#252 PETROLEO, CRISIS EN EL INGRESO

El incremento del precio del petróleo es sorprendente. Pudiera colegirse que el aumento desproporcionado obedece al agigantamiento del consumo. No es así. Obedece más que todo al control, al acezo mostrado por los intereses internacionales envueltos.
Sin embargo tenemos la sospecha que el problema es transitorio, que la inestabilidad terminará cuando concluyan las pugnas de poder en el escenario mundial. Fíjense bien que el problema del precio del petróleo deja de ser de consumo para extrapolarse en una cuestión de carácter político.
En lo que respecta a nuestro país el petróleo se reduce a la erogación de divisas, crisis planteada desde hace tiempo y que en esencia no tiene su origen en el gasto sino en el ingreso. Ahora es el petróleo, mañana puede ser la importación de otro rublo como la harina de trigo para la elaboración del pan, o la reducción del flujo turístico, por mencionar dos casos.
El problema de insuficiencia de ingresos de divisas deriva lamentablemente en endeudamiento externo con el consabido baqueteo a las futuras generaciones. En lo inmediato no hay otra manera de agenciarse dólares para sostener nuestros vínculos internacionales. Es el precio que debemos pagar por el mundo interdependiente que nos ha tocado vivir, otros con desdén le llaman globalización, no obstante es una condición indisoluble en esta época.
De ahí la importancia de los TLC como herramienta para la generación de divisas, orientado hasta ahora en la distorsión de facilidades para consumir, es decir, en insuflar mayor creatividad al gasto de la población.
En lo que respecta al petróleo nos resta observarlo, poco podemos hacer. Algunos, no se inspirados en qué, han abogado por explorar las posibilidades de explotación petrolera en el país. ¿Hay petróleo en República Dominicana? Recordemos el petróleo de Charco Largo que el Presidente Antonio Guzmán a finales de los setenta anunció con bombos y platillos. No pasó de ser la expresión de un entusiasmo desaforado de aquel momento.

#251 LIBERTAD O CAUTIVIDAD

No hay fenómeno financiero en gestación que necesite tanto de la concurrencia de un amplio grupo de factores como el dólar.
Si una economía quiere generar dólares debe autoevaluarse, examinar si está en capacidad de provocar una corriente de oferta hacia fuera. Esto no basta; además debemos analizar las posibilidades de demanda de las economías con las cuales nos interesa hilvanar un tejido comercial. No hay una sola economía en el mundo que no tenga capacidad de oferta internacional. Los que opinen lo contrario están sugestionados por el mito del asombro, influenciados por la sobredimensión de los mercados internacionales, escondidos en la estrechez del comercio local.
La República Dominicana, independientemente de los TLC y las facilidades que pueda conseguir, aún luce medrosa: el empresario local muestra temor, fobia al Comercio Internacional. Esto no tiene nada que ver con el potencial económico del país, ¿qué ocurre entonces? Que no contamos con el actor adecuado para el momento oportuno. Si este fenómeno económico ocurriera, la República Dominicana través del Comercio Internacional podría salir airosa de los compromisos internacionales, me refiero al pago de la deuda externa y la realización de proyectos de desarrollo como el Metro, impulsado actualmente con deuda externa, a cuenta de la incertidumbre del alto costo que tendría para las generaciones futuras.
Nuestra economía es cerrada, no hay mentalidad exportadora a pesar que los recursos existen; es lamentable afirmarlo, pero los hechos están allí, no se pueden ocultar. El resto se torna en una sarta de objeciones, en su gran mayoría coyunturales. El adagio,¨el ave que se acostumbra a la cautividad, rechaza la libertad¨aparece de momento infranqueable.

#250 DEUDA EXTERNA

La deuda externa dominicana ha incursionado en una acelerada espiral de abultadas obligaciones que conlleva el compromiso forzoso del reintegro y compensación periódica de dinero. ¿De dónde brota el reembolso? ¿Con quién cuenta el gobierno de turno? De los ingresos de la población. La espiral de pasivos induce a la espiral de amortización. ¿El resultado? Inflación endémica, una amenaza al equilibrio macroeconómico.
Reza la creencia que el que no debe no es gente, incorporando la visión suspicaz ante la falta de historial de crédito. Se colige el principio incongruente que el país no está en bancarrota si accede al crédito internacional o al mercado de valores.
La deuda del país hasta el año 1999 era de cinco mil millones de dólares, hoy ronda los doce mil. Aún así el Banco Mundial califica la República Dominicana un país de deuda sostenible, con índice deuda/exportación del 50% del ratio. El parámetro de insostenibilidad de la deuda es para las economías que superan el 150% del ratio en cuestión.
En esta época se mira con recelo aquel que a nadie debe. En el lenguaje de hoy el crédito habla de la solvencia moral y material y engendra confianza, aunque en ocasiones la codicia y la imprudencia de algunos gobernantes de turno induzcan a un aumento desproporcionado de la deuda, sumiendo a la sociedad al abandono, la deshonestidad y hasta al mismo suicidio.
Se dan casos interesantes en nuestra región, por ejemplo Nicaragua, considerado un país altamente endeudado, con el ingreso bajo e índice deuda/exportación de 2,579%, cifra trece veces mayor para ser un país sostenible. Otro caso es Guatemala, a pesar de que históricamente su deuda ha sido más grande al volumen de sus exportaciones, se considera un país poco endeudado. No diríamos lo mismo de Honduras, endeudado en cinco mil quinientos millones de dólares, ha entrado a formar parte del HIPC ó “Iniciativa para Países Pobres altamente Endeudados”, con el 40% de su población por debajo del umbral de la pobreza y el 25% adulta analfabeta.
La máxima cristiana: “Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra. No debáis a nadie nada” es moralmente ansiada pero en todo caso de muy cuesta arriba en nuestro sistema económico actual.

#249 POBLACIÓN ECONOMATIZADA

República Dominicana está politizada. Sin discusión alguna podemos afirmar que también está “economatizada”. Todos, sin excepción, reducen sus opiniones en datos estadísticos sin advertir, en la mayoría de los casos, el efecto que pudiera insuflar un dato porcentual en la dimensión de un hecho. Otros incursionan en rarezas técnicas de carácter económico, sin advertir que la gente común no es necesariamente, lejos de la realidad, un auditorio académico. Esta deformación de opinión pública es una secuela de la economatización de los dominicanos.
Balzac dispone del titulo sugestivo “Ilusiones perdidas”, que tipifica sin menoscabo de la realidad lo que ocurrirá en Quisqueya con la actividad económica: sencillamente no habrá crecimiento. La burbuja desproporcionada del endeudamiento público estrecha cada vez más los ingresos reales de la población, una ansiedad social In Crescendo.
No nos vamos a morir por eso. Pienso que habrá un valor agregado inestimable: acercarnos a la realidad, alejándonos definitivamente de la imagen enfermiza del espejismo de bienestar sugerida por los economistas de ficción.
Como pocas veces en muchos años dejaremos de pensar en los contrastes socioeconómicos del crecimiento y bienestar, que definitivamente han demostrado hasta la saciedad que no guardan ninguna correlación.
Dejemos que la realidad fluya como el flujo de agua, que nos invada, que gane en consonancia con nuestra manera de actuar, de ver, de vivir en la cotidianidad. Balzac en su obra La Comedia Humana argumenta que las diferentes presiones sociales dan como resultado distintos tipos de seres humanos. Yo le agregaría, además, distintas expresiones de juicios económicos.