#65 ¿CUANTO CUESTA PRODUCIR UN DÓLAR?

No hay un fenómeno financiero en gestación que necesite tanto de la concurrencia de un amplio grupo de factores como el dólar.
El dólar es la expresión financiera del Comercio Internacional: pagas o cobras, de eso se trata. El fenómeno del Comercio Internacional ocurre por la interacción de dos o más economías, cualquiera que sean y con los bienes que sean. La República Dominicana tiene establecido por tradición el comercio con la vecina República de Haití que reditúa pingues volúmenes de divisas, ¿cuál es el balance comercial de las dos naciones? Lo cierto es que para que ocurra este trasiego de mercancías debe haber condiciones excepcionales de Comercio Internacional. Quizás sea favorable un TLC con Haití para un mayor rendimiento de divisas. Actualmente Cuba quiere insertarse en el plano comercial con República Dominicana. ¿Se ha evaluado el potencial financiero, me refiero a la generación de divisas, de este posible TLC?
Si una economía quiere generar dólares tiene que autoevaluarse, haber si está en capacidad de provocar una corriente de oferta hacia fuera. Esto no basta; además debemos analizar las posibilidades de demanda de las economías con las cuales nos interesa hilvanar un tejido comercial. No hay una sola economía en el mundo que no tenga capacidad de oferta internacional. Los que opinen lo contrario están sugestionados por el mito del asombro, influenciados por la sobredimensión de los mercados internacionales, escondidos en la estrechez del comercio local. La República Dominicana, independientemente de los TLC y las facilidades que pueda conseguir, aun luce medrosa: el empresario local muestra temor al Comercio Internacional; ojalá y no se convierta en fobia. Esto no tiene nada que ver con el potencial económico del país, ¿qué ocurre entonces? Que no contamos con el actor adecuado para este momento tan oportuno, que a través del Comercio Internacional la República Dominicana pueda salir airosa de los compromisos internacionales, me refiero al pago de la deuda externa y la realización de proyectos de desarrollo como el Metro, impulsado con deuda externa, a cuenta de la incertidumbre del alto costo que tendría para las generaciones futuras. Los recursos existen, no hay duda; lo que no hay es la mentalidad exportadora, y es lamentable afirmarlo, pero los hechos están allí, no se pueden ocultar. El resto se torna en una sarta de objeciones, en su gran mayoría coyunturales. Por eso afirmamos que nuestra economía es cerrada. El ave que se acostumbre a la cautividad, rechaza la libertad.

#64 EL PROBLEMA BASICO

El problema básico de la República Dominicana es el enredo que tenemos con temas como la productividad y la competitividad, que lejos de incentivar la interactividad comercial, lo que está ocasionando es el freno ostensible, cuando no la lamentable situación de parálisis en el sistema empresarial dominicano. Sería insensato de mi parte restarle importancia a estos temas, pero pienso que no es el inicio de la madeja, y en consecuencia estamos devanando incorrectamente el hilo empresarial del país.
El tema en cuestión se ha tornado en objeción, ya sea por desconocimiento de la nueva plataforma empresarial o por la subestimación de los recursos disponibles.
Los funcionarios del gobierno que tienen que ver con el TLC insisten en el esquema normativo, asumiendo que por algún lugar hay que comenzar. Entiendo yo que lo que aconseja el momento es la praxis, actuando en dirección hacia las oportunidades, dirigiéndose tras las experiencias, familiarizándose con los mercados del TLC. La sugerencia no es nueva, ya lo habían hecho los japonenses en la década de los cincuenta cuando en hordas se establecieron en los EEUU, el mercado inmediato de los nipones de entonces.
¿Cuánto representaría para República Dominicana el incremento del 10% en las exportaciones a Centroamérica? Estimamos que su equivalente en la reducción de gastos en divisas del país a Centroamérica. La conquista de posiciones comerciales de esta naturaleza sincerezaría una parte significativa de la maquillada apreciación de la moneda dominicana. El impacto significativo en la economía dominicana costaría pesos y no dólares, es decir los pesos que se necesitarían para la producción local, además de los pesos que se liberarían del fisco como incentivo al sector exportador, restituyendo en ingresos los impuestos pagados en su oportunidad por el empresario exportador. ¿Una locura? En absoluto, todo lo contrario, ese peso impositivo liberado se convertiría en una herramienta financiera cuya función sería estimular el flujo de divisas provenientes de mercados externos. China es un buen ejemplo.
Olvidémonos por el momento de poner la carreta delante de los bueyes priorizando las discusiones de productividad y competitividad por encima de la dinámica comercial de los nuevos mercados. El requerimiento de mejorías llegará por su propio peso, no como una condicionante, sino como un recurso lógico de actuación. Debo añadir que la tecnología predominante en los nuevos mercados no es tan exigente como puede suponerse. El consumidor teleceísta espera impacientemente por nosotros.

#63 LA INVERSION EXTRANJERA

Existe la práctica de evaluar el tamaño de los mercados para orientar los capitales foráneos, particularmente aquellos capitales que se dirigen a la industria, en contraposición con aquellos capitales en esencia financieros y cuyo status se desenvuelve en inversiones secundarias o derivadas, llámense inversiones en bonos, colocación de créditos, desde ya capitales especulativos, otros le llaman capitales parasitarios, cortoplacistas y de alto rendimiento, con los cuales el país ha tenido experiencias recientes, recuerden los bonos soberanos.
El mercado dominicano es clasificado como pequeño, no alcanza los cuatro millones de consumidores reales, los seis millones restantes son consumidores dependientes y por ende se reducen en agentes económicos nominales, conocidos como motivadores de consumo. En tal sentido es una categoría de consumo liviana o Light, poco atractiva para los inversionistas extranjeros, son los llamados mercados potenciales de bajo rendimiento. Sin embargo se añade un nuevo ingrediente al momento de evaluar el mercado, esto es el potencial de acceso a nuevos mercados, considerando los privilegios con que cuenta el país objeto de inversión.
El otro aspecto que incide en la Inversión Extranjera es el contexto político, además del modelo económico que respaldarían los capitales foráneos.
Debemos hacer la salvedad que la Inversión Extranjera lo componen capitales que tienen su sede en otras naciones, y por tanto canalizan sus beneficios fuera de la República Dominicana. Pero entonces, ¿el flujo de divisas que produce la inversión extranjera? La realidad es que si hay exportaciones las divisas no pasan por el país. La Ley 16-95 sobre inversión extranjera tiene un vacío en cuanto a que no observa la recurrencia de divisas provenientes de la comercialización internacional de mercancías que se originan en nuestro país.
Un planteamiento muy oportuno en estos momentos pondera la Inversión Extranjera no solo a una simple transferencia de capital, sino al fomento de la transformación de la estructura productiva del país receptor con el objetivo de insertarlo a los mercados internacionales con competitividad. Esta inserción debe ir acompañada de políticas macroeconómicas que promuevan el encadenamiento productivo entre los diferentes sectores económicos nacionales y se diversifiquen las alianzas con otros países, en el marco de incentivos prudentes sin desmedro de la soberanía nacional.

#62 BALANZA COMERCIAL DOMINICANA

Nos podemos confundir a simple vista cuando tenemos frente a nosotros una serie numérica como la balanza comercial. Al observarla nos llama la atención esos números fríos que inspiran respeto de momento, cantidades cargadas de razón de ser, modos confrontados de pensar y de proceder, ¿acaso competitividad? Lo cierto es que pone de manifiesto el cotejo de estados de flujos financieros de distinto origen: la República Dominicana frente al resto del mundo, o si se quiere frente a una región, y de manera más simple con respecto a otra Nación en particular. De hecho no es cualquier estado financiero como estamos acostumbrados a ver, a pesar de que intuimos su composición.
La balanza comercial manifiesta los planteamientos numéricos de las relaciones económicas internacionales bilaterales y/o multilaterales de nuestro país.
¿Cuál es el punto de partida de estos registros? Es obvio, el mercado; otros afirmarán las mercancías y el trasiego, esto es la muda de mercancías de un lugar a otro; y a cuenta de mercancías, ¿cuál es la mercancía última que se pretende? Las divisas, que no es un fin en si mismo, más no se puede obviar tan fácilmente como principal efecto del comercio internacional. Es este aspecto, la captación de divisas, que refleja la parte delicada de la balanza comercial, la sentencia de una sociedad indisoluble, Empresario y Estado, empalmados por una doctrina y una moralidad.
El empresario dominicano no se puede equivocar: la balanza comercial gira alrededor de los mercados. Hay quienes pretenden insertarse en las relaciones comerciales a partir de lo que quiere ofrecer. Cruda realidad que les espera, pues no siempre el mercado muestra coincidencias con el particular interés que mueve al empresario. ¿Conocemos los nuevos mercados habilitados para el empresario dominicano? Demás está afirmar que en los nuevos mercados hay un sin número de oportunidades de generar negocios, independientemente de si somos competitivos o no. Sostenemos que hay mercado para todo tipo de mercancías; es cuestión de verificar este principio comercial antiquísimo.
Para justificar su modorra, algunos empresarios locales se encubrirán con la ley de las ventajas comparativas que concibió el inglés David Ricardo en el siglo XIX. Ricardo concebía las ventajas comparativas a partir de los límites geográficos de una Nación con respecto a otra, concibiendo a un país aislado del resto del mundo. Esto ha cambiado dramáticamente con el proceso de integración, digamos globalización, y el desarrollo intensivo de las comunicaciones.

#61 SUBVALUACION O SOBREVALUACION DEL PESO DOMINICANO

Es obvio que el peso dominicano está manipulado, está frizado, ¿congelado? pues si. De hecho esta circunstancia tiene muchas implicaciones, quizá la más dramática sitúa la economía dominicana suspendida en el aire, en condición de sobrevuelo. Hay quienes afirman que en esta situación no puede mantenerse por mucho tiempo; entonces cabe esperar en cualquier momento un aterrizaje forzoso, ¿cuándo, de qué tipo, con qué intensidad? A pesar de nuestras sospechas, no lo sabemos. Particularmente, a la luz de la sobrevaluación del peso, ¿Cuál será el impacto del aterrizaje de la economía dominicana? Para elucubrar necesariamente debemos contar con experiencias acaecidas en otras economías del mundo.
Es preciso afirmar que cuando subvaluamos la moneda local estamos promoviendo las exportaciones, en nuestro caso el turismo, aplicando además respiración artificial a la alicaída zona franca. Ocurre lo inverso cuando sobrevaluamos la moneda: se abaratan las divisas –el dólar y el euro- privilegiando las importaciones. En otras palabras, la economía de la República Dominicana, bajo esta última condición, muestra un ambiente muy propicio de crecimiento en base a las importaciones. No nos equivocamos; ahí está el informe reciente del comportamiento de la actividad económica, presentado por el gobernador del Banco Central.
Con esto de las importaciones la situación no se le ha ido de las manos al gobierno de turno por el tipo de política fiscal que está aplicando; digamos que el consumo está intervenido, ¿controlado?, bueno, es cuestión de escrúpulos. Sin embargo, el consumidor dominicano todavía dispone de una reducida pero significativa decisión de consumo, aunque de una fracción diezmada, el llamado ingreso real frente al espejismo del ingreso nominal, digamos que el ingreso real anda hoy por hoy cerca del 30% de su valor nominal, el 70 % restante no solo está en impuesto directos, la mayoría son impuestos indirectos más el valor inflado de la distribución, el sector identificado como “el azote de Dios”, supermercados y colmados caracterizados por la ambición desmedida en las ganancias.
La salida correcta de la paridad del peso con las divisas fuertes –dólar y euro- está en el comercio internacional, pero ¿el gobierno se dirige en ese sentido? El comercio internacional es sumamente provechoso, no solamente para enfrentar distorsiones en los precios, disminución de satisfacción y bienestar de los consumidores, sino para una sana y transparente economía monetaria.