No tengo dudas, el raquitismo se apoderó de nuestra economía, se muestra con debilidades propias de un organismo enfermo con trastornos de funcionamiento. Lo que no puedo afirmar, lo que no está visible es la relación causal. Todo luce indicar que su estado de alteración tipifica una endemia, que las medidas tomadas por los diferentes gobiernos de turno tratando de adeliñar las distorsiones enquistadas, lejos de solucionarlas o por lo menos amenguarlas, lo que han hecho es acentuarlas y en algunos casos han invertido el orden regular de las cosas. Mientras esto ocurre recibo distintas explicaciones mediáticas contrapuestas, y obviamente alguien está mintiendo, ¿somos victimas de un estado inconciencia temporal?, de pronto parece que si, o será, me pregunto, cuestión de percepción: un plan simulado entre comunicadores talk-showcistas y tele-políticos; no lo se ni lo puedo afirmar tajantemente, pero a diario lo observo. Tengo por lo menos detectada dos economías; la economía del que “todo está yendo muy bien, somos el país de mayor crecimiento del mundo”; y la otra economía, la economía fuñida, la del que “todo está patas arriba”, el costo de la vida por las nubes y solo hay circulante restringido para algunos grupúsculos voraces, entre otras preciosuras.
Lejos de plantear un determinismo que obviamente no opera en la praxis económica, mucho menos el pesimismo, aunque este estado de ánimo es tentador visto el panorama actual, la esperanza es el cambio, la dinámica muy propia del devenir económico, y con esto la sinergia propia de los pueblos. Lo que nos falta a los dominicanos con cierta urgencia es un plan de desarrollo que trascienda el periodo político de gestión, que no necesariamente tiene que ser el mismo, ¿es un problema de crisis comunicacional? , todo luce indicar que si, que los políticos se hablan pero no se oyen, y esto repercute en la actividad económica, debido al rol del político como agente de decisión en el ámbito de política económica. Si esto no sintoniza con el sector productivo del país, la llamada microeconomía, el esfuerzo de ambos bandos es infructuoso. En este estado de cosas discurre desembarazadamente el síndrome del pretexto poniendo recurrentemente a prueba el sentido común de la gente; y argumentos van y argumentos vienen tratando con denodada insistencia, a punta de sugestiones y de sinrazones, convencernos con afirmaciones a todas luces controvertibles. El dilema está planteado: economía inconcina o economía inconcusa; ser o no ser.
Lejos de plantear un determinismo que obviamente no opera en la praxis económica, mucho menos el pesimismo, aunque este estado de ánimo es tentador visto el panorama actual, la esperanza es el cambio, la dinámica muy propia del devenir económico, y con esto la sinergia propia de los pueblos. Lo que nos falta a los dominicanos con cierta urgencia es un plan de desarrollo que trascienda el periodo político de gestión, que no necesariamente tiene que ser el mismo, ¿es un problema de crisis comunicacional? , todo luce indicar que si, que los políticos se hablan pero no se oyen, y esto repercute en la actividad económica, debido al rol del político como agente de decisión en el ámbito de política económica. Si esto no sintoniza con el sector productivo del país, la llamada microeconomía, el esfuerzo de ambos bandos es infructuoso. En este estado de cosas discurre desembarazadamente el síndrome del pretexto poniendo recurrentemente a prueba el sentido común de la gente; y argumentos van y argumentos vienen tratando con denodada insistencia, a punta de sugestiones y de sinrazones, convencernos con afirmaciones a todas luces controvertibles. El dilema está planteado: economía inconcina o economía inconcusa; ser o no ser.