El subsidio es lo inverso al impuesto. Mientras éste determina la figura de una obligación a favor del Estado, un ingreso que deriva en el ejercicio de las funciones gubernamentales, aquél es una transferencia, un desembolso que no requiere de ninguna actividad particular al percibirla, es la figura de la contraprestación. El subsidio es un artificio económico, es el principal insumo de los programas sociales, se inspira en la desigualdad, en el sesgo consuetudinario de la distribución de la riqueza de cualquier Nación. Lo cierto es que el subsidio mal aplicado distorsiona la economía, en todo caso son medidas de carácter temporal que no se toman aisladamente, sino forman parte de un conjunto de acciones para un fin específico.
Allí en la naturaleza de la compensación, el corto y largo plazo, el lapso de tiempo, se determina la figura del subsidio. La asistencia y la inversión social se confunden a veces con el subsidio. Cuando alteramos los mecanismos de oferta y demanda o cuando incursionamos con políticas de precios ficticios de bienes y servicios que circulan en los diferentes mercados de la economía, nos preguntamos: y para qué sirven los subsidios. Aquellas leyes, se han dado en otros tiempos, recordamos la ley #171 de Sustitución de Importaciones, fue implementado todo un programa agresivo de subsidios al desarrollo de una estructura productiva que a la postre se parasitó. Quisiéramos entender el subsidio a la Educación, creemos que no son subsidios en el sentido estricto del término, a menos que la “ayuda” se dirija a compensar ingresos a empresarios incompetentes. Me refiero también a los fondos recibidos por el sistema universitario privado previstos en el presupuesto de la Nación, en nada refleja la mejoría del sistema universitario dominicano ni mucho menos en la calidad del egresado, por demás exiguo y sin identidad.
Los programas de asistencia social es otra cosa. Acudir en ayuda a los desvalidos, a la masa indigente es sano y contribuye a una sociedad más humana, más cristiana. Cuidado con confundir la desnaturalización de los subsidios con la entronización de los principios neoliberales de libre mercado, en donde se promueve el devenir económico y social de un país a partir de la regencia de las leyes de la oferta y demanda. Esto sería un suicidio para nuestra modestas Naciones. No hay un solo país en el mundo que adopte esquemas económicos bajo estas premisas absurdas en la praxis, inestimables sin embargo en el análisis y estudio de los fenómenos económicos.
Allí en la naturaleza de la compensación, el corto y largo plazo, el lapso de tiempo, se determina la figura del subsidio. La asistencia y la inversión social se confunden a veces con el subsidio. Cuando alteramos los mecanismos de oferta y demanda o cuando incursionamos con políticas de precios ficticios de bienes y servicios que circulan en los diferentes mercados de la economía, nos preguntamos: y para qué sirven los subsidios. Aquellas leyes, se han dado en otros tiempos, recordamos la ley #171 de Sustitución de Importaciones, fue implementado todo un programa agresivo de subsidios al desarrollo de una estructura productiva que a la postre se parasitó. Quisiéramos entender el subsidio a la Educación, creemos que no son subsidios en el sentido estricto del término, a menos que la “ayuda” se dirija a compensar ingresos a empresarios incompetentes. Me refiero también a los fondos recibidos por el sistema universitario privado previstos en el presupuesto de la Nación, en nada refleja la mejoría del sistema universitario dominicano ni mucho menos en la calidad del egresado, por demás exiguo y sin identidad.
Los programas de asistencia social es otra cosa. Acudir en ayuda a los desvalidos, a la masa indigente es sano y contribuye a una sociedad más humana, más cristiana. Cuidado con confundir la desnaturalización de los subsidios con la entronización de los principios neoliberales de libre mercado, en donde se promueve el devenir económico y social de un país a partir de la regencia de las leyes de la oferta y demanda. Esto sería un suicidio para nuestra modestas Naciones. No hay un solo país en el mundo que adopte esquemas económicos bajo estas premisas absurdas en la praxis, inestimables sin embargo en el análisis y estudio de los fenómenos económicos.