La idea primaria de “aldea global” nos ubica en un mundo en donde la constante es la interdependencia, la dependencia mutua. Atrás, muy atrás quedaron rezagadas las relaciones de verticalidad, otrora esquema económico predominante. Significa esto que sólo el hecho de existir como Nación, por pequeña o grande que sea, nos lleva a la vinculación horizontal. Entonces el problema básico de coexistencia se reduce a la administración adecuada de la interrelación con el resto de las economías del mundo.
Paradigma reciente, no tan nuevo, McLuhan lo esbozó en la década de los sesenta, de esto hace más de cuarenta años. Los problemas económicos actuales son otros, muy lejos de la crisis de precios internacionales de rublos de consumo masivo como la actual, pues no deja de ser una cuestión principalmente comercial, a lo sumo originada por una recomposición de flujos de consumo, el viejo y conocido problema de quién paga más.
Recientemente hemos prestado oídos a informaciones sobre crisis de precios de productos primarios, bienes agrícolas. Todo apunta a que ha habido una drástica reducción en la producción mundial de rubros agropecuarios, aquellos de gran consumo, el trigo de donde deriva el pan y el arroz por ejemplo. Lo que llama la atención es el carácter global y no regional de la crisis económica. Es obvio que estamos en el punto más bajo de un ciclo económico, haciendo la salvedad que la economía es fluctuante, no es estática ni lineal. Esto es importante saberlo.
Algunos analistas económicos que se han inscrito en la corriente fatalista del “no hay nada que hacer”, ven con exceptisismo la reducción del consumo para acelerar la salida a la depresión económica. Con esta medida tradicionalmente se ha conseguido la opción de mejores precios, ¿por qué no? Bueno, se aduce la inelasticidad de los precios vista la abrumadora demanda actual, sobre todo con la mejora sustancial del ingreso del pueblo chino que garantizaría precios altos por mucho tiempo.
Al margen de la crisis económica mundial, reiteradamente se juega con la información. El gran avance de la tecnología de las comunicaciones ha provocado la reducción del planeta y cambiado la ciencia económica, es la aldea global que rebasó con creces la visión de McLuhan. Se prevé una crisis de credibilidad en los líderes de opinión pública comprometidos. Esto resultaría grosero para el desenvolvimiento económico, considerando el papel catalizador de los orientadores de opinión.
Paradigma reciente, no tan nuevo, McLuhan lo esbozó en la década de los sesenta, de esto hace más de cuarenta años. Los problemas económicos actuales son otros, muy lejos de la crisis de precios internacionales de rublos de consumo masivo como la actual, pues no deja de ser una cuestión principalmente comercial, a lo sumo originada por una recomposición de flujos de consumo, el viejo y conocido problema de quién paga más.
Recientemente hemos prestado oídos a informaciones sobre crisis de precios de productos primarios, bienes agrícolas. Todo apunta a que ha habido una drástica reducción en la producción mundial de rubros agropecuarios, aquellos de gran consumo, el trigo de donde deriva el pan y el arroz por ejemplo. Lo que llama la atención es el carácter global y no regional de la crisis económica. Es obvio que estamos en el punto más bajo de un ciclo económico, haciendo la salvedad que la economía es fluctuante, no es estática ni lineal. Esto es importante saberlo.
Algunos analistas económicos que se han inscrito en la corriente fatalista del “no hay nada que hacer”, ven con exceptisismo la reducción del consumo para acelerar la salida a la depresión económica. Con esta medida tradicionalmente se ha conseguido la opción de mejores precios, ¿por qué no? Bueno, se aduce la inelasticidad de los precios vista la abrumadora demanda actual, sobre todo con la mejora sustancial del ingreso del pueblo chino que garantizaría precios altos por mucho tiempo.
Al margen de la crisis económica mundial, reiteradamente se juega con la información. El gran avance de la tecnología de las comunicaciones ha provocado la reducción del planeta y cambiado la ciencia económica, es la aldea global que rebasó con creces la visión de McLuhan. Se prevé una crisis de credibilidad en los líderes de opinión pública comprometidos. Esto resultaría grosero para el desenvolvimiento económico, considerando el papel catalizador de los orientadores de opinión.