Tiene aún sus bemoles esto de la dimensión económica de
la isla, no nos referimos solamente al ámbito privado de la economía sino al
espacio estatal, repito, el tamaño desordenado de sus instituciones, en donde,
sin duda, reside el grave problema de la deformación del gasto, raíz ésta derivada
del politiqueo demagógico de seudos compromisos políticos. El excesivo gasto
gubernamental enquistado en la economía es grave problema que deriva en anomalía
parasitaria de alteraciones enfermizas, reductor a su vez de la comprobada capacidad
endeble del gobierno.
Nadie en su sano juicio supondría que la redimensión del
gasto oficial no tendría algún impacto en el crecimiento económico. Se presume
en buen juicio la probabilidad cierta de la redistribución de las fuerzas
laborales, la transferencia del gasto en cuanto a su origen, gasto improductivo
absorbido por operaciones generadoras de riqueza a través de la dinámica
económica. En tal sentido el poder factico podría, si está en su voluntad,
impulsar nuevos escenarios laborales en franca alianza con las fuerzas
productivas, relanzando así la actividad económica.
Sin la especulación necesaria en cuanto a las precisiones
en variación de la dimensión económica, números más números menos, digamos a
priori que el exceso sería un yerro imperdonable que en algún momento pasará
factura. En tanto la minoración constituye a la larga una sana decisión, sin
obviar lo doloroso que pudiera ser en el corto plazo. Ahí están impertérritos los casos recientes de España, Grecia e Italia en reducción drástica de sus economías. De lo que se trata es de
retomar el buen ejercicio económico, ahora en status intrigante de realidad
oculta cuyos fines, se presumen, inconfesables.