Inquieta la interrogante si es posible vivir
indefinidamente a cuenta del crédito, si es viable sustentar el equilibrio
económico, que hoy defendemos en forma irreflexiva, disponiendo como eje
principal la hipoteca. El crédito se asemeja a una espiral, comparable a un
fenómeno con vida propia, con capacidad de sostener su crecimiento de forma
independiente. El crédito se multiplica por
naturaleza, pues es de carácter exponencial, si no revisemos cómo ha
crecido en la isla en los últimos veinte años, a razón de un siete por ciento
anual. Lo absurdo es que se esté enfrentando el crédito público con nuevos
créditos. En otras palabras, se está pagando y amortizando el crédito público y
externo con la apertura de nuevos compromisos crediticios. El flujo financiero
de la economía dominicana que administra el gobierno, tanto en pesos como en
dólares es un setenta y cinco por ciento equivalente en créditos, sólo un magro
veinticinco por ciento corresponde a recursos provenientes de los sectores
productivos nacionales. Es decir, que si nos atenemos a lo que produce la
economía isleña, esa cuarta parte del total de ingresos destinados al mantenimiento
de la población, afirmamos que nuestra situación económica es insostenible.
Ocurre otro fenómeno económico que está pasando desapercibido, me refiero al
empleo improductivo, aquel empleo generalizado que no le agrega valor a la
economía, en cambio fortalece el endeudamiento externo apalancando el crédito
público y externo convertido en la fuente principal de los gastos en
importación destinados al consumo de la población. Cuándo se convierte el
empleo improductivo en productivo, cómo frenamos el lado absurdo del crédito.
La respuesta correcta implica necesariamente un cambio de modelo económico, en
cuyo actor principal sea el productor dominicano, convertido en inversionista
de su propio futuro. De lo que se trata es del fomento de la inversión nacional
cuyos ingresos servirían para
contrarrestar el circuito financiero conformado por el crédito.
Literatura social publicada semanalmente desde Mayo de 2006 para el diario matutino Hoy de República Dominicana.
#384 LA PARABOLA DE LOS TALENTOS
Se está en búsqueda de desarrollar el fideicomiso en la
isla. Es una herramienta financiera sana si está bien enfocada, alentadora ante
la falta de sistemas bancarios progresista, no como el nuestro, una banca que
anima el consumo, que no tiene otro interés rentista, en definitiva una banca
de baja estofa. En esencia la fiducia es un acuerdo de largo plazo cuya
finalidad es la administración del riesgo del destino de los fondos de un
tercero. Bien, se puede buscar escenarios crediticios, mal haríamos si optamos
por el gasto en consumo u otra alternativa improductiva. La disyuntiva equivale
a la capacidad de la gente al aprovechar sus talentos, menguar si se quiere las
necesidades en situación de alerta hoy, y en ruindad en el mañana si no
actuamos correctamente. Porque el futuro promisorio es semejante a un pueblo
que llama a los mejores administradores de la isla y les entrega sus preciados
bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y a otro, uno. A cada uno dio
conforme a su capacidad. Después de algún tiempo el pueblo pide arreglar
cuentas con ellos. Cuando se presentó el que había recibido cinco talentos,
trajo otros cinco; el que recibió dos talentos había ganado dos más. El pueblo
elogió a estos administradores y les retribuyó grandemente. Pero el
administrador que había recibido un talento, fue y lo invirtió en cosas
improductivas, mal utilizando el patrimonio que se le confió. El pueblo fue
drástico quitándole los recursos mal invertidos.
El fideicomiso debe ampararse en un proyecto de ley de
fomento a la inversión nacional, cuyo destino es el incentivo al desarrollo de
las exportaciones, único camino para enfrentar el endeudamiento crónico en que
está sumida la isla por una visión estrecha e inmediatista de los gobiernos de
turno. Tomar muy en cuenta que el fideicomiso es un régimen financiero de largo
plazo, que mejor contrapartida para la inversión de esos fondos en proyectos
industriales con soporte tecnológico en pos del desarrollo de nuestra malhadada
economia.
#383 REDISEÑO DEL TRANSPORTE DE MERCANCIAS
La idea del planteamiento consiste en la dependencia de
uno –el transito humano- respecto al otro, el transporte de mercancías. Poco
hacemos con fomentar la producción sino la comercializamos, trasladándola
oportunamente a los centros de consumo urbano. El transporte de carga
ferroviaria se convierte en un factor de progreso de la economía nacional, no
sólo para la producción rural, la reconversión de la incipiente manufactura
isleña exige vías de acceso en los puntos geográficos más alejados y de difícil
acceso.
El sector agropecuario no es la fuente apropiada de una
política de fomento del empleo, ¿Por qué?
El valor de la producción agrícola está en concordancia con su
productividad, cuyo índice de fuerza laboral es inversamente proporcional a su
grado de progreso, particularmente me refiero a la capacidad de absorción
tecnológica del sector productivo en cuestión. Empero, es idóneo -en primer
lugar- para el suministro de materia prima, y en segundo orden el de bienes de
consumo final.
Dos aspectos caracterizan el valor de la agricultura en
la isla. Se viene hablando hasta la saciedad sobre la producción de alimentos.
Si deseamos avances en el transporte público, nos restaría llevar a cabo la
otra función de política económica al sector primario, me refiero a la
producción de materias primas para la manufactura nacional. Sin embargo, la
productividad agropecuaria está en entredicho con medidas de importación de
alimentos del agro, ocurrencia patética en situación de bajo rendimiento a
partir de un pobre nivel de empleo vigente en el sector primario.
Para que tome sentido el desarrollo del transporte urbano
- sólo contamos con el veinte por ciento de carreteras pavimentadas de un total
de veinte mil kilómetros, el resto lamentablemente es de terracería- la
manufactura debe estar en franco progreso, cuyo síntoma principal es el
creciente volumen de empleo, fuerza laboral que requiere de una política
económica de transporte desde los centros de acopio de materia prima hacia los
parques industriales implantados en las zonas urbanas.
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