¿Cómo se crece con el actual modelo económico isleño? Con turismo y zona franca, esto es, inversión en pesos y venta en dólares. Se crece con el consumo que genera el empleo que se incorpora a la demanda efectiva de fuerza de trabajo dominicana. Empero, es un crecimiento espurio, una expansión económica chelera. Mientras que insólitamente el rendimiento en divisas, en casi su totalidad, no pisa el territorio de la isla.
El papel del Estado es crucial. Los gobiernos de los últimos cincuenta años no han asumido su rol de inducir la industrialización, asumiendo políticas económicas dubitativas, tendentes a resolver el gasto clientelista que deriva del ejercicio político, convirtiendo el eje económico en la dicotomía fisco-empréstito. Es ahí en donde se ha alineado la praxis gubernamental. Entonces no hay que ser adivino para darse cuenta que el mínimo esfuerzo consiste en que produzca otro, y se induzca la venta, el consumo. ¿No quieren crecimiento? Ahí está el modelo en cuestión: simple, inmediatista y dependiente.
¿Las estadísticas? Bueno, no cabe duda, se alinean con pasmosa perversidad, números que satisfacen a cabalidad al FMI, porque esta entidad no busca que las naciones en apuros resuelvan sus problemas económicos progresando, es decir, desarrollándose, eso no; su negocio –ocupación- es aupar la importación de sus clientes, consolidando así el desarrollo industrial de sus socios principales, a la vez que fortalece la dependencias en las naciones consumistas, a la postre, la fuente de recursos frescos con que cuenta permanentemente. Así, la pobreza, el llamado tercer mundo, se prolonga indefinidamente en beneficio de la industria dominante.
El papel del Estado es crucial. Los gobiernos de los últimos cincuenta años no han asumido su rol de inducir la industrialización, asumiendo políticas económicas dubitativas, tendentes a resolver el gasto clientelista que deriva del ejercicio político, convirtiendo el eje económico en la dicotomía fisco-empréstito. Es ahí en donde se ha alineado la praxis gubernamental. Entonces no hay que ser adivino para darse cuenta que el mínimo esfuerzo consiste en que produzca otro, y se induzca la venta, el consumo. ¿No quieren crecimiento? Ahí está el modelo en cuestión: simple, inmediatista y dependiente.
¿Las estadísticas? Bueno, no cabe duda, se alinean con pasmosa perversidad, números que satisfacen a cabalidad al FMI, porque esta entidad no busca que las naciones en apuros resuelvan sus problemas económicos progresando, es decir, desarrollándose, eso no; su negocio –ocupación- es aupar la importación de sus clientes, consolidando así el desarrollo industrial de sus socios principales, a la vez que fortalece la dependencias en las naciones consumistas, a la postre, la fuente de recursos frescos con que cuenta permanentemente. Así, la pobreza, el llamado tercer mundo, se prolonga indefinidamente en beneficio de la industria dominante.