#310 INVERSIÓN MAL ESTRUCTURADA

El extrañamiento de YPF, filial de la empresa petrolera española Repsol, en territorio argentino es una medida correcta de la presidente Cristina Fernández. Tanto el gobierno español del derechista Mariano Rajoy, como cualquier nación que respalde inversiones extranjeras de sus capitales nativos, deben saber que en esta época –siglo veintiuno en adelante- la expansión económica de sus naciones no puede –ni debe- financiarse con patrimonio de otros pueblos, sencillamente porque, fruto de la integración planetaria empujada por los avances tecnológicos de la cibercomunicacion, la idiosincrasia –por ende los modos de pensar y actuar- de la sociedad mundial ha cambiado ostensiblemente.
La inversión extranjera está mal estructurada. Existe el mal endémico, en los países en vías de desarrollo, de considerar la inversión extranjera bajo el ejercicio de tiempo indeterminado. Si corregimos este enfoque, los activos creados en el tiempo prudente –no más de quince años- deben revertirse en patrimonio nacional, sin más ni más. Esta medida, sana a todas luces, debe implementarse también en las empresas que operan en territorio isleño bajo el régimen de zona franca, incorporándolas a la manufactura dominicana, que es parte esencial de la economía real, y no como hasta ahora, en una estadística de ficción.
El principio tácito, pero no menos evidente, del desarrollo de las mejoras en que opera toda economía, es una fuerza invisible, creciente e indómita sustentada en la identidad propia. Ahí no caben chantajes revestidos de pseudomoral, cuando se apela a una justicia comercial inexistente como argumento de coacción al imponer la vigencia de una inversión extraterritorial de origen coyuntural. Las inversiones extranjeras son negocios de oportunidad, que lejos de beneficiar a las naciones en donde operan, nutren a las economías de origen.
Llegó el tiempo en la isla de promover la inversión nacional, alejados del malgasto obsecuente en fuerza laboral que no genera riqueza, caso típico de inversiones extranjeras mal estructuradas.

#308 TRANSPORTE DE GENTE O DE BIENES

La idea del planteamiento en cuestión consiste en la dependencia de uno –el transito humano- respecto al otro, el transporte de productos.
El sector agropecuario no es la fuente apropiada de una política de fomento del empleo, ¿Por qué? El valor de la producción agrícola está en concordancia con su productividad, cuyo índice de fuerza laboral es inversamente proporcional a su grado de progreso, particularmente me refiero a la capacidad de absorción tecnológica del sector productivo en cuestión. Empero, es idóneo -en primer lugar- para el suministro de materia prima, y en segundo orden el de bienes de consumo final.

Dos aspectos caracterizan el valor de la agricultura en la isla. Se viene hablando hasta la saciedad sobre la producción de alimentos. Si deseamos avances en el transporte público, nos restaría llevar a cabo la otra función de política económica al sector primario, me refiero a la producción de materias primas para la manufactura nacional. Sin embargo, la productividad agropecuaria está en entredicho con medidas de importación de alimentos del agro, ocurrencia patética en situación de bajo rendimiento a partir de un pobre nivel de empleo vigente en el sector primario.
Para que tome sentido el desarrollo del transporte urbano - sólo contamos con el veinte por ciento de carreteras pavimentadas de un total de veinte mil kilómetros, el resto lamentablemente es de terracería- la manufactura debe estar en franco progreso, cuyo síntoma principal es el creciente volumen de empleo, fuerza laboral que requiere de una política económica de transporte desde los centros de acopio de materia prima hacia los parques industriales implantados en las zonas urbanas.

#307 ESPEJITOS POR ORO

Desplazar la maquinaria azucarera –el trapiche y sus derivados tecnológicos- por una política económica basada en el sector primario, esto es, en la tierra, sea por la vía del agro o por sus atractivos naturales, equivale históricamente a cambiar espejitos por oro. Pues, ni el sector agropecuario ni el turismo representan valores agregados en un mundo globalizado. Mientras no adoptemos otro modelo económico, la isla estará sumida, sencillamente, en la economía política del atraso, una forma insensata de frenar la curva de experiencia tecnologica del progreso dominicano.
La agropecuaria como el turismo –este último en manos de otra economía, ajena a la nuestra-, frente a las amplias potencialidades de desarrollo que representa el sector industrial, manifiestan aquellas el progreso de la tortuga, lento, muy lento, sin visos de cambios sustanciales en el largo plazo.
El error histórico ha consistido en cambiar el progreso que representa el rendimiento hora-máquina por el de hora-hombre, la diferencia en términos de desarrollo económico es del cielo a la tierra. Hemos olvidado que el ejercicio económico del progreso comprende la praxis físico-económica por la que un pueblo puede producir las condiciones materiales para seguir existiendo. Las consideraciones monetarias –circulante, crédito, operaciones bancarias y endeudamiento- son estrictamente secundarias.
Mientras tanto perdemos el tiempo construyendo una economía de cascos y rieles, contando deudas insaldables cuyo negocio es la permanente refinanciación, e inflando irreflexivamente la burbuja estadística del PBI con importaciones masivas. La apariencia del “toda va bien” maquillada con el dinero plástico nos arropa indefectiblemente. En tanto el comercio, sin ningún sentido histórico-económico, juega temerariamente con la endeble salud del pueblo isleño, definitivamente un volumen de consumo irredituable. Loor a la incompetencia.