#166 EL GASTO NO ES EL PECADO

Queremos recordar a la ortodoxia moralista de la isla que el gasto no trasgrede principio económico de importancia para la economía. Contrario a lo que se pueda decir, el gasto es el sustento del crecimiento. El “librito” manda a reactivar la economía, sacudirla del marasmo financiero en que se encuentra, apelando al gasto.
El gasto tiene dos vertientes: el consumo y la inversión. Si existen otras, son el resultado de estas variantes. Las economías atrasadas –obviamos la carga peyorativa del término- requieren de urgencia del rol de mercado, ahora como nunca, lo más definido posible. Un agente económico integrado a la economía a través del gasto, por ende fortaleciendo el alicaído sector productivo dominicano.
¿Ahorro? ¿Para qué? Con los créditos desacreditados, los flujos financieros derivados del empleo engrosarían el sueño de los muertos, convertirían el salario en una moneda de acecho, en manos inescrupulosas cuya deidad pura y simple es la ganancia.
La sombrilla del gasto del cual nadie quiere prescindir, en cambio, todos quisieran verlos aumentados; ese gasto impulsa el empleo. Recordemos el más de 30% de desempleo actual con visos a que siga aumentando, además de menos del 3% del incremento del PIB –mediciones recientes-, que pone en serios aprietos al empresariado local, prestos a hacer lo que sea para reducir el volumen de mercancías de sus almacenes.
El aumento del gasto es conforme a la moral y las buenas costumbres de la ciencia de la escasez, es decir dentro de la ética económica. ¿Qué no la hay? Existe desde que se definió el homo economicus hace algunos cientos de años.
Evocando la frase atemporal, “ser o no ser”, de la obra cumbre de Shakespeare, Hamlet; ¿qué debe optar más dignamente el alma noble?: “inflación o recesión”.

#165 RELIGIÓN EN LA ECONOMÍA

Es incuestionable el poder que ejercen los grupos religiosos en sociedades como la República Dominicana. Si tienen poder, su incidencia en el devenir económico es un hecho tangible; tácito, la evidencia no es siempre su modus operandis. A cuenta de Dios, grupos humanos interesados cargan el pesado fardo de la manipulación, configurando una economía débil y caprichosa.
El sentimiento del mercado de consumo está impregnado del trasnochado trascendentalismo kantiano. Los bienes de consumo impulsan la cultura de la indulgencia, quién no más que la iglesia para liberarnos del remordimiento de conciencia.
El poder es la manzana de la discordia entre la iglesia católica y las iglesias protestantes. Ambas comunidades cristianas se abrogan el derecho del libre albedrio de millones de dominicanos. Están dispuestas a negociar pero sin ceder las prerrogativas que impulsa la vida libidinosa, las miserias humanas que a borbotones emanan de algunos sectores de la sociedad dominicana.
El escenario económico es muy atractivo para la religión. Desde hace algún tiempo las comunidades cristianas han variado la pauta de la pobreza por la opulencia. La pobreza es sinónimo de pecado; los pobres son mal vistos en el cristianismo. Se aspira al neo cristianismo solvente, fuerte, no hay otra razón sino la iglesia granítica a los vientos huracanados de corrientes en defecto por pensar diferente.
La situación económica de crisis es una prueba para las cúpulas cristianas. Se insiste obcecadamente en el espíritu de sacrificio, en los designios divinos, y en el sentido de redención que resultan de los castigos, situaciones indeseables con las cuales hay que convivir.
La economía necesita de urgencia la liberación de ataduras que dinamicen las fuerzas del mercado, con formas de pensar orientadas a los resultados, fuera del alcance de la antípoda “bueno-malo”, manipulación maniquea que perturba, que distrae los agentes económicos de la isla.

#164 ECONOMÍA POLITIZADA

La taxonomía de la comunicación acota en los mensajes comerciales el cliché de "promoción" para diferenciarlos al de "propaganda"; aquellos promueven bienes y servicios y estos, ideas y creencias, tanto en la religión como en la política.
Al margen de las religiones, en la política es donde más se cultiva la actitud de la fe, coyuntura en que se encuentra la República Dominicana.
La población está mecida al ritmo de las promesas, que en definitiva nunca se cristalizan, a pesar de la fe que prodiga la población. De esa manera se logran los mejores indicadores económicos en países pobres como el nuestro, obviando como es lógico el trabajo, factor único, no hay otro, con que se construye una economía.
Pues comenzó temprano a mostrar el refajo el gobierno de Leonel, ante los ojos escandalizados de sectores económicos que pululan, que cobran existencia en los rescoldos de la política dominicana. Ahora resulta que en la actual gestión todo andaba mal, que el gobierno de Miguelito será la panacea de todo el rompecabezas de la economía. Sólo aspiramos a que llegue a tiempo la sensatez, que el velo de la demagogia se deslice rápidamente, que descubra sin ambages la realidad económica en estos cuarenta y ocho mil kilómetros cuadrados de tierra caribeña.
Con el candor más puro que pueda existir en un agregado humano, esta vez sí, si serán satisfechas todas nuestras necesidades personales: comida en abundancia, cero apagones, precios por los suelos, empleo para todos inclusive para el que no quiera trabajar, viviendas a bajo costo, préstamos para el que lo desee, desarrollo del campo y la industria, en definitiva la población boyante. Frente a este sueño económico debemos recordar la triste realidad, que somos un país pobre del Caribe, en convivencia con el más pobre del mundo, Haití. Que el dominicano cuando engrosa la diáspora, es el mejor trabajador del mundo, pero que en su país abandona irracionalmente todas las oportunidades –casos de la agricultura y la construcción- a la urgida mano de obra haitiana. Que se busca denodadamente la vida fácil, la yipeta, la opulencia. Con este panorama reinante, las condiciones para politizar están dadas. Réquiem a los incautos de turno.

#163 ¿CRÉDITO MAL PARADO?

Esa es la realidad del crédito en la República Dominicana: el crédito está mal parado. La gente está renuente a utilizar el crédito, así de sencillo, sino revisen las estadísticas que abundan en los medios. Lo que sería el soporte más estratégico para el desarrollo de las inversiones locales, se torna insoportable. ¿Por qué? ¿Será el pesimismo, fruto del momento, sin justificación aparente? Resulta que el crédito nativo está estructurado como generador de beneficios para la entidad emisora, el banco. Nunca pierde, todo lo contrario, inclusive se ha descubierto que la morosidad es un negocio de increíbles proporciones, auxiliado ahora con la innovación de los call center, además de los centros de referencias de crédito, los no bien recordados “sicla”.
Las reglas no están claras en muchas ocasiones, cuando un solicitante opta por la formalización de una solicitud de préstamo. En general resultan cambiantes, a favor de la entidad crediticia. A lo que nos queremos referir es que el crédito local carece incuestionablemente de equilibrio, quebrándose siempre a favor de la entidad prestamista. Abogamos por un crédito más humano y por ende más funcional, al servicio del desarrollo de la economía del país.
El Banco Central ha reducido el interés activo con la intención de dinamizar al alicaído sector empresarial, pero eso no basta. El resultado aún se está esperando. Pensamos que el principal preocupado por este triste resultado es el sector bancario, ¿es así?
El empresario luce medroso frente al incontrolable riesgo, al ver sus esfuerzos absorbidos alegremente por un mágico algoritmo financiero, inserto en el sistema computacional que al mínimo traspiés del prestatario, aplica automáticamente los indeseables recargos por mora que se capitalizan, viendo el empresarios, con los ojos llorosos, como su deuda crece exponencialmente, sin que nadie, absolutamente nadie lo proteja.
Hay la necesidad urgente del cambio en la política económica en cuanto al manejo de los ahorros de los agentes económicos, poniéndolos indefectiblemente al servicio del desarrollo del país.

#162 LA NUEVA MONEDA PATRÓN: EL TIEMPO

La economía, como todo, varía con el tiempo, que a su vez redimensiona las decisiones a tomar, y como es lógico, nos marca pautas en las prioridades del momento. Como por arte de magia el Estado dominicano es poseedor de Ede-Este, una operación que al decir del presidente Fernández, no fue un acto de compra, es decir, no costó un solo peso. Cuál fue, quisiéramos saberlo, esa ingeniería financiera que nos convirtió de pronto, sin ceder a ningún precio, en propietarios de una distribuidora eléctrica. Pienso que sí desembolsamos recursos, otro tipo de moneda, aquella que transcurre en su propio espacio, deprecia activos y convierten los valores en deudas.
Requerimos de cincuenta años, como lapso de referencia, para superar la crisis financiera que arropa el planeta. Habíamos afirmado en otra columna que el sistema financiero internacional, llámense bancos, habían caído en un vacío existencial, requerían rentar urgentemente la disponibilidad de fondos a falta de los derivados hipotecarios que a la postre resultaron insolventes, con la complicidad de los actores financieros, me refiero a intermediarios y bolsas de valores. Resulta que la República Dominicana dispone de acceso al crédito en medio de la crisis financiera global. Es obvio lo que está ocurriendo, pues las naciones en vías de desarrollo han resultado ser en estos momentos, más rentables que la inversión en documentos comerciales. Observamos con aprensión que los reflujos financieros internacionales responden a un giro en la estrategia de colocación de créditos, a favor de quienes siempre están necesitados de dinero, esto es, los países pobres. El inconveniente que se les presenta es la garantía del retorno del capital más el cobro de la onerosa rentabilidad de la deuda externa, si no cuentan con el auxilio del Fondo Monetario Internacional.