#113 POR QUE NO FUNCIONA LA GLOBALIZACION

Partimos nuestro análisis de dos conucos. Uno de ellos, el A, es un conuco de tierra poco fértil, árida, algo se saca de ella para poder subsistir: plátano, yuca y algo de vegetales, pero realmente poco. El otro conuco, el B, de tierra buena, abonada, dispone de canales con los cuales recibe agua permanente, el dueño tiene empleados que lo atienden “todo el tiempo”. El conuco B ha llegado a producir muy bien, cinco veces más que el conuco A. Resulta que el conuco B tiene excedentes, y después de proveer las necesidades de subsistencia tiene posibilidades de vender el excedente con favorables márgenes de beneficios, digamos un 60% por encima de sus costos. En otras palabras, produce a razón de un tercio del costo del conuco A. El conuco A también dispone de algunos excedentes pero a un costo alto. El margen de beneficio si existe no podría ser mayor de un 5%. El dueño del conuco B pretende vender sus excedentes al dueño del conuco A con el argumento de que le resulta más barato –un sofisma económico de proporciones insospechadas- comprar que producir: ¡y eso verdad! Con la venta pretende que no vuelva a cultivar, sino que consuma comprando, ¿¿no produciendo?? En el pueblo se abre una feria y ambos van a vender sus excedentes. El resultado es que el dueño B vende todos sus excedentes a un precio inferior al dueño A, quien tuvo que rematar los víveres por debajo del costo con pérdidas cuantiosas y sin ánimo de volver de nuevo a la feria.
El precio de la subsistencia es alto, pero mucho más alto es el costo de la pobreza, de la dependencia feroz y voraz, el cuadro tétrico de miles y miles de campesinos convertidos en obreros, alimentando las ciudades, los servicios domésticos de casas de familia, y sobre todo recibiendo la injusta paga de los miserables salarios de las empresas de zona franca. De inicio de la década de los noventa a la fecha, año 2008, la población rural de tres millones doscientos mil ha visto reducirse a dos millones quinientos mil, aproximadamente un 8% de incremento poblacional en la ciudad de Santo Domingo, una desintegración brutal del campo dominicano y una intolerable polarización a corto plazo.
A partir de ahora el dueño del conuco A tendrá la responsabilidad encubierta, misión infausta a todas luces, de sostener los costos y los beneficios del conuco B, de mantener su nivel de competitividad a toda costa, esa es la cruda realidad. Lo cierto es que hoy se invoca con carácter de urgencia que todas las tierras disponibles en la República Dominicana se aboquen a producir, a paliar la hambruna que se avecina.
Con este panorama hemos intentado explicar el por qué no funciona la globalización en naciones pobres como la nuestra, el por qué los modelos actuales de comercialización como los TLC, sin las condiciones mínimas requeridas para operar, son simples declaración de intenciones.

#112 APERTURA DE LAS TIENDAS 24 HORAS

La idea no es mala sobre todo ahora que el combustible se está poniendo inconsumible, fruto como todos sabemos de la insana especulación internacional, un futuro sombrío para la humanidad de hoy de ribetes insospechados. La idea primaria es acentuar la competencia a fin de llevar los precios a la baja con el adendum del impacto ostensible en el ahorro de combustibles. Así de sencillo. Por todos es sabido que la concentración de vehículos se multiplica en las horas pico incrementando por ende el consumo de combustible. Nuestro parque vehicular es de aproximadamente dos millones de unidades.
En estos momentos de dificultad económica tenemos que distender los ánimos de la población, ese stress –fatiga emocional- que mata lentamente. Dejemos que la gente planifique su consumo, piense un poco más y ahorre unos pesos que caerían muy bien frente al endurecimiento psicoeconómico. Si le damos a la gente más tiempo disponible para salir de compras, el ahorro en contraste “reburbujará”. La idea es sencilla: decretar la apertura de los establecimientos comerciales 24 horas. Recientemente España lo hizo bajo el argumento de la modernización del comercio. En otras palabras, el comercio estaría abierto día y noche. Un efecto de importancia de esta medida sería la mejora salarial, un aumento potencial del salario nominal debido al mayor flujo laboral, demanda a voces al gobierno de turno del ciudadano común.
¿Cuántas personas trabajan en el sector servicios? De los cuatro millones de personas que componen la Población Económicamente Activa, el comercio concentra un millón aproximadamente, un 25%, proporción bastante significativa si consideramos los dependientes de cada empleado, nos referimos a los miembros de cada hogar que están implícitamente considerados. El efecto es interesante si contamos con los empleos indirectos que se desprenden del sector comercial, con lo cual se amplía mucho más el espectro de la medida económica. Esto de 24 horas de apertura del comercio lo tenemos extrapolado en el sector turístico, básicamente en la hotelería y les va bien. Liberar el comercio para la experiencia española implica la baja de precios que sin duda tendría el mismo efecto en nuestra media isla.
Como podrán notar no todo lo que es posible concebir para amenguar la crisis económica corresponden necesariamente a decisiones de carácter macroeconómicas. En las medidas sencillas, con gran dosis de creatividad, tenemos una fuente de ahorro inmenso.

#111 ¿CONTROL DEL CIRCULANTE?

El aumento del costo del dinero a través del incremento de la tasa de interés bancaria lo que acarrea es la multiplicación del gasto, ese es el impacto inminente. Por eso afirmamos que una medida de política monetaria de ese tipo es inflacionaria, sobre todo para el sector de la población de escasos recursos, los pobres y la clase media empobrecida, la que sostiene brutalmente el efecto del choque financiero. Si escudriñáramos la composición del gasto en un país como el nuestro me atrevería a anticipar que los bienes de la canasta familiar se chupan una gran proporción del circulante. Lo que quiero decir en otras palabras es que el uso común de la moneda dominicana se destina para la subsistencia. Pero hay obviamente otros efectos colaterales no menos importantes. Digamos que el crédito se reduce ostensiblemente llenando de disponibilidad las arcas bancarias. Ahora los bancos tendrán que buscar otros mecanismos alternativos al crédito para compensar sus costos fijos. Un camino expedito es la colocación de recursos en certificados de depósito a plazo fijo en el Banco Central. De un dinero activo en la economía, en manos de agentes económicos dispuestos a “trabajarlos”, pasa a convertirse en un dinero haragán.
Mientras tanto vemos con espanto la reducción drástica del consumo cuyo efecto no menos deseado es la estabilidad de los precios, qué ironía. El sector comercial se verá perjudicado por el nuevo costo del incremento de inventario. Esto como es lógico reduciría la reposición de mercancías y frenará bruscamente la velocidad de rotación, tumbándole el pulso a los beneficios esperados. El gobierno sale también perjudicado: esperemos una merma sustancial de las recaudaciones y por ende los aprestos irracionales de una reforma fiscal a “como de lugar”.
El mensaje que envía el gobierno a la población es que hay que gastar menos, imponer el snob de la frugalidad y con esto tratar con más comprensión los subsidios para que duren más tiempo, sobre todo por la precedencia de la fiesta de gasto que hubo en la reciente campaña electoral que benefició grandemente a muy pocos, cuando no a los sacrificados de siempre: los que hacen del ejercicio de la política su modus vivendis.
En la década de los setenta con la guerra fría en sus buenas se implantó la llamada economía de guerra, que no era otra cosa que resistir ante los embates de coyunturas en extremo difíciles de reducción del gasto, ¿moraleja?: los problemas que vivimos son los problemas que nos buscamos.

# 110 De qué sirve

Se anuncia para estos días un aumento del interés bancario, y esto nos lleva a preocupación por el efecto inflacionario que representa, una variación de los precios en general, sobre todo los precios de los bienes de la canasta básica consumo de la cual depende la subsistencia de la gran mayoría de los hogares dominicanos. Nos hace pensar también que el aumento de interés bancario “friza” los subsidios que hasta ahora y con seguridad el gobierno de turno los sostenía como una medida eminentemente coyuntural, insostenible en el mediano y largo plazo, y por ende compromete definitivamente parte sustancial del presupuesto nacional, a fines de equilibrar, no hay otra manera presta, la economía local. Siempre es posible variar las coyunturas económicas, quizá la más prudente proviene del estimulo a la producción y no al consumo como ocurre actualmente, pero tenemos que contar con la decidida proactividad del empresariado que luce flojo, poco dado a dar que a recibir.
Estamos obsesionados por el crecimiento de la economía y cada vez que revisamos este indicador explotamos en júbilo con cualquier variación positiva. En nuestra situación eso no está mal si lo hiciéramos a partir del desarrollo de la producción exportable. Pero no, nuestro crecimiento es de “pobre calidad” porque lo hacemos a partir de una enfermiza voracidad hacia la importación. En otras palabras, crecemos incentivando el consumo de divisas que no producimos en parte. Así, por el lado del consumo local dependemos de la tasa de interés bancaria “americana”, esto sin contar con el gran fardo de mercancías que se compran en los Estados Unidos.
La banca está presente en toda la economía, no cabe duda. Todos los pesos dominicanos como los dólares van a parar a los bancos. En definitiva la banca pasa a ser un mercado, similar a cualquier establecimiento comercial que compra mercancías diversas para revenderlas. Para los bancos la mercancía con que opera es el dinero, y a éste le pone precio, el interés bancario. El interés es el precio del dinero. Pero no siempre la gestión bancaria tiene un feliz desenlace. Traducido en capital, es decir en inversión, el incremento de interés pasa a ser un “costo de vitrina”: se mira, se desea pero no se puede tocar, es prohibitivo. Sencillamente porque la banca local no tiene sistema ni estrategias para colocar recursos financieros con beneficio a un riesgo aceptable en los mercados demandantes de la pequeña y mediana empresa. En estos mercados la colocación de crédito ha fracasado ostensiblemente.

#109 ASI NO

No hay manera de medir el potencial de exportación de la República Dominicana ni de ningún otro país en el actual esquema de los tratados de libre comercio, los llamados TLC, ¿por qué? Le han dejado todo al empresario nativo. No me refiero solamente al empresario dominicano sino al resto de empresarios, la mayoría de origen centroamericano. Entonces, ¿quiénes se benefician de los TLC? Los empresarios exportadores de tradición, en su generalidad norteamericanos y uno que otro latino. Esa es la realidad monda y lironda.
Exportar en el contexto vigente resulta “caro”. Pero, y el esfuerzo por llegar a acuerdos e institucionalizar a los países compromisarios de los TLC, ¿qué? Bueno, eso está bien en el papel pero en la realidad ocurre otra cosa.
Me refería hace un momento al costo de exportar. Empecemos por la información de mercado de los países que componen los TLC. El escaso desarrollo de las telecomunicaciones por un lado y lo cara que son por otro, hace imposible preparar mercancías globales. Otro aspecto relevante es la compleja diversidad, muy acentuada en la idiosincrasia, hábitos y costumbres de cada país, a pesar de que están en una misma región. ¿Quién va costear los estudios de mercado? Sin duda el empresario nativo. ¿Existen algunas facilidades respecto a la información de mercado, por demás propia a cada proyecto comercializable? No conocemos de entidades de apoyo en tal sentido que sean financiadas por un fondo común. La conclusión a la que arribamos es que exportar es un proyecto de inversión, requiere de inversionistas nativos que asuman los costos y riesgos en cada país signatario de los TLC. No creo equivocarme si afirmo que hay una falta notoria de soportes financieros especializados en exportación, es decir, una estructura bancaria regional al servicio del circuito financiero, requerimiento básico para que circulen las mercancías entre países. Los Estados Unidos disponen de este recurso pero difícilmente los empresarios latinos tengan acceso a esos recursos financieros.
¿Economía de exportación? Definitivamente no la hay, tenemos que prepararla. En medio de estas disquisiciones sería interesante abrir algún mecanismo para determinar qué bienes y servicios de origen dominicano tienen posibilidades reales de comercializarse en mercados externos, medidos a través de una tabla del uno al diez, considerando algunas variables sensibles. Lo cierto es que lejos de incrementarse las exportaciones, en República Dominicana hemos crecido en importaciones, más consumo y menos actividad productiva, ¡qué contraste!