#100 FICCION ECONOMICA

Recurrentemente se confunde la naturaleza de los diversos actores económicos del país como si el daltonismo fuera la norma cuando resulta en craso error. Lo asiduo en esta praxis se vincula con el componente financiero.
El Estado, aunque parezca obvio, no es un agente económico cualquiera. Las deudas, por la amplificada capacidad financiera, no tienen idéntico valor ni la misma capacidad de maniobra que el común de los ciudadanos. Cuando el Estado ostenta una deuda implícitamente la asume todo el país, inclusive a quienes se les adeuda si éstos son dominicanos, ¿por qué? El gobierno, cualquiera que sea, es en esencia una delegación, una jurisdicción que tiene por su oficio para que haga y confiera representación. En contraste el común de la gente no tiene por qué delegar en nadie sus deudas y debe pagarlas de motus propio. De hecho el manejo de un determinado volumen de obligaciones, cientos y/o miles de millones de pesos o dólares, obedece a principios marcadamente distintos. Fíjense bien que los algoritmos, es decir, el conjunto de operaciones que explican hechos diversos, para los eventos económicos de un país son diferentes al de una persona física o moral. Además se suman al Estado aspectos sensibles como el poder, ese recurso crítico determinado por la dilatada capacidad de decisión, que configura un agente económico de preeminencia. Ahora bien, esta disconformidad no se da solamente en la ciencia económica.
Recordemos que los principios de Einstein y Newton explican el mismo fenómeno del movimiento, aunque válidos en contextos físicos distintos.
El cuasi fiscal y la deuda que conlleva, esa deuda que derivó del cierre de Baninter es una ficción, no existe tal deuda. Hay ficción en la economía cuando se emburuja con la política, de ahí procede la ficción económica.
¿Erogar esas seudo acreencias?, y cómo, si ese volumen de masa monetaria, mal o bien se erogó, en todo caso si ocurre se estaría duplicando una parte del circulante. Esto no lo entiende el común de la gente cuyo sentido común, valga la redundancia, está construido por la rutina del diario vivir, por el empleo y el gasto y no por la ciencia económica. No sé cuando empezó esto, pero la gente tiene la creencia que sabe de economía porque “entiende” las noticias económicas que oye o lee por los medios de comunicación. La economía es mucho más que noticias económicas. Lamentablemente se puede hacer poco al respecto, sobre todo cuando está de por medio la actitud de la creencia, en donde difícilmente penetre la comprensión y la razón.

#99 UNA NUEVA MONEDA

Las divisas provenientes de los diversos tratados de libre comercio,esto es, los dólares del TLC, requieren de un tecnicismo económico para su comprensión. No se trata de un ingreso sino de una disponibilidad para el Estado. Mientras tanto, en ausencia de la exportación de los TLC no disponemos de más dólares en la economía. Luego, es válido afirmar que se siente un vacío de esas “Divisas-Patria”, o dicho en forma abreviada, la moneda DP.
Aboguemos y promovamos la demanda de los fondos DP, la llamada “Divisas-Patria”. ¿En qué consisten? Es la moneda del TLC, la que producirían los empresarios nativos. De forma similar a lo que ocurre con las remesas de los dominicanos en el exterior, la moneda DP engloba los ingresos que decididamente “accesan” al país, el approach sustentado en el sentimiento patriótico del empresario dominicano, la apología propugnada en la añoranza, donde se redimensiona permanentemente la nacionalidad de toda república. En consecuencia todos debemos abocarnos al apoyo de la producción de las “Divisas-Patria”, en una cruzada por la estabilidad de la economía dominicana y por la tranquilidad de las futuras generaciones.
La moneda DP es la divisa más barata, pues ingresan al país con el único condicionamiento de redimir a los pobres de la República Dominicana. En contraste, las divisas provenientes de la inversión extranjera resultan muy caras debido al elevado condicionamiento sintetizado en el snob de la productividad, la cruda explotación cuando se desvela el forro que la encubre.
No quisiéramos referirnos ni por asomo a los créditos internacionales cuando encomiamos las “Divisas-Patria”, cuya sombra deleznable, el FMI, representa injerencia en la economía.
Un ambiente de mayor disponibilidad de divisas en el entorno económico del país reduciría ostensiblemente la expectativa de endeudamiento, mermaría drásticamente el costo de la vida, y por ende nuestra moneda se apreciaría notablemente. El efecto inmediato lo sentiríamos favorablemente en el sector turístico, con la incursión al turismo de mayor valor agregado. Disponemos para esto de la sustentación idónea al contar con una naturaleza proclive al esparcimiento de excepción. Esto sólo conllevaría la incursión de inversiones de gran calibre, empleo ingente de recursos humanos y la consecución subsiguiente de niveles de especialización de altos ingresos. Es obvio que se sumarían otros aspectos económicos derivados a la luz de las “Divisas-Patria”.

#98 EL PETROLEO

El incremento del precio del petróleo es sorprendente. Pudiera colegirse que el aumento desproporcionado obedece al agigantamiento del consumo. No es así. Pienso que obedece más que todo al control, al acezo mostrado por los intereses internacionales envueltos. Sin embargo tenemos la sospecha que el problema es transitorio, que la inestabilidad terminará cuando concluyan las pugnas de poder en el escenario mundial. El trance en lo inmediato está expuesto en el horizonte americano, me refiero al creciente pero soterrado conflicto entre Venezuela y Estados Unidos. Fíjense bien que el problema del precio del petróleo deja de ser de consumo para extrapolarse en una cuestión de carácter político. Cualquiera pensaría que el dispendio energético se ha apoderado del ciudadano común y corriente, cual galope irracional de un inducido haraquiri. No hay nada más lejos de la realidad. En lo que respecta a nuestro país el petróleo se reduce a la erogación de divisas, crisis planteada desde hace tiempo y que en esencia no tiene su origen en el gasto sino en el ingreso. Ahora es el petróleo, mañana puede ser la importación de otro rublo como la harina de trigo para la elaboración del pan, o la reducción del flujo turístico, por mencionar dos casos. El problema de insuficiencia de ingresos de divisas deriva lamentablemente en endeudamiento externo con el consabido baqueteo a las futuras generaciones. En lo inmediato no hay otra manera de agenciarse dólares para sostener nuestros vínculos internacionales. Es el precio que debemos pagar por el mundo interdependiente que nos ha tocado vivir, otros con desdén le llaman globalización, no obstante es una condición indisoluble en esta época, quienes digan lo contrario pecan de una ensoñación enfermiza. De ahí la importancia de los TLC como herramienta para la generación de divisas. Otros lo han interpretado en la ampliación de facilidades para consumir, es decir, en imprimirle mayor creatividad al gasto de la población. No hay duda que ante la resistencia de nuestros empresarios a exportar, todo se explica en un asunto de tipo cultural. Mientras tanto seguiremos siendo frágiles victimas del bamboleo internacional. En lo que respecta al petróleo nos resta observarlo, poco podemos hacer. Algunos, no se inspirados en qué, han abogado por explorar las posibilidades de explotación petrolera en el país. ¿Hay petróleo en República Dominicana? Recordemos el petróleo de Charco Largo que el Presidente Antonio Guzmán a finales de los setenta anunció con bombos y platillos. No pasó de ser la expresión de un entusiasmo desaforado de aquel momento.

#97 MARCAS

La actividad más importante de la economía es el consumo, que además del trasiego de mercancías de todo tipo, resalta en esta variable el nivel de desarrollo de las instituciones comerciales, particularmente las que se dedican a la distribución, los llamados canales mayoristas y detallistas. En el consumo participan todos los actores económicos, me refiero a la corriente de demanda que sostiene la estructura económica del país. A diario la población se dirige a los establecimientos comerciales a comprar toda clase de mercancías, y esto parece obvio. En el caso de la República Dominicana lo hacemos con criterios muy definidos, ahí tienen ustedes la valoración del precio por encima cualquier atributo del bien en cuestión. Somos un país compuesto por compradores de precios, no necesariamente de mercancías. Esto merece una explicación. El gran grueso de dominicanos hurgamos en el bolsillo antes de indagar por los atributos del producto. Cuando nos referimos a una marca la idea obviamente cambia, el precio pasa a un aspecto secundario. La marca viene a satisfacer otras necesidades que tiene el consumidor pero que casi siempre el empresario de estos lares las ignora, justificando, no sin razón, que el mercado nativo es predominantemente de bajo poder adquisitivo. Sin embargo hemos visto que no es así, que el consumidor cualquiera que sea, exige diferenciación y está dispuesto a pagar si le garantizan las condiciones mínimas de cualidades previamente trabajadas en las mercancías. Lo que ocurre es que hay que invertir y en tal sentido el empresario manifiesta renuencia. Allí están las experiencias. Tenemos los productos genéricos, los “sin marcas”, que han ido reduciendo su presencia ostensiblemente a cambio de sellarlos con una marca. Así se justifica otro precio, en general con un incremento de precio. Las marcas requieren de inversión. En esencia representan un mayor trabajo en aspectos sensibles de la mercancía. Inspiran luego confianza y posteriormente lealtad. Los bienes con marcas blancas, de difusión en años recientes, ¿reúnen los requisitos básicos para considerarlos como productos de marca propiamente? Hay algunos criterios primarios que observan los bienes con marcas blancas, entre ellos la selección y clasificación, además de adjuntarse a un bien de bajo o ningún valor agregado. Difícilmente encontramos marcas blancas en bienes de procesos fabriles complejos. En cambio los casos comunes de uso de marcas blancas se encuentran en productos alimenticios, v.g.: arroz, huevos, pollos, pastas y granos diversos. Volvemos a preguntarnos, ¿son realmente marcas, o qué?