. Visto al desnudo, el problema corresponde esencialmente al empresario, porque quiérase o no su fin último es contar con un fuerte y numeroso mercado de consumo, sostenerlo a punta de servicios y garantizar su crecimiento permanente. Cuando se dilucida un aspecto económico como el salario se está tocando fibras muy sensibles para la estabilidad presente y futura del empresario dominicano, me refiero a la salud del mercado. La cualquierización del salario como tema recurrente de agenda ha ocurrido por el consuetudinario énfasis, a todas luces equivocado, de considerarlo como un gasto. La cultura empresarial vigente en estos lares está en reducir gastos apuntando principalmente al salario, para avocarse en alocada tarea al recorte de todo lo que “hieda” a gastos, derivando en consecuencia en una psicosis empresarial. No podemos generalizar, pero el mercado está allí, languideciendo, sin doliente aparente.
¿Cuánto tiempo puede aguantar el sector empresarial perdiendo dramáticamente mercado, esto es, en otras palabras, reduciéndose impenitentemente el salario real de los consumidores? Los grados de tolerancia en la economía son impredecibles.
Mientras tanto las estadísticas de mercado-consumo van variando día a día y la subsistencia cobijándose cada vez más en los bienes suplementarios, casi siempre de factura informal y en muchos casos de elaboración casera.
No hace mucho tiempo, cuatro años a lo más, disponíamos de un mercado de cuatro millones de consumidores en nueve millones de habitantes. Esto invariablemente ha variado hacia la baja. Quizá, sino se atiende el problema salarial a tiempo, veremos polarizados ocho millones de dominicanos luchando por subsistir y dos millones, el mercado reducido, atrapados en la economía informal, y lo más insólito: empresarios en huelga de consumidores ausentes exigiendo por decreto el restablecimiento de esa especie económica en extinción.

#114 HAY UN FALTANTE

Sí, hay un faltante financiero, un enorme volumen de dólares que se requiere amasar con carácter de urgencia. No hay duda, sino cómo se explica que patine una suma de leyes económicas de incuestionable certeza. Pues si, estamos en presencia del misterio de chaflán: disponemos de riquezas y pavoneamos de estas más al cabo de un momento y por arte de magia resulta que los dueños pasan a ser otros. Este es el caso que deriva del comercio mundial de petróleo y alimentos básicos. Presumo que se pretenden recoger con prisa y sin pausa considerables millardos de divisas. Lo lógico es recaudarlos a partir de mercancías identificadas tradicionalmente como de demanda crítica, sin dejar de ser éstas sensibles en la merma o en la sobreabundancia. No nos diga nadie ni quieran cogernos de bobos que si reducimos drásticamente el consumo de petróleo, no reducirán sus niveles actuales de precios. Algunas opiniones interesadas aducen que la baja del precio del petróleo es imposible porque, fruto de la inflación, los costos de extracción han variado hacia arriba. Según este supuesto hoy en día es más costoso extraer petróleo. Qué ocurrirá con esos precios pseudo-inelásticos si se desploma la demanda. Ocurriría en forma análoga lo inverso al incremento de costos al desaparecer los móviles que dieron su existencia. Así que ese argumento carece de consistencia y más que una opinión económica, responde a una posición de poder en el actual contexto de desequilibrio geopolítico. No es difícil adivinar en dónde está el faltante financiero si revisamos el curso de los flujos netos de divisas del comercio mundial de petróleo y alimentos básicos.
La reacción de los países pobres ante la crisis de alimentos se dirige a priorizar la producción agropecuaria cueste lo que cueste, en otras palabras, retener la mayor liquidez en divisas, desvirtuando tácitamente los actuales esquemas de comercio en bloque, los llamados TLC. No me cabe la menor duda que primará la razón y la prudencia en las naciones desarrolladas y sobre todo en los que apuestan por una mayor cuota de poder en el escenario mundial. Prolongar el shock económico traería consecuencias impredecibles reverdeciendo las crisis sociales de los años sesenta y setenta, esto es, protestas frecuentes e inestabilidad política, sinónimo de enfrentamientos y totalitarismo.