#30 LA APRECIACION DEL PIB

Arribamos casi a finales del 2006 entre brumas y expectativas económicas, algunas halagüeñas y otras no deseables, tal es el caso de la reducción inminente del salario real, un nuevo sacrificio que merma el consumo de la población, sobretodo los que dependen de ingresos fijos, justificado en los compromisos inmediatos del gobierno de turno, aunque huelga decir que son obligaciones propiamente del país. Algunos aducen, no con poca razón, que el gobierno puede mejorar sustancialmente la administración del presupuesto público, particularmente reorientando algunas partidas que tienen que ver con el gasto corriente programable y la supresión de los gastos no programables, innecesarios para el buen funcionamiento del Estado, excepción evidente en las partidas que inciden sensiblemente en el desarrollo social. Se cuestiona con acrimonia la construcción del Metro, proyecto que viene a ampliar la infraestructura social y productiva del país, así como a incrementar el patrimonio del sector público, un proyecto que en su momento contribuirá al aumento de la productividad y al crecimiento de la economía.
Se subestima hasta la saciedad el componente psicológico, las apreciaciones valiosas sobre psicología social aplicadas a la economía de Vernon Smith y David Kahneman, especialistas en psicología económica, Premio Nobel de Economía año 1999, la carga emocional de las medidas económicas a implementar dentro del paquete de reformas económicas, insertando promesas optimistas controvertibles por demás, sobretodo porque el gobierno está en un punto de declive en su credibilidad, y cualquier desliz que deteriore su imagen crearía una crisis de consecuencias no deseables. Por otro lado el cuestionamiento del comportamiento de las versiones recientes del PIB por parte de los diversos sectores económicos ha sido incisivo, punzante, reflejando debilidades en las mediciones económicas del gobierno, situación por demás delicada, sujeta a un sinnúmero de interpretaciones que conllevan a la confusión. Lo cierto es que hemos estado presenciando la apreciación del PIB a través del incremento sostenido en las últimas mediciones, y no precisamente el aumento de la oferta de bienes y servicios que conlleva el volumen de las transacciones presentadas, cálculos que partieron de la reducción del circulante para apreciar también la paridad cambiaria. La apreciación del PIB surge cuando la economía opera con niveles más altos de precios de bienes y servicios, producto de la reducción drástica de la masa monetaria.