#368 EL CAPITALISMO DE LEONEL

Ningún país industrializado que no se favorezca del comercio suspende las ayudas, colaboración o asistencia a un país importador, que bien podría llamarse cliente, todo lo contrario, las refuerza si persiste el interés comercial. El resto, las coyunturas de negocios, es cuestión de competencia. Actuar con la emotividad nacionalista es un chauvinismo mal orientado, idiosincrasia malsana de quienes no comprenden las fuerzas del mercado que mueven el capitalismo. ¿Mala palabra? Sin ninguna duda expreso que es la doctrina económica que rige el planeta, nos guste o no. En caso contrario sería nadar contra la corriente, cuando la prudencia apunta, si podemos, al provecho de las diversas coyunturas económicas, en beneficio de la subsistencia que nos ha tocado vivir. Cuando observamos la contribución a la educación superior a través de la donación de una universidad, o las ayudas en medicina, seguido de la inversión en construcción de viviendas para las clases desposeídas, o la exportación de empleo, traducida en  presencia permanente de la diáspora haitiana en el lado nuestro de la isla, es de sentido común afirmar que exista un mar de confusiones en la ciudadanía haitiana. Pienso, no sin preocupación, que se conciba la veda haitiana como una situación definitiva, el comercio no funciona así. Esperemos que desarrollen su oferta interna agropecuaria. Como productos perecederos la regularidad de la producción está sujeta a la eventualidad. Cuando la oportunidad aparezca  se restablecerá el comercio nuevamente. Dejemos que funcione el capitalismo de Leonel, no nos desesperemos adoptando medidas innecesarias de corte paternalista, me refiero a la compensación sin visos de retorno, a polleros y hueveros por riesgos propios del comercio. Por Dios, hasta dónde se va estiricar el peso fiscal de nuestro pueblo.  

#367 LOS QUE SE RÍEN CON LAS MUELAS DE ATRÁS

A falta de un mercado comprador, la industria de los países desarrollados se sumiría en crisis. Créanlo, las ayudas de naciones productoras a los pueblos en vías de desarrollo, o la reciente visita del mandatario chino en México, no tiene otro interés que la búsqueda de mercados de compradores para sus empresarios fabricantes. Asunto de subsistencia convertida en jornada patriótica de  gobiernos en donde existe desarrollo de producción fabril que, huelga decirlo, sin consumidores se enseñorearían las dificultades económicas. Pues, Latinoamérica es apreciada por su condición de mercado consumidor, no así de productor o industrial. La categoría de mercado consumidor en oposición al de un mercado productor o industrial avala la creciente y revolvente deuda externa de los países latinoamericanos que protegen y blindan su mercado de consumidores con dólares de deuda externa, inyección de divisas periódicas que deben ingresar a las economías cuyo modelo de subsistencia es el consumo y no la producción, dólares o divisas que no producen, por eso la creciente deuda externa para asistir por la vía del cambio de pesos por dólar en lugar de crédito en divisas a los exportadores que se ríen con las muelas de atrás. Al importador latinoamericano no le cuesta nada, ningún esfuerzo, el volumen de dólares que se engullen para sostener este modelo perverso y anti-nacional identificado como mercado compradores, en otras palabras, el de los consumidores dependientes. Por qué echarle la culpa de nuestros males económicos a los industriales foráneos, pues nadie nos obliga ni conminan a constituirnos en consumidores dependientes. Pero, ojo, ellos, los países industriales son también consumidores, con la diferencia que producen divisas, cosa que no ocurre en los países subdesarrollados, situación que los elevan a la categoría de consumidores independientes.

#366 TODO Y NADA

Cuando allende, en la isla de Santo Domingo, hubo todo y nada. La extrema miseria de la invasión se satisfizo con la inmediatez del encuentro, fueron aquellos humildes nativos, la primigenia raza dominicana. A partir de ese momento histórico la vida humana indígena simbolizó la acumulación originaria caribeña, sin duda los productores reales de aquel entonces. Pero, cómo ocurrió el distanciamiento de los medios de producción y la indiada, oh! Convirtiéndolos en individuos desposeídos, obligados por la fuerza de la ruindad de esos cuya impronta troca en desquicio de su moralidad. No se trata del color, si somos blancos, negros, cobrizas o amarillos, no recuerdo si alguna vez me llamó la atención tal diferencia, más sí existe desigualdad en la mirada de los propósitos, en las voluntades distorsionadoras de la espiral de la historia.

Por qué nuestra pobreza, para ser más precisos, por qué la dependencia, de dónde viene esa mancha monstruosa que nos ciega, convirtiéndonos en mendigos de nuestros propios recursos. La explicación reside en las raíces perversas de aquel encuentro, que lo hubo, tropiezo desigual, desigualdad de relaciones económicas que han seguido su curso hasta nuestros tiempos. No estamos de acuerdo con el predominante modelo económico isleño. Sino, observen la disparidad de la cual somos objeto en los acuerdos económicos internacionales, o a lo interno, la presencia de un esbozo que retuerce nuestra economía, las empresas de zona franca, el pretendido sector industrial dominicano, de cuyos ingresos en divisas se pierde en el remordimiento de una mala negociación que lacera nuestro pueblo, modelo económico que sienta sus bases en la deuda externa y la importación de mercancías, un sector turístico cuyos beneficiarios no son los dominicanos. Las cadenas de la dependencia están tensas, pero no rotas, requerimos apreciar nuestra nación. Cómo salir de la cultura de dependencia, es un reto al cúmulo de energías humanas creativas, la actual generación doliente isleña. 

#365 CUANDO ADÁN MORDIÓ LA MANZANA

A ningún banco se le ha ocurrido este tipo de masificación financiera, les falta estrategias, se han ido por lo más simple: el consumo, el mundo de la fruición, que no guarda coherencia con la naturaleza humana. La riqueza de los pobres es el ahorro, sí, porque sólo el ahorro los redime, ellos lo saben, a pesar de la miseria humana prevaleciente, un derivado de la situación social de crisis que nos gastamos. Pero, ojo, miseria no es pobreza, no confundirlo. Miseria es desgracia, infortunio. Mientras la pobreza está asociada a la necesidad, a la subsistencia. Si un banco les dice a los pobres cómo salir de la pobreza, se llena de dinero. Empero, no lo dicen, porque no saben cómo decirlo, a cambio optan por la miseria del engaño, vendiendo ilusiones consumistas que no tienen nada que ver con lo más preciado de la gente, la dignidad, valor último que redime la pobreza, la condición genética removedora de la vivacidad, del ingenio humano. Allí está la clave, el secreto, sírvanse los bancos con la cuchara grande, esto si lo entienden, en tal sentido aún soy conservador, sino díganme cómo se originó las fortunas más grandes de la historia, sino fue a través de la acumulación originaria, riqueza inicial que observó acuciosamente Marx, el economista. Cito: Esta acumulación originaria desempeña en economía política aproximadamente el mismo papel que el pecado original en la teología. Adán mordió la manzana y con ello, el pecado se posesionó del género humano. Se nos explica su origen contándolo como una anécdota del pasado En tiempos remotos había, por un lado, una elite diligente, y por el otro una pandilla de vagos y holgazanes. Ocurrió así que los primeros acumularon riqueza y los últimos terminaron por no tener nada que vender excepto su pellejo. Y de este pecado original arranca la pobreza de la gran masa que aún hoy, pese a todo su trabajo, no tiene nada que vender salvo sus propias personas y la riqueza de unos pocos, que crece continuamente aunque sus poseedores hayan dejado de trabajar hace mucho tiempo.