Un pueblo no puede vivir indefinidamente del endeudamiento externo -situación ésta
en donde el volumen de hipotecas excede el producto de la economía- creciente hoyo
financiero, espiral de empréstitos que succiona gran parte del volumen del empleo y ocasiona el resquebrajamiento masivo de un sinnúmero de empresas, dando al traste con el ansiado desarrollo económico. El costo del endeudamiento es indemnizado
precisamente por la parte más débil del consolidado de los ingresos, esto es, la
endeble producción, resultado de la distorsión
del enfoque, de lo qué es esencialmente el rol económico del empresario
dominicano. Esto es más que obvio, existe el fenómeno financiero del
endeudamiento porque quienes tienen el compromiso moral de generar ingresos y
excedentes en la economía, me refiero a los dueños de los medios de producción,
no producen lo suficiente para sostener la economía isleña, por demás una economía de tamaño moderado. No me refiero al ingreso en pesos, resultado de
la gestión empresarial en el mercado local, moneda que no tiene ningún valor en
las relaciones financieras internacionales. La realidad es otra que el
empresario isleño se niega a ver, mareado por una supuesta solvencia domestica en
medio de la pobreza abrupta del pueblo y sobre todo del gobierno local, debido al desuso crónico
de los medio de producción de la isla. El problema central de la economía dominicana consiste en la sinergia explosiva de la mísera producción y el enconado endeudamiento externo, triste sinfonía de un drama de múltiple metástasis. Por un lado el desempleo rampante que
produce la pobreza extrema en que vive la mayoría de la población de la isla,
secuela manifiesta en delincuencia insostenible, y el tráfico de
estupefacientes. Lo más crítico es la hipoteca de las futuras generaciones,
quienes sentirán el mayor peso del drama, la presencia permanente del lamento de
la escasa visión económica de la actual generación de empresarios dominicanos.
Literatura social publicada semanalmente desde Mayo de 2006 para el diario matutino Hoy de República Dominicana.
#343 CONSUMIR O EXPORTAR
Cuando importamos comprando mercancías de fuera optamos por una conducta consumista, demostrando incapacidad productiva con esa actitud irracional, por tanto no le agregamos riqueza a nuestra isla, todo lo
contrario, estamos gastándola, patrimonio acumulado sin visos de reposición en
el corto plazo.
Hay momentos inflexivos en el tiempo, la aparición de
paradigmas nuevos que cambian la historia de la humanidad. El descubrimiento y colonización
de América, la riqueza del nuevo mundo oxigenó de forma determinante las
principales naciones del viejo mundo de la época, alicaídas por el deterioro de
sus ingresos ante el excesivo gasto de la sociedad de entonces. En otras
palabras, el mercado de consumo del viejo continente estaba en descenso, para
sostenerse el modelo de producción debía conseguir ingresos, que los obtuvo con
la sustracción de la riqueza del nuevo mundo.
El nuevo modelo económico dominicano tendrá que girar alrededor
de la gestión microempresarial, mientras que la empresa formal resarcirá el
deterioro de sus ingresos con la conquista de nuevos mercados, aquellos que
están fuera del territorio de la isla, previa reconversión de sus estructuras
organizacionales hacia la actividad manufacturera. Este hecho es irreversible,
el mercado local no garantiza el sostenimiento de esa parafernalia empresarial
importadora, a menos que pretenda suicidarse abocándose a la alocada carrera de
aumento de precios, hecho que reduciría mucho más sus posibilidades,
fortaleciendo el protagonismo de la informalidad. La microempresa ha resultado
en una expresión de la incapacidad de la
economía de generar el volumen de empleo requerido, el necesario para
garantizar la subsistencia de los que no acceden a la economía formal, a falta
de capacidad de absorción de empleo, la imposición de los requisitos de los
detentadores de la oferta isleña, por demás de muy bajo perfil en cuanto a la generación
de fuerzas productivas.
EL CRITERIO ECONÓMICO DE LA AUSTERIDAD
El recorte del gasto no sólo corresponde al sector oficial, no, es menester
aplicarlo en el conjunto de la economía, nos referimos a los agentes económicos empresariales.
¿Por qué? A menos que se verifique la ampliación de los mercados a partir del
proceso fabril nativo, no se justifica el gasto en moneda extranjera cuyo grueso no
producimos. Está el objetivo prioritario de sanear nuestra economía eliminando
las garrapatas importadoras que succionan los poquísimos recursos financieros en divisas que circulan en la isla.
El gobierno debe replantear las políticas sociales,
particularmente el enfoque. No podemos seguir con las ayudas improductivas, el
llamado gasto social que no produce nada, constituyéndose en el mantenimiento
de la indigencia isleña. La propuesta en cuestión propende la creación del
ministerio de la producción cuya finalidad básica apunta al incentivo decidido
de la microempresa, unidad de subsistencia de carácter social, no como se piensa,
una entidad evasora de impuestos, prejuiciada en la despectiva concepción de la
informalidad.
El problema esencial de la economía dominicana no es la desaceleración
de los mercados, sino el gasto improductivo. Tampoco es problema de crecimiento
económico, sino de desarrollo que requiere la refundación del modelo vigente de
producción.
El recorte del gasto impacta, como es obvio, en el
empleo. Lo que se pretende es la readecuación del PEA afectado. Ahí tenemos el
caso de Francia cuya solidez económica se le atribuye a un fuerte sector
microempresarial. Nadie puede rebatir la solidez de este modelo de gestión productiva
que ha resistido la profunda crisis de la economía europea.
La austeridad sin la contrapartida en creación de
empleos es un sinsentido económico. No confundir el criterio domestico y el
criterio económico de austeridad. La austeridad económica rehúsa lo innecesario
y acoge, con independencia al costo, lo oportuno para el buen ejercicio económico.
#341 ESOS GOBIERNOS SIN CUARTOS
Un gobierno pobre es fiel reflejo de un aparato productivo
modesto, si acaso tímido, de reducido volumen de consumidores, aquellas economías enmarañadas en los míseros mercados locales. ¿Hay coincidencia
con éste, el de la isla? No debemos atribuirle todo el peso de la
ineficiencia económica a la corrupción oficial que probablemente apunta al 2%
del PIB. El mal mayor de la economía dominicana es que no produce, la manufactura
está en el suelo victima de la epidemia de la importación. Vivimos engañados por un tipo deleznable de zona franca que no
responde a los intereses económicos y financieros nacionales, sino al de los países
de origen, que no es propiamente el nuestro. Respecto al turismo ocurre algo
parecido, pues el grueso de divisas fruto de las transacciones comerciales de
ese sector no circula en la isla, sino en los países –España es un caso- de
donde se originan las inversiones turísticas. ¿Este argumento reviste importancia? ¡Oh sí! tal como lo es para una empresa la salud financiera del grueso
de ingresos que circulan a través de sus arcas y libros contables. Contamos sólo, en lo que se refiere a la lozanía financiera de nuestra economía, con
un magro ingreso en divisas expresado en el valor del impuesto que requisa el
gobierno del flujo turístico que pisa suelo isleño. Así no podemos estructurar
un plan de desarrollo, atentos a una hacienda achaflanada del sector turístico. Nuestro planteamiento primario consiste en la reformulación de la ley de inversiones foraneas, más ajustada a las necesidades financieras, en pro del desarrollo económico dominicano. Sospecho que la defensa
actual del planteamiento propositivo del modelo económico exportador por parte
de empresarios locales identificados como exportadores se sustenta en la hipótesis
de coyuntura, en negocios oportunistas. Un sano interés del modelo económico en
cuestión por parte del sector productivo, se manifiesta en proyectos fabriles
de alto valor agregado, cosa que responde a márgenes significativos de
creatividad bajo la sombrilla de inversiones nativas, hecho sin precedentes que coadyuvaría a la fortaleza financiera en divisas, requerimiento de urgencia, impronta incuestionable del futuro promisorio de cada uno de los dominicanos.
#340 MERCADEANDO LA ECONOMÍA
Para entender la economía es cuestión de reproducir vivencias, analizar diversas curvas de experiencia, enfocarse en el estudio de disciplinas conexas, de ese modo podríamos observar la economía en la dimensión correcta. No se trata
de escuchar ruidosas estadísticas de las que sólo quedan los resabios de la
intensión, simulación montada de los futuros contritos pos-generacionales. Insistimos, tal fenómeno social adquiere ribetes atractivos con los
valores reales insertos en su propia naturaleza, sin duda un evento singular.
Si persistimos en la práctica de participar en la resonancia de percepciones
bajo la apreciación subjetiva del gusto, quedará en nuestra intima convicción
el amargo sabor del engaño, cuando no, el escepticismo malsano de la
generalidad, en donde justos pagan por pecadores.
La economía como mercancía de consumo es de digestión
lenta y de rápido efecto, marea los
sentidos, no obstante reconocer su origen abstracto. El marketing, en cambio,
desarrolla preferencias en el conjunto de personas, cuyo logro reditúa en beneficios.
La economía es no menos que el marketing, mientras éste se concreta específicamente en
los negocios, aquella se consuma incuestionablemente en el bienestar
social. En lo pertinente a la economía como bien de consumo, el precio se caracteriza
por la ausencia del peculio, si bien tiene valor de intercambio, el pago de la transacción es un intangible sintetizado en la proclividad a favor del consumidor, la aceptación sin discusión de las proposiciones que componen la oferta. ¿Eso ocurre en
la isla? La disquisición precedente tiene su por qué. Vemos como cosa insólita
la defensa del argumento de una proporcionalidad disímil e incoherente respecto
al PIB y al presupuesto del gobierno al referirnos con inusitado
entusiasmo al 4% para la educación. Cobra vigencia el antiguo refrán de Fernán González "ir por lana y volver trasquilado", ilustrado en la tragicomedia La Celestina, cuyo significado se reduce en ir a buscar un beneficio y salir perjudicado.
Subscribe to:
Posts (Atom)