#187 POBREZA EMPRESARIAL

No haría bien al quedarme solamente en el concepto tradicional de la pobreza, preferiría explorar otras manifestaciones de la miseria humana, por ejemplo –disparidad en todos los sentidos- aquella que se incuba en la opulencia. Esta no deja de tener categoría económica ni visos de déficit educacional. Si aludimos este fenómeno socioeconómico en el empresario, sumémosle al comentario algo de paradigmático y porque no, un sustancioso ingrediente de idiosincrasia. Caemos en que hay una enjundiosa pobreza en las capacidades humanas cuando la realidad colindante se superpone a la enorme sustantividad del horizonte en su conjunto.
“No hay peor ciego que el que no quiere ver”, reza el adagio. El empresario local actúa como si el mercado comercial fuera una expresión de insularidad, con tanta horizontalidad cual su entorno geográfico. Si estimamos la nación dominicana por el tamaño real del mercado de consumo actual, nos llevaremos la sorpresa de que no coincide con lo que refiere los textos de educación básica al respecto. Probablemente las cifras señaladas deban multiplicarse por diez o más. Cuando lo observamos en un mapa nos damos cuenta que nuestra obnubilación nos arrincona en un círculo vicioso de no más de un cinco por ciento de nuestras potencialidades comerciales. Un sinsentido empresarial de proporciones alarmantes, dañino para el desarrollo y crecimiento del país en grado sumo.
El cambio -lo propugnamos decididamente- de mentalidad en nuestros empresarios, a fin de salir de la pobreza expuesta, se hace urgentemente ostensible. Solo el tenue sopor que provoca la rutina circundante no nos permite ver el amplísimo horizonte comercial que actualmente ostentamos.

#186 INTELIGENCIA COMERCIAL

La semana pasada –recuerden que esta columna, colaboración, sale una vez a la semana, martes o miércoles- lancé la propuesta de la creación de una unidad de Inteligencia Comercial (IC), lógicamente la sugerencia la hacía al gobierno y al empresariado, inquieto como muchos ciudadanos de la isla, cuando observamos de soslayo la economía que nos gastamos, abierta al endeudamiento y la importación, cerrada, empero, a la exportación. Decidimos explicar algo de la Inteligencia Comercial, pues ahí les va.
Requerimos, un input necesario, de información en flujo constante, de los mercados externos de consumo al cual tendríamos acceso desde que se realizaron los convenios multilaterales de libre comercio. Actualmente este recurso está en la informalidad, no está enfocado en función de nuestras necesidades financieras de divisas. La información tiene que ver con el comportamiento de las economías con las cuales vayamos a establecer enlaces. Información de todo tipo, no sólo de carácter comercial. Además el comportamiento demográfico, que van abriendo nuevas necesidades insatisfechas, convirtiéndolas en oportunidades de producción para nuestra economía. Cuidado con la confusión, con el descubrimiento por enésima vez del nuevo mundo por algún incauto, en su creencia de que es la reencarnación de Cristóbal Colón. Esta iniciativa, la IC, no se trata del harto conocido emburujamiento con la información la internet. Esencialmente la unidad de Inteligencia Comercial –en términos figurados equivale a la ubicación de un radar comercial- consiste en una estructura con presencia física en los destinos futuros de nuestros bienes y servicios, aquellos de facturación dominicana, a fin de que el enlace funcione, y en consecuencia pueda abrirse la posibilidad de concretarse la actividad exportadora.

#185 INPLICANCIAS DE LAS EXPORTACIONES

Sí, no sólo implicancia en la secuela sino en la complicidad entre el pueblo y sus necesidades, el Estado con el necesario flujo de divisas y el empresariado, en definitiva el motor exportador de la economía. Entonces no se trata de un ejercicio estadístico de gustos y preferencias de segmentos y nichos de consumidores. Ese no es el significado de la exportación para la República Dominicana ni para ningún país exportador del mundo como se ha venido a definir con ingenuidad, con aquella puerilidad dañina.
La exportación es un asunto de subsistencia para nuestro languidecido país, enmarcada dentro del conjunto de necesidades básicas de la nación de la época actual, la economía del siglo veintiuno.
En tanto apretamos la soga con más endeudamiento externo –el incremento desborda el cincuenta por ciento en cosa de veinticuatro meses- no tenemos salida alguna para amortizar y pagar esa onerosa y enfermiza hipoteca que no sea la misma vía, alternada con cargas fiscales a la diezmada población dominicana.
Venezuela, por citar un caso conocido, dispone de ingresos externos excepcionales comercializando petróleo, inclusive con USA como cliente, políticamente opuestos. El caso de la economía americana que se orienta hacia la reestructuración de su economía tratando de incrementar la participación del aparato productivo en los mercados de consumo externo.
En definitiva afirmamos sin ninguna duda que hay una correlación muy estrecha del endeudamiento externo con la actividad exportadora y el aparato productivo que la sustenta. Es urgente, para nuestro caso, la implementación de una infraestructura de inteligencia comercial en los países miembros de los TLC, CARICOM y Unión Europea para iniciar la exploración de nuestras reales posibilidades en el campo del comercio exterior. Ojalá y se capte la verdadera dimensión de la propuesta en cuestión.

#184 (R077) LOS COLISEOS ROMANOS DE AHORA

Creo que el título que se me ha ocurrido -el que está arriba- puede decir más de lo que va a leer en la cuartilla. Así que le aviso que esté atento a la semántica de tiempo y contenido; por demás considero que es un reto a mi capacidad de síntesis, que lo asumo con cierto gusto.
Lo que nos llama la atención es la política de endeudamiento público, un barril sin fondo, un espectáculo circense, actores del sector oficial esforzándose por justificar el flujo de fondo externos sin aludir ni por asomo el mecanismo de pago, que desde ya presumimos que se hará con reformas fiscales, sin que a nadie se le ocurra reestructurar la economía orientándola a la actividad exportadora, único medio que podría justificar toda la andanada de endeudamiento.
La historia nos reserva el ejemplo por antonomasia, el Coliseo de Roma; ciertamente, la obra más representativa del arte romano construida en el primer siglo de nuestra era. A partir de ahí y durante quinientos años se utilizó para presentar sangrientos espectáculos públicos con especial crueldad: “Fue habitual la lucha de los gladiadores, los cuales luchaban literalmente hasta morir. En ocasiones, si la gente lo pedía y la máxima autoridad lo permitía, se perdonaba la vida de ambos luchadores. Para ello debían hacer un muy digno combate. Complementaba el espectáculo batallas navales y enfrentamiento entre animales salvajes y personas”.
El coliseo de Roma tiene un símil extraordinario con los actores públicos, particularmente con los actores económicos, políticos y mediáticos. Las formas han cambiado pero en esencia es lo mismo: el pueblo exigiendo a voz en cuello, unos por un gladiador y otros por el otro gladiador.
Dónde están los coliseos romanos de ahora. Nos solemos confundir tomando la vida literalmente; existen, han cambiado de forma espacio-tiempo; debo decir que el pueblo asiste siempre, son ahora los medios de comunicación, atentos y beneficiarios de la tecnología, pero allí están, aun existen los circos; pueden ser los papeles de una revista, lo podemos ver; puede ser la instalación donde se lleva a cabo un juicio, no se aleja de la representación de los actores de aquel tiempo. ¿Qué representa –y qué representaba- el circo romano de aquel entonces y ahora?