Son inmensos, miles de millones de pesos acumulados por la fuerza laboral isleña. Que, cuántos son. Vaya usted a saber, por ahí anda la estadística. Lo que nos llama la atención, detalle aparentemente intrascendente no tomado en cuenta por el gobierno -entidad acumuladora, acopiadora de los fondos de pensiones- es la creciente expectativa que se viene armando, conformándose en diversos sectores sociales y productivos. Por un lado el cuotahabiente, el empleado, cualquiera que sea. La expectativa del obrero y del empleado por su futuro, a su manera de entender, garantizado por la figura jurídica de la pensión: el sustento de la etapa cesante después de los sesenta años.
Mal manejada la expectativa de la pensión, se confunde irremediablemente con la frustración. ¿El resultado? Un cataclismo social de consecuencias impredecibles. Lo lamentable, es así, la insensibilidad crónica de nuestros políticos en cuanto al manejo de este núcleo social-financiero.
Los fondos de pensiones, al momento, han estado fluyendo en la estructura establecida del mercado financiero isleño, llámese la parafernalia bancaria, si acaso otros destinos financieros de cierto riesgo. Pues, de un fondo de status financiero, pasaría a convertirse en recursos productivos, es decir un ahorro especializado con vocación de capital en terceros cuyo objetivo es la rentabilidad privada. En el sector en cuestión desaparece por completo la sensibilidad social que origina los fondos de pensiones.
Sugiero la reforma de la ley de pensiones, fondos que se traducirían en la creación de un banco, el Banco de Pensiones, de administración tripartita: gobierno, empresa y empleados. En el escenario planteado el uso de los fondos se diversificarían para garantizar el retorno y su correspondiente rentabilidad, sin perder el carácter social que dio su origen.
Mal manejada la expectativa de la pensión, se confunde irremediablemente con la frustración. ¿El resultado? Un cataclismo social de consecuencias impredecibles. Lo lamentable, es así, la insensibilidad crónica de nuestros políticos en cuanto al manejo de este núcleo social-financiero.
Los fondos de pensiones, al momento, han estado fluyendo en la estructura establecida del mercado financiero isleño, llámese la parafernalia bancaria, si acaso otros destinos financieros de cierto riesgo. Pues, de un fondo de status financiero, pasaría a convertirse en recursos productivos, es decir un ahorro especializado con vocación de capital en terceros cuyo objetivo es la rentabilidad privada. En el sector en cuestión desaparece por completo la sensibilidad social que origina los fondos de pensiones.
Sugiero la reforma de la ley de pensiones, fondos que se traducirían en la creación de un banco, el Banco de Pensiones, de administración tripartita: gobierno, empresa y empleados. En el escenario planteado el uso de los fondos se diversificarían para garantizar el retorno y su correspondiente rentabilidad, sin perder el carácter social que dio su origen.