#231 MARASMO ENERGÉTICO

El sistema eléctrico en la República Dominicana no es confiable. Sin ostentar la categoría de materia prima, resulta que como insumo sus costos son prohibitivos, reduce ostensiblemente la posibilidad de desarrollar una estructura productiva para mercados externos, no sólo por los elevados costos que representa en la composición de los bienes a producir, sino la imposibilidad de sostener un suministro continuo de mercancías, requisito esencial si optamos por expandir los mercados.
El suministro eléctrico está politizado. La carga eléctrica dominicana está arropada por los vaivenes de la politiquería de patio, derivando en instituciones cargadas de un dispendio irresponsable, sin ningún sentido de futuro.
El problema eléctrico de algo simple se ha tornado complejo por la cantidad de intereses que se buscan conciliar. El resultado es que no hay a la vista ningún plan viable, salvo los negocios envueltos que la postre nos lleva a ostentar la energía más cara de la región, y una de las más gravosas del planeta.
La situación energética dominicana representa el estado de subdesarrollo en que estamos sumergidos, el cual sino le damos respuesta en un lapso de tiempo prudente, se sumará la pérdida de otros componentes económicos estratégicos para el desarrollo al que todos aspiramos.
Sin energía eléctrica no hay crecimiento económico. Seguiremos en el vicioso marasmo en el que está envuelta la actividad económica, con los consabidos planteamientos a la salida de la crisis energética que nunca llegan, que reiteran la esperanza, dentro del cual se esconde el interés demagógico de captar votos para la elección de los “sin futuro”.

#230 ALGORITMO DE PSEUDO ACREENCIAS

Recurrentemente se confunde la naturaleza de los diversos actores económicos del país como si el daltonismo fuera la norma cuando resulta en craso error. Lo asiduo en esta praxis se vincula con el componente financiero.
El Estado, aunque parezca obvio, no es un agente económico cualquiera. Las deudas, por la amplificada capacidad financiera, no tienen idéntico valor ni la misma capacidad de maniobra que el común de los ciudadanos. Cuando el Estado ostenta una deuda implícitamente la asume todo el país, inclusive a quienes se les adeuda si éstos son dominicanos, ¿por qué? El gobierno, cualquiera que sea, es en esencia una delegación, una jurisdicción que tiene por oficio. En contraste el común de la gente no tiene por qué delegar en nadie sus deudas, debe pagarlas de motus propio. De hecho el manejo de un determinado volumen de obligaciones, cientos y/o miles de millones de pesos o dólares, obedece a principios marcadamente distintos. Fíjense bien que los algoritmos, es decir, el conjunto de operaciones que explican hechos diversos, para los eventos económicos de un país, son diferentes al de una persona física o moral. Además se suman al Estado aspectos sensibles como el poder, ese recurso crítico determinado por la dilatada capacidad de decisión, que configura un agente económico de preeminencia.
El cuasi fiscal y la deuda que conlleva, esa deuda que se inició con el cierre de un mega-banco es una ficción, no existe tal deuda. Hay ficción en la economía cuando se emburuja con la política, de ahí procede la ficción económica.
¿Erogar esas seudo acreencias?, y cómo, si ese volumen de masa monetaria, mal o bien se erogó, en todo caso si ocurre se estaría duplicando una parte del circulante. Esto no lo entiende el común de la gente cuyo sentido común, valga la redundancia, está construido por la rutina del diario vivir, por el empleo y el gasto y no por la ciencia económica.
No sé cuando empezó todo esto, pero la gente tiene la creencia que sabe de economía porque “entiende” las noticias económicas que oye o lee por los medios de comunicación. La economía es mucho más que noticias económicas. Lamentablemente se puede hacer poco al respecto, sobre todo cuando está de por medio la actitud de la creencia, en donde difícilmente penetre la comprensión y la razón.

#229 LA EDUCACIÓN EN SINTESIS

Todo lo demás permanece constante… Ceteris Paribus: Término en latín usado en el análisis económico para variar un factor mientras que el resto permanece constante. En economía se utiliza para significar que todas las variables que podrían influir en la variable de análisis se mantienen inalterables. El supuesto “ceteris paribus” es una herramienta que simplifica la realidad existente, compleja por demás e incomprensible si tratamos de entenderla como un todo y mucho menos si alguien, en algún campo del conocimiento humano, pretenda desenvolverse con cierta habilidad. Pues bien la educación dominicana requiere del ceteris paribus si el gobierno o alguna institución aspiran a ponerla en funcionamiento; así de sencillo y sin exornación.
Escuché al Presidente Fernández afirmar que no basta el componente financiero para llevar a cabo el impulso que requiere la educación dominicana, precisamente el 4% del PIB, que hay ejes tan o más importantes que la vertiente financiera al momento de desarrollar un programa serio de desarrollo educativo. Creo que sería un desliz imperdonable debatir la importancia y por ende la consideración de los ejes de desarrollo de la educación al que alude el Presidente Fernández, son incuestionables y nos sumamos decididamente a su enfoque. Cuando en algún momento nos referimos al 4% del PIB para la educación, lo hicimos defendiendo este componente indispensable, la llamada inversión en educación, sin la cual un programa de desarrollo educativo se reduciría a una declaración de intensiones.
Empero, una cosa va con la otra, no son excluyentes, admitiendo que al defender una de ellas, implícitamente estamos admitiendo que el otro componente es necesario, sin los cuales la educación dominicana se reduciría a papeles, fólderes y gavetas de escritorio.

#228 INQUIETUDES ECONÓMICAS

En reciente encuesta siete de cada diez dominicanos, para ser más precisos el 72%, opinó que la situación económica del país era mala, en medio de un declarado crecimiento del 7% por parte del organismo económico pertinente. Debo colegir de esta afirmación que la economía dominicana no está operando satisfactoriamente para el gran grueso de los dominicanos, y que la parte social de la medición económica, el empleo, no se está reflejando apropiadamente. Se me quedaron algunas inquietudes por responder. A continuación las dejo caer por si a alguien le interesa.
¿Crecimiento económico combinado con el deterioro de la calidad de vida de la población?, ¿eso es posible?;
¿De qué depende la situación económica del dominicano común?;
¿Qué factores están generando la actividad económica del país que no filtra en la población?;
¿Quiénes están participando en las transacciones económicas?;
¿De qué factores depende la mala situación económica del país?;
¿Es que la mayoría de la población está participando minimamente en el mercado del país?;
¿Porqué no se mide el PIB por sectores sociales, en lugar de medirlo por sectores económicos?, ¿cuál sería el PIB de la clase pobre, y cuál el PIB de la maltratada clase media, y el PIB de la clase rica?, ¿es que el PIB como lo medimos actualmente esconde la realidad y no deja ver la economía tal y como es en realidad?;
¿Es común un PIB floreciente en una economía infuncional?;
¿Un PIB de alto crecimiento refleja una economía sana?;
¿Qué relación hay entre los niveles materiales de vida y el PIB?

#227 ECONOMÍA HACIA ADENTRO

La recaudación del gobierno dominicano, se basa predominantemente en un modelo de economía orientada hacia adentro. Detrás del fisco está el interés del gobierno por recaudar más impuestos para cubrir sus necesidades, la mayor proporción en gastos.
Hay tres modelos económicos, uno orientado hacia adentro, otro orientado hacia fuera, y un tercero mezcla de los dos anteriores. Si hacemos una evaluación de los componentes del modelo económico dominicano a partir de la incidencia de éstos en la recaudación del gobierno, fácilmente notamos un modelo económico orientado hacia adentro, impregnado obviamente de las peculiaridades de nuestra cultura e idiosincrasia.
Estos modelos económicos ponderados a partir del fisco, se definen a través de la orientación de la actividad comercial de sus agentes económicos, cuyo destino es el mercado de consumo interno. El mercado dominicano, visto en retrospectiva hasta el momento, es la inspiración y justificación de la existencia vital del empresario dominicano. Para realizar la actividad de comercio compran materia prima e insumos en otras economías, realizando un ejercicio intensivo de importación. En última instancia compran mercancías terminadas para comercializarlas en territorio dominicano, mercancías que ingresan a nuestra economía con todo su valor agregado, en donde poco o casi nada aporta nuestro aparato productivo nacional, y en consecuencia no produce riqueza, es un gasto, no hay activos. Como se podrá apreciar, este modelo económico opera con énfasis en el mercado del consumo interno. El gobierno lo estimula, y no es para menos, pues la cantidad de ingresos que obtiene son generados desde ahí, de la dinámica que muestran los agentes económicos, dependientes en grado sumo del dólar y el euro, que gastan y no producen. Como se notará, el cambio de la economía dominicana hacia un modelo económico orientado hacia fuera, requisito de los TLC, requerirá de otros esquemas de recaudación, inexistentes al momento.

#226 DEFORMIDAD ECONÓMICA

Hace algunos años tuve la oportunidad de compartir con un broker comercial de nacionalidad americana de visita en el país, con precios y beneficios en carpeta ofrecidas al mejor postor, particularmente su oferta se dirigía al sector fabril de textiles con régimen impositivo de exención, llámese zona franca. Al escucharlo me llamó la atención la forma como operaba, garantizando su margen de beneficio personal y precios de “vaca muerta” de confecciones que rebotarían en República Dominicana como productos importados de marca. Era obvio, el canal de distribución mayorista y detallista ahogaba al sector fabril, el negocio del embudo, esto es márgenes exiguos de ganancias al inicio del canal de distribución y ganancias extremadamente altas al otro extremo, donde precisamente se ubicaban los sectores comerciales especuladores, sin el más mínimo escrúpulo por la mayor inversión social y económica del aparato productivo nacional. A partir de esa breve experiencia me formé la opinión de que las empresas de zonas francas desaparecerían en algún momento; mi opinión no ha variado desde aquel entonces y hoy estamos presenciando el aleteo final de un sector nacido de la coyuntura de los mercados internacionales.
La opinión pública se escandaliza, parece imposible, no tiene razón de ser, por qué, si el país necesita producción y empleo, empero se apela a la paridad cambiaria aduciendo motivos locales los causantes de la crisis de las zonas francas, cuando las causas son más complejas y de mayor peso las exógenas.
Las empresas de zonas francas no solo operan a cuenta de un margen de beneficio estructural, es decir, lo que le ofrece la economía del país, sino de márgenes de beneficio coyunturales, básicamente las oportunidades de los mercados con que se vinculan comercialmente.