No haría bien al quedarme solamente en el concepto tradicional de la pobreza, preferiría explorar otras manifestaciones de la miseria humana, por ejemplo –disparidad en todos los sentidos- aquella que se incuba en la opulencia. Esta no deja de tener categoría económica ni visos de déficit educacional. Si aludimos este fenómeno socioeconómico en el empresario, sumémosle al comentario algo de paradigmático y porque no, un sustancioso ingrediente de idiosincrasia. Caemos en que hay una enjundiosa pobreza en las capacidades humanas cuando la realidad colindante se superpone a la enorme sustantividad del horizonte en su conjunto.
“No hay peor ciego que el que no quiere ver”, reza el adagio. El empresario local actúa como si el mercado comercial fuera una expresión de insularidad, con tanta horizontalidad cual su entorno geográfico. Si estimamos la nación dominicana por el tamaño real del mercado de consumo actual, nos llevaremos la sorpresa de que no coincide con lo que refiere los textos de educación básica al respecto. Probablemente las cifras señaladas deban multiplicarse por diez o más. Cuando lo observamos en un mapa nos damos cuenta que nuestra obnubilación nos arrincona en un círculo vicioso de no más de un cinco por ciento de nuestras potencialidades comerciales. Un sinsentido empresarial de proporciones alarmantes, dañino para el desarrollo y crecimiento del país en grado sumo.
El cambio -lo propugnamos decididamente- de mentalidad en nuestros empresarios, a fin de salir de la pobreza expuesta, se hace urgentemente ostensible. Solo el tenue sopor que provoca la rutina circundante no nos permite ver el amplísimo horizonte comercial que actualmente ostentamos.
“No hay peor ciego que el que no quiere ver”, reza el adagio. El empresario local actúa como si el mercado comercial fuera una expresión de insularidad, con tanta horizontalidad cual su entorno geográfico. Si estimamos la nación dominicana por el tamaño real del mercado de consumo actual, nos llevaremos la sorpresa de que no coincide con lo que refiere los textos de educación básica al respecto. Probablemente las cifras señaladas deban multiplicarse por diez o más. Cuando lo observamos en un mapa nos damos cuenta que nuestra obnubilación nos arrincona en un círculo vicioso de no más de un cinco por ciento de nuestras potencialidades comerciales. Un sinsentido empresarial de proporciones alarmantes, dañino para el desarrollo y crecimiento del país en grado sumo.
El cambio -lo propugnamos decididamente- de mentalidad en nuestros empresarios, a fin de salir de la pobreza expuesta, se hace urgentemente ostensible. Solo el tenue sopor que provoca la rutina circundante no nos permite ver el amplísimo horizonte comercial que actualmente ostentamos.