#283 EL BANCO DE PENSIONES

Son inmensos, miles de millones de pesos acumulados por la fuerza laboral isleña. Que, cuántos son. Vaya usted a saber, por ahí anda la estadística. Lo que nos llama la atención, detalle aparentemente intrascendente no tomado en cuenta por el gobierno -entidad acumuladora, acopiadora de los fondos de pensiones- es la creciente expectativa que se viene armando, conformándose en diversos sectores sociales y productivos. Por un lado el cuotahabiente, el empleado, cualquiera que sea. La expectativa del obrero y del empleado por su futuro, a su manera de entender, garantizado por la figura jurídica de la pensión: el sustento de la etapa cesante después de los sesenta años.
Mal manejada la expectativa de la pensión, se confunde irremediablemente con la frustración. ¿El resultado? Un cataclismo social de consecuencias impredecibles. Lo lamentable, es así, la insensibilidad crónica de nuestros políticos en cuanto al manejo de este núcleo social-financiero.
Los fondos de pensiones, al momento, han estado fluyendo en la estructura establecida del mercado financiero isleño, llámese la parafernalia bancaria, si acaso otros destinos financieros de cierto riesgo. Pues, de un fondo de status financiero, pasaría a convertirse en recursos productivos, es decir un ahorro especializado con vocación de capital en terceros cuyo objetivo es la rentabilidad privada. En el sector en cuestión desaparece por completo la sensibilidad social que origina los fondos de pensiones.
Sugiero la reforma de la ley de pensiones, fondos que se traducirían en la creación de un banco, el Banco de Pensiones, de administración tripartita: gobierno, empresa y empleados. En el escenario planteado el uso de los fondos se diversificarían para garantizar el retorno y su correspondiente rentabilidad, sin perder el carácter social que dio su origen.

#282 MERCADO DE EXCEDENTES

Cuando almacenamos no hacemos otra cosa que guardar, acumular volúmenes de mercancías con fines diversos. El almacenamiento es muy común en el ámbito de la previsión. Ahí está el caso de los ganaderos de la isla, supuestamente descapitalizados, en la ostensible indigencia; bueno, pretenden almacenar pasto para tiempos de sequía. Eso está bien, pero, ¿la economía isleña requiere solamente de este tipo de previsión? Lógica y racionalmente que no. ¿Qué pretenden los empresarios pecuarios? Contar con el comercio de mercancías, el ganado pues, todo el año. En definitiva, ser competitivos; el insumo, en este caso el forraje resultaría de carácter estratégico para el mercado de consumo de la carne de res, y la leche, rubros en régimen de libre competencia con los productos del resto de las economías, las que cuentan con acuerdos de TLC con la isla. ¿El significado? Bueno, que el abastecimiento de la isla no es el problema central; el problema se centra en la competencia de productores locales y foráneos.
El almacenaje requiere de inversión. Para eso los ganaderos cuentan con los fondos del alicaído gobierno. La importación es la otra opción que se ha utilizado en negocios privados de intermediación. Lejos de contribuir al equilibrio de los precios, siempre ha sido el reflejo de un oportunismo insensato. ¿Qué más puede aportar la agropecuaria a la deprimida hacienda de la economía insular? La observación enfoca al endémico endeudamiento externo, coyuntura en que subyace la política fiscalista vigente.
El replanteamiento del comercio de productos perecederos, cuyos excedentes apuntarían a los mercados externos, esto es, saltar del negocio en pesos al negocio en divisas.

#281 SPAM ECONÓMICO

El spam es información indeseable, su presencia se hizo popular en la internet, se le conoce como el “correo basura”. Siete de cada diez personas detesta el spam. Ocurre que esta forma ha incursionado en el quehacer social, así aparece el “spam económico”. Este se caracteriza por esconder una opinión interesada detrás de una opinión económica. Se ha vuelto muy popular en la República Dominicana, raya en lo subliminal. Los recibimos por la prensa escrita, radio y tv, se ha vuelto una de las tantas formas de desahogar el descontento del momento. Casi siempre aparece cargado de información estadística que se entiende con una pasmosa facilidad, a pesar de que los receptores, en este caso el público, está consciente de su falta de formación en economía académica, empero el sueño no deja de tener su encanto. El spam no sirve sino sensibiliza a un determinado segmento de la opinión pública. Como dato curioso, la vía interactiva popularizada en esta época en los medios de comunicación, es el mecanismo de control para medir el impacto del spam económico.
El que hace ejercicio del spam económico es un mercenario de la economía y puede llegar al extremo de convertirse en un hacker –experto- económico. Confeccionarlo no es tan fácil como se percibe. Detrás de todo esto -la parte que no se ve del iceberg- hay un trabajo intenso de un grupo de economistas de una solida formación académica y una práctica en los medios de comunicación. Casi siempre se manipula la realidad social a favor de intereses particulares, nunca, porque no renta, a favor de las grandes mayorías. El histrionismo que envuelve el spam en quienes los practican, equivale al hábito monacal de la búsqueda de la justicia e igualdad para todos.

#280 INFLACIÓN O RECESIÓN

Queremos recordar a la ortodoxia moralista de la isla que el gasto no trasgrede principio económico de importancia para la economía. Contrario a lo que se pueda decir, el gasto es el sustento del crecimiento. El “librito” manda a reactivar la economía, sacudirla del marasmo financiero en que se encuentra, apelando al gasto.
El gasto tiene dos vertientes: el consumo y la inversión. Si existen otras, son el resultado de estas variantes. Las economías atrasadas –obviamos la carga peyorativa del término- requieren de urgencia del rol de mercado, ahora como nunca, lo más definido posible. Un agente económico integrado a la economía a través del gasto, opera fortaleciendo el alicaído sector productivo dominicano.
¿Ahorro? ¿Para qué? Con los créditos desacreditados, los flujos financieros derivados del empleo engrosarían el sueño de los muertos, convertirían el salario en una moneda de acecho, en manos inescrupulosas cuya deidad pura y simple es la ganancia.
La sombrilla del gasto del cual nadie quiere prescindir, en cambio, todos quisieran verlos aumentados; ese gasto impulsa el empleo. Recordemos el más de 30% de desempleo actual con visos a que siga aumentando, además de menos del 3% del incremento del PIB –mediciones recientes-, que pone en serios aprietos al empresariado local, prestos a hacer lo que sea para reducir el volumen de mercancías de sus almacenes.
El aumento del gasto es conforme a la moral y las buenas costumbres de la ciencia de la escasez, es decir dentro de la ética económica. ¿Qué no la hay? Existe desde que se definió el homo economicus hace algunos cientos de años.
Evocando la frase atemporal “ser o no ser” de la obra cumbre de Shakespeare, Hamlet, ¿qué debe optar más dignamente el alma noble?: “inflación o recesión”.