#371 A FALTA DE MERCADO

Conocemos bien lo que está ocurriendo con los huevos  que se producen en la isla. Pues, resulta que con la pérdida del mercado haitiano, lo lógico fuera que se desplomara su precio, pero no ha sido así. Qué ha ocurrido entonces. Existe la  sobreproducción de huevos, de eso no hay duda, éstos se consumen o se dañan, es corto el plazo de la alternativa en cuestión, sólo catorce días, después de dicho plazo nadie aguanta la hediondez del almacén de la granja en donde se ubica su inventario. Por otro lado el mercado de consumo dominicano no puede absorber la referida sobreproducción, está fuera de sus posibilidades de gastos. Sin embargo, ante el referido sobre-inventario, la gente no se explica el por qué del aumento del precio, cuando se esperaba todo lo contrario. Pues, el exceso en el precio sólo encuentra su justificación en el financiamiento de las pérdidas por parte de la población, un crédito sin retorno, lo que Marx identificó como la acumulación originaria, el pueblo sin saber por qué, prohíja las pérdidas del empresario pecuario, riesgo que éste sin ninguna duda tendría que asumir. Debo decirles que tampoco existe en la isla la industria derivada por que no hay actividad exportadora, la opción viable sería la deshidratación ante la coyuntura del exceso de producción que contrarrestaría el ciclo corto de consumo, sin sacrificio al magro, enjuto y flaco ingreso del pueblo isleño. Pero, no hay mentalidad ni actitud al comercio internacional, habiendo mercados inmensos para los derivados del huevo. Bueno, los hueveros, ni tontos ni perezosos, optaron por el financiamiento de sus pérdidas. No fue suficiente el aporte del gobierno en numerario, dación injustificable pues los dineros del fisco, que son del pueblo, no deben ser objeto de comercio, sino primordialmente de inversión social, que no la hay, por eso nuestra pobreza estructural a pesar de la cantaleta recurrente del crecimiento del PIB por parte del banco central. Los hueveros, a falta de mercado, le cargaron las pérdidas al pueblo isleño con el aumento del precio. El gobierno debe intervenir a favor de quienes lo sostienen, la ciudadanía, que no tiene por qué financiar pérdidas por la falta de visión y de orientación comercial.  

#370 UNA OREJITA AL GOBERNADOR

Señor gobernador, grano a grano se llena el buche. La protuberancia inesperada en la prima del dólar ya lo expresaba el Gabo en una de sus celebres obras, La crónica de una muerte anunciada. Pues bien, observamos consternados la reacción de nuestra economía a los cambios bruscos en el orden financiero, me refiero a la sobrevaloración del dólar, la moneda más comercial pero menos apreciada que el peso. Pero cuáles motivos provocaron esta alteración inesperada de la convertibilidad de nuestra moneda, se cuestionaba inquieto el gobernador. Debo decirle que el origen de tal espasmo tiene su explicación en el mayor número de usuarios de divisas de la isla, un proceso perverso de inducción que viene de tiempo atrás, justificado en este pueblo, la isla, que no genera divisas porque no cuenta con industria de exportación. Tome en cuenta gobernador el engrosamiento sistemático de la inversión extranjera, presencia que comercializa en pesos, pues tiene en el pueblo isleño un nicho de mercado, que es distinto a lo que es un segmento de mercado, cuyos beneficios generados en moneda local, convierten sin ningún pudor, dólares que toman un avión y se instalan en otras economías. Otra, la cuota de producción de las empresas de zona franca que se comercializa en pesos en el mercado de consumo local. Le recuerdo que el flujo financiero de las empresas de puerto libre lo componen las divisas. Los pesos no participan como moneda corriente. Pero, entonces qué ocurre con los pesos fruto de la venta de su cuota de producción en el mercado isleño, pues lo convierten en dólares, succionando las pocas divisas que circulan en nuestra economía, acción que se reduce a una simple exportación. La diferencia del caso de la inversión extranjera con esta modalidad  tipificada como un negocio de capa perro, consiste en el origen de la transacción, pues aquella es de beneficios, y ésta es de ingresos por ventas, lo que desproporciona enormemente las divisas repatriadas.

#369 EL PAÍS QUE HEMOS CONSTRUIDO

Me pregunto si es viable otro tipo de economía en nuestra isla. Debo decir que si aspiramos a cambios en nuestro modo de subsistencia, primero debe cambiar la gente, ésta que hace de la economía una entidad viva, no sólo el ciudadano común sino los empresarios, políticos y religiosos, una reforma humana, eso es, tanto en la manera de pensar como de actuar. Si no veamos, echemos un vistazo a nuestro entorno. El malestar generalizado es evidente. Lo que brota de inmediato al escuchar son afirmaciones de cosas tan lejos de lo que es la práctica común. El distanciamiento entre lo que se dice y lo que se hace está diseminado por la isla. La incoherencia es descomunal, marca el compás de una economía difusa, imprecisa, borrosa, poco clara. Así, las expectativas que alguna vez fueron halagüeñas de pronto se tornan en frustraciones. Pero eso no es todo, pues existe lo otro, la preeminencia de los intereses particulares, que abundan sí, revestidos de interés común, un tigueraje de saco y corbata que mina ostensiblemente la convivencia isleña reduciéndola en arisca y en nada amigable. En cuanto a los ingresos, la pretensión generalizada a ser asalariados dura poco, lo suficiente para que se manifieste la mezquindad del empresario, cuya cultura de inversión es prácticamente inexistente, asignando salarios de miseria a cuanto empleado pase por sus manos. Existe la creencia difundida que es un logro el menosprecio a la energía humana no renovable. La pregunta persiste, si bajo estas condiciones es viable otro tipo de economía en la isla. Concluyo, si las condiciones fuesen otras, no me cabe la menor duda. El cambio a otra economía depende en gran medida de su gente, sin distinción de razas, credos, preferencias políticas, clases sociales, edades, en fin, la compleja diversidad  que compone la República Dominicana.