#161 LA RIQUEZA ESTÁ RELEGADA

Nos referimos al gasto y su principal soporte, el salario. Ningún inversionista se atreve a colocar sus capitales en cualquier país del mundo sino está bien definida la estructura del gasto, que en definitiva sustenta los diversos mercados que operan en la economía. En la República Dominicana el gasto bordea los ochenta mil millones de dólares, resulta obviamente un pastel atractivo. Empero, observamos objeciones de fondo cuando el empresario pondera los aumentos salariales. Se tiene temor a la redistribución del ingreso, por eso hay una actitud miserable en el empresario cuando del aumento salarial se trata. Da la impresión que el incremento del salario es una dadiva, un favor indeseado, lo toma a regañadientes, en definitiva obstaculiza innecesariamente el desarrollo de los mercados que coexisten en la media isla. ¿El 12% de aumento salarial? Se lo engulle la inflación actual, retorna al mismo empresario sin contribuir en lo absoluto al desarrollo de la riqueza del país. Como secuela de la falta de visión en el rol del gasto, resulta la merma en la calidad de los servicios, el escaso desarrollo del recurso humano que opera en el sector empresarial.
El gasto en la economía tiene varias funciones, particularmente contribuye al sostén del gobierno. De esto se sienten orgullosos los empresarios porque entienden que son actores de importancia, a pesar de la reticencia manifiesta en la promoción de la riqueza del país.
Es válido observar que la población dominicana no tiene reparos al momento de consumir. Lleva en su idiosincrasia la proclividad al consumo, incluso, más allá de sus posibilidades, el efecto de demostración, el estar bien a toda costa y en cualquier estrato social.

#160 ¿CRECIMIENTO SIGNIFICA IMPORTACIÓN?

Para los países como la República Dominicana “crecimiento significa importación”. Esa es la triste realidad por la cual abogan los empresarios y los gobiernos de turno, acomodando los ingresos fiscales a este modelo perverso, no sólo para nuestra economía sino para la población.
La alternativa de la exportación no gusta. Lejos de redituar en las arcas oficiales, requiere de inversión. “Pero es más fácil importar, y todos contentos, los consumidores, el gobierno y los empresarios”, además de los países exportadores que son los grandes victoriosos de esta mentalidad atrasada. Es que importar no tiene riesgo, es mínimo el capital para operar: un buen almacén, algo de dólares y ya.
Qué les interesa a los políticos una estructura productiva que además de generar bienes de consumo, produzca divisas. Se podría afirmar que la idea de la exportación es “bonita”, pero el problema es que hay que esperar mucho tiempo para ver los resultados. Es verdad, pero ¿es una desventaja los proyectos de mediano y largo plazo? La cultura política predominante no compagina con proyectos concebidos a más de un año. El inmediatismo nos corroe, el cambio de status social de la noche a la mañana nos quita el sueño.
Mientras tanto las naciones de economías estructuradas hacia afuera, sean pequeñas o grandes, están controlando el mundo, tienen libertad de acción, el nivel de vida de su población es estable y creciente, y los esquemas de seguridad social son hechos evidentes e incuestionables.
¿República Dominicana puede ser algún día un país predominantemente exportador? Sin duda, no sólo de bienes primarios – a esos no nos referimos-, sino de bienes de diverso valor agregado, sean manufacturados o industrializados.

#159 EL CRÉDITO ES CONFIANZA

En esto no cabe ninguna política financiera. Una reducción dramática del costo del dinero en la República Dominicana ha creado la expectativa empresarial hacia el aumento del consumo. Empero no resulta necesariamente así al momento de considerar el factor olvidado, el componente sicológico, variable subestimada en extremo en la praxis económica. Pues este factor estrictamente humano da al traste con cualquier política enfocada a la reactivación de la sinuosa oferta, a menos que se considere en la dimensión apropiada. ¿Qué insinuamos? Que no basta con las bien intencionadas políticas financieras, también son necesarias las condiciones que estimulen la credibilidad en el mercado, la coherencia entre la comunicación y la ocurrencia de eventos, además del necesario equilibrio en el nivel medio de la sociedad, particularmente en el aspecto del gasto, desordenado en todos los niveles de la sociedad dominicana.
Los actores económicos deben sincerarse en la interacción social que acostumbran a diario. Esto, entendemos, sería a todas luces un buen inicio para el clima de confianza requerido. Digamos que la política financiera que emana del banco central y filtra por osmosis a la banca comercial requiere del contexto humano, de esto, cosa insólita, no se hace absolutamente nada. En este estado de cosas, la aleatoriedad de las políticas financieras es la característica predominante. Ponderado con objetividad, el margen de error se sitúa en quienes lo aplican: sólo son economistas.
A falta de políticas psico-economicas podemos inferir que la banca personal podría pasar por un descontrol inusual, contrastando con las expectativas de crecimiento justificadas en las estadísticas de los últimos años.

#158 LOS PRECIOS DESBOCADOS SE IMPONEN

No hay duda, si se tumban los precios la reacción del mercado es inmediata, provocaría una convocatoria sin precedentes en los establecimientos comerciales, mucho más ahora que la población, el mercado, pasa por una crisis exponencial, esa crisis invisible que se sitúa en el cerebro, algunos la identifican como stress, lo cierto que se ha reducido en impotencia y frustración. Lo había estudiado Keynes con el denominativo de “expectativas”, que opera insólitamente bien en las economías.
La cultura predominante en el empresario dominicano se basa en la ganancia a partir del sobreprecio. Las promociones –los baratillos- no son más que un señuelo para atraer al consumidor, en la mayoría de los casos con mercancías vencidas. Lamentablemente no se cree en el potencial de la circulación –la aceleración de la reposición- como generación de riquezas. Prefiere esperar a que el consumidor se convenza, que acepte cansado la imposición de esos precios desbocados, insensibles a la acción del freno de la crisis, corriendo precipitadamente sin dirección aparente.
Urge un cambio en la situación comercial del mercado de consumo local, en beneficio de la gente primero, el empresario después y por último las arcas del gobierno, venida a menos. Si se asocia este trípode podría desencadenar eventos trascendentales. Se recordará el muy difundido despegue de las economías asiáticas en la década del sesenta, y la vertiginosa evolución del comercio en España de aquella época redimensionando la economía ibérica, sumida en esos momentos en el atraso.
La economía dominicana requiere de roles complementarios de esa tríada en pos de la reducción dramática de los precios.