A menos que cambien en el corto plazo las condiciones económicas internacionales, la economía dominicana vigente es inviable. Entonces, ¿cuál es el camino a seguir? La respuesta es sencilla y no deja de ser paradigmática: el ahorro. Hoy, en consecuencia, el modelo económico viable debe sostenerse en el ahorro, en la frugalidad con tacañería y sin ruindad, en otras palabras, la decidida inclinación a realizar los menores gastos posibles. El objetivo primario en cuestión pretendería en una primera etapa reducir la escala de la economía en 15% del PIB. En valores indexados estaríamos reconvirtiendo 74 mil millones de dólares, PIB estimado actual, a un tamaño de 63 mil millones de dólares, sin menoscabo al crecimiento. Lo que queremos significar en otras palabras es que el tamaño actual de la economía dominicana escapa a nuestras posibilidades, es decir, tanto a la disponibilidad de liquidez domestica como a la gubernamental.
Percibimos con preocupación que se piense y opine con suntuosidad en todos los ámbitos de la vida nacional, con muy poca o casi nada creatividad en el gasto, construyendo sin darnos cuenta probablemente, un país de alto estándar de vida.
Raya en lo imposible y nada práctico que la población subsista del subsidio abierto en casi toda la jerarquía del consumo resumida en electricidad, alimentos y gas propano de cocinar. La idiosincrasia que nos gastamos ayuda poco o casi nada. No duden que al respecto haya conexiones implícitas con el aumento en el índice de suicidio, multiplicación en accidentes de transito, agudización en la ansiedad social, desenfreno en el comercio ilegal en general, y sobre todo la arraigada proclividad a la vida fácil.
Lo que pretendemos argüir con la reducción de la economía dominicana apunta a la aplicación de una política de incentivos de bienes utilitarios de bajo consumo de energía, é incentivo al consumo de bienes suplementarios con el fin de quebrar la actual inelasticidad del gasto. Abundan los ejemplos en la generalidad de los países europeos.
Reaccionemos a tiempo, no nos quejemos ni busquemos el culpable al cabo de cuatro años cuando lo contemplamos reflejado todos los días en el espejo de nuestro cuarto de baño.
Percibimos con preocupación que se piense y opine con suntuosidad en todos los ámbitos de la vida nacional, con muy poca o casi nada creatividad en el gasto, construyendo sin darnos cuenta probablemente, un país de alto estándar de vida.
Raya en lo imposible y nada práctico que la población subsista del subsidio abierto en casi toda la jerarquía del consumo resumida en electricidad, alimentos y gas propano de cocinar. La idiosincrasia que nos gastamos ayuda poco o casi nada. No duden que al respecto haya conexiones implícitas con el aumento en el índice de suicidio, multiplicación en accidentes de transito, agudización en la ansiedad social, desenfreno en el comercio ilegal en general, y sobre todo la arraigada proclividad a la vida fácil.
Lo que pretendemos argüir con la reducción de la economía dominicana apunta a la aplicación de una política de incentivos de bienes utilitarios de bajo consumo de energía, é incentivo al consumo de bienes suplementarios con el fin de quebrar la actual inelasticidad del gasto. Abundan los ejemplos en la generalidad de los países europeos.
Reaccionemos a tiempo, no nos quejemos ni busquemos el culpable al cabo de cuatro años cuando lo contemplamos reflejado todos los días en el espejo de nuestro cuarto de baño.