#220 LOS PROBLEMAS QUE NOS BUSCAMOS

En la década de los setenta con la guerra fría en sus buenas se implantó la llamada economía de guerra, que no era otra cosa que resistir ante los embates de coyunturas en extremo difíciles de reducción del gasto, ¿moraleja?: los problemas que vivimos son los problemas que nos buscamos.
El mensaje que envía el gobierno a la población es que hay que gastar menos, imponer el snob de la frugalidad y con esto tratar con más comprensión los subsidios para que duren más tiempo, sobre todo por la precedencia de la fiesta de gasto que hubo en la reciente campaña electoral que benefició grandemente a muy pocos, cuando no a los sacrificados de siempre: los que hacen del ejercicio de la política su modus vivendis.
Mientras tanto vemos con espanto la reducción drástica del consumo cuyo efecto no menos deseado es la estabilidad de los precios, qué ironía. El sector comercial se verá perjudicado por el nuevo costo del incremento de inventario. Esto como es lógico reduciría la reposición de mercancías y frenará bruscamente la velocidad de rotación, tumbándole el pulso a los beneficios esperados. El gobierno sale también perjudicado: esperemos una merma sustancial de las recaudaciones y por ende los aprestos irracionales de una reforma fiscal a “como de lugar”.
Si escudriñáramos la composición del gasto en un país como el nuestro me atrevería a anticipar que los bienes de la canasta familiar se chupan una gran proporción del circulante. Lo que quiero decir en otras palabras es que el uso común de la moneda dominicana se destina para la subsistencia. Pero hay obviamente otros efectos colaterales no menos importantes. Digamos que el crédito se reduce ostensiblemente llenando de disponibilidad las arcas bancarias.

#219 EL PAÍS IDEAL PARA EXPORTAR

He repensado el tema y la verdad que no encuentro una razón valedera para justificar la arisca actitud del empresario dominicano. Le huye como el diablo a la cruz cuando por asomo advierte el tema de la exportación. Cada vez más me convenzo que existe una sicología isleña. ¿Qué no es así?
Hace algún tiempo hemos venido sosteniendo que no contamos con el perfil de empresario para el desarrollo de un modelo económico exportador. Salvo raras excepciones, nuestros empresarios son esencialmente importadores, y los que no lo son, no les interesa fabricar para mercados externos, convencidos que el mercado local es más que suficiente para sus pretensiones comerciales. Lo que desconocen esos empresarios es que la exportación es mucho más que la mera decisión de vender, involucra otros aspectos de un significado enorme para el devenir del pueblo dominicano. Por ejemplo la calidad de vida, otro, el desarrollo del campo, este, la infraestructura urbana fruto de un contexto económico distinto, insuflado de mayores recursos financieros, sobre todo en divisas, de una mayor cantidad de gente consumiendo, en suma, de una economía más grande en el mismo tamaño de la isla.
¿Qué nos falta? Nada. Lo tenemos todo, inclusive una ubicación excelente para irradiar con suma facilidad el comercio internacional que se nos antoje. Como país somos el pívot ideal para exportar.
¿Aferrarnos al mercado de consumo local? Lo repetiré siempre: es un suicidio para cualquier empresario de mediano desenvolvimiento. La República Dominicana es considerada un mercado pequeño, es muy limitativo, no garantiza ningún crecimiento significativo, lo que empobrece desde ya algún tipo de desarrollo industrial. Bueno, me manifestaran no sin razón que contamos con tratados de libre comercio (TLC), oportunidad excelente para superar este escollo. Yo pensaba igual hasta hace algún tiempo. Pero resulta que los TLC únicamente han servido para incrementar el volumen de importaciones. Exportar no tiene que ver con acuerdos como los TLC. El acuerdo de libre comercio en sí mismo no influye en el desarrollo de la exportación. Ahí están los ejemplos.
Los dominicanos podemos ser en el mediano plazo una nación de inestimable desarrollo exportador. Tanto los mercados como el potencial existen, no así la disposición, ese es el mayor reto al cual hay que avocarse a superar.

#218 EXTRAPOLANDO A FAULKNER

Para no exportar, “los costos” es el pretexto que salva la situación. Sí, los altos costos para exportar que rigen en República Dominicana. Empero, aquellos que apuestan por la exportación consideran como un reto las objeciones de costos, cual sea su origen.
La sentencia que diluye el futuro inmenso de la isla a través del desarrollo de los mercados externos es la estructura de costos que envuelve la producción local. La pregunta surge de pronto –a boca de jarro-, ¿qué vamos a exportar? Si no hay respuesta a esta pregunta, cómo entonces podríamos opinar sobre los costos de producir. Pero además, los precios, el volumen de ventas, el nivel de masificación o selectividad de la mercancía que produciríamos, ni que hablar de la competencia, me refiero a la situación competitiva de la mercancía a fabricar.
Sostengo hasta la saciedad que esto de los costos es “un buen pretexto” del empresario dominicano para evadir, para mostrarle la espalda a la exportación. Al momento de evaluar los tipos de costos, el más relevante es el costo de inserción en los mercados. La inversión que conlleva establecerse en un mercado externo representa un costo de mayor impacto que el costo de producir en territorio dominicano. De ese costo nadie se refiere, porque lo que se busca son privilegios financieros que abulten el beneficio, no se considera ni por asomo la conformación de un portafolio de mercancías para exportación.
Parafraseando a ese menhir de la literatura, William Faulkner, cuando afirma que “…si no es bueno de veras, se engaña diciéndose que carece de tiempo o de libertad económica”. Si no se quiere exportar, se engañan poniendo de pretexto los costos.