El incremento del precio del petróleo es sorprendente. Pudiera colegirse que el aumento desproporcionado obedece al agigantamiento del consumo. No es así. Obedece más que todo al control, al acezo mostrado por los intereses internacionales envueltos.
Sin embargo tenemos la sospecha que el problema es transitorio, que la inestabilidad terminará cuando concluyan las pugnas de poder en el escenario mundial. Fíjense bien que el problema del precio del petróleo deja de ser de consumo para extrapolarse en una cuestión de carácter político.
En lo que respecta a nuestro país el petróleo se reduce a la erogación de divisas, crisis planteada desde hace tiempo y que en esencia no tiene su origen en el gasto sino en el ingreso. Ahora es el petróleo, mañana puede ser la importación de otro rublo como la harina de trigo para la elaboración del pan, o la reducción del flujo turístico, por mencionar dos casos.
El problema de insuficiencia de ingresos de divisas deriva lamentablemente en endeudamiento externo con el consabido baqueteo a las futuras generaciones. En lo inmediato no hay otra manera de agenciarse dólares para sostener nuestros vínculos internacionales. Es el precio que debemos pagar por el mundo interdependiente que nos ha tocado vivir, otros con desdén le llaman globalización, no obstante es una condición indisoluble en esta época.
De ahí la importancia de los TLC como herramienta para la generación de divisas, orientado hasta ahora en la distorsión de facilidades para consumir, es decir, en insuflar mayor creatividad al gasto de la población.
En lo que respecta al petróleo nos resta observarlo, poco podemos hacer. Algunos, no se inspirados en qué, han abogado por explorar las posibilidades de explotación petrolera en el país. ¿Hay petróleo en República Dominicana? Recordemos el petróleo de Charco Largo que el Presidente Antonio Guzmán a finales de los setenta anunció con bombos y platillos. No pasó de ser la expresión de un entusiasmo desaforado de aquel momento.
Sin embargo tenemos la sospecha que el problema es transitorio, que la inestabilidad terminará cuando concluyan las pugnas de poder en el escenario mundial. Fíjense bien que el problema del precio del petróleo deja de ser de consumo para extrapolarse en una cuestión de carácter político.
En lo que respecta a nuestro país el petróleo se reduce a la erogación de divisas, crisis planteada desde hace tiempo y que en esencia no tiene su origen en el gasto sino en el ingreso. Ahora es el petróleo, mañana puede ser la importación de otro rublo como la harina de trigo para la elaboración del pan, o la reducción del flujo turístico, por mencionar dos casos.
El problema de insuficiencia de ingresos de divisas deriva lamentablemente en endeudamiento externo con el consabido baqueteo a las futuras generaciones. En lo inmediato no hay otra manera de agenciarse dólares para sostener nuestros vínculos internacionales. Es el precio que debemos pagar por el mundo interdependiente que nos ha tocado vivir, otros con desdén le llaman globalización, no obstante es una condición indisoluble en esta época.
De ahí la importancia de los TLC como herramienta para la generación de divisas, orientado hasta ahora en la distorsión de facilidades para consumir, es decir, en insuflar mayor creatividad al gasto de la población.
En lo que respecta al petróleo nos resta observarlo, poco podemos hacer. Algunos, no se inspirados en qué, han abogado por explorar las posibilidades de explotación petrolera en el país. ¿Hay petróleo en República Dominicana? Recordemos el petróleo de Charco Largo que el Presidente Antonio Guzmán a finales de los setenta anunció con bombos y platillos. No pasó de ser la expresión de un entusiasmo desaforado de aquel momento.