#294 EL MODELO ECONÓMICO VIGENTE

¿Cómo se crece con el actual modelo económico isleño? Con turismo y zona franca, esto es, inversión en pesos y venta en dólares. Se crece con el consumo que genera el empleo que se incorpora a la demanda efectiva de fuerza de trabajo dominicana. Empero, es un crecimiento espurio, una expansión económica chelera. Mientras que insólitamente el rendimiento en divisas, en casi su totalidad, no pisa el territorio de la isla.
El papel del Estado es crucial. Los gobiernos de los últimos cincuenta años no han asumido su rol de inducir la industrialización, asumiendo políticas económicas dubitativas, tendentes a resolver el gasto clientelista que deriva del ejercicio político, convirtiendo el eje económico en la dicotomía fisco-empréstito. Es ahí en donde se ha alineado la praxis gubernamental. Entonces no hay que ser adivino para darse cuenta que el mínimo esfuerzo consiste en que produzca otro, y se induzca la venta, el consumo. ¿No quieren crecimiento? Ahí está el modelo en cuestión: simple, inmediatista y dependiente.
¿Las estadísticas? Bueno, no cabe duda, se alinean con pasmosa perversidad, números que satisfacen a cabalidad al FMI, porque esta entidad no busca que las naciones en apuros resuelvan sus problemas económicos progresando, es decir, desarrollándose, eso no; su negocio –ocupación- es aupar la importación de sus clientes, consolidando así el desarrollo industrial de sus socios principales, a la vez que fortalece la dependencias en las naciones consumistas, a la postre, la fuente de recursos frescos con que cuenta permanentemente. Así, la pobreza, el llamado tercer mundo, se prolonga indefinidamente en beneficio de la industria dominante.

#293 ECONOMÍA DIVINIZADA

Solemos ser fatalistas; como pueblo, deterministas de los señalamientos de las instancias superiores, un papel forzosamente escrito, ajustado a la dependencia, donde sobre todo prima la pobreza de espíritu. “Sea lo que Dios quiera” pregona la gente ante el mar de calamidades que deriva de una economía al servicio de unos cuantos industriales foráneos, sostenida a la vez por comerciantes locales que definitivamente tienen más que confuso su rol empresarial.
Requerimos urgente de un sistema bancario de divisas que interactúen con el potencial empresario exportador isleño, no existe, por tanto es inexistente la exportación nacional. De ese flujo local de divisas se beneficiarían los diversos agentes económicos, tanto el consumidor como el gobierno, y sobre todo el empresario fabricante.
“Lo primero es lo primero” reza el antiguo adagio cuando se trata de redefinir los roles de un conglomerado social interactuante. Y, ¿qué es lo primero en una economía? Quien no ordene su casa primero, quien tenga escaso o ningún valor por lo propio, lo suyo que es esta isla, a eso me refiero, difícilmente pueda llegar a producir, a ser un fabricante, no cualquier fabricante, que de eso los hay en todas partes, me refiero al sentimiento nativo, a querer lo nuestro por encima de todas las limitaciones que desde ya existen, no sólo aquí, esta barrera es un común denominador en el planeta. El próximo paso es plantearse qué requerimos para desarrollarnos; ¿crecer? No, no, no; el crecimiento es una ficción; tal como se concibe actualmente sólo beneficia a las entidades internacionales de crédito, a esos monstruos de la política monetaria mundial: FMI, Banco Mundial, las naciones del primer mundo que viven de la usura porque son prestamistas internacionales, y por supuesto se suma al endemoniado sistema las no menos disonantes bolsas de valores, toda una parafernalia de especulación financiera que tiene a la civilización maniatada.
Para salir del marasmo económico que nos ahoga debemos dar paso al orgullo con sentido individualista, el rechazo a la imposición de cualquier norma que no derive de nuestro propio criterio. Amén.