#356 AMNESIA PREOCUPANTE


El sistema regulatorio financiero isleño pasa por una amnesia preocupante, pues liberó el crédito a las Pymes –pequeñas y medianas empresas- dejando de lado a las microempresas, en obvia observación de que éstas no forman parte de la realidad socioeconómica de las Pymes.
El sector de las microempresas, sector informal completo, es la columna vertebral del desarrollo económico dominicano, lo componen la gran mayoría del PEA vigente –Población Económicamente Activa-, independientemente de su condición social, son los que no tienen acceso a empleo formales, debido entre otras cosas, y no necesariamente al nivel de educación y preparación especializada, a que la oferta de empleo formal en la isla es muy reducida, y la que existe ofrece salarios espurios, muy por debajo de los niveles de dignidad humana.
El carácter informal de la economía en cuanto a la tributación, es relativo. Afirman opiniones interesadas, confundidas sobre desarrollo económico, que la informalidad no tributa, que hace competencia desleal a los que sí tributan. Falso de toda falsedad. De la competencia, el sector formal cuenta con cuantiosas inversiones, cosa que no tienen los informales. Es bueno recordar que se grava la inversión y no el status de empresa. En cuanto a la tributación debo decirles que el consumo está  grabado en la República dominicana, sea formal o informal quien consuma. Ahora bien, el tratamiento a las microempresas no puede ser igual que al de las Pymes, son dos realidades distintas, diametralmente opuestas.
La banca dominicana, insisto, debe estructurar unidades operativas especializadas para atender las solicitudes de crédito de las microempresas, pues una sucursal convencional de cualquier banco no es la adecuada plataforma de servicios para ese masivo sector económico. Terminemos de una vez para siempre el cacareo obsoleto de Mí-Pymes,  taxonomía anquilosada en los archivos en desuso. 

#355 POR QUÉ SE PRODUCE INFLACIÓN


Es preciso acotar para nuestra salud mental –el estrés es insistente- el por qué ocurre inflación. La inquietud explica otro fenómeno económico, ese que se mide a través del PBI, que no es otra cosa que el volumen de transacciones comerciales, el consumo por compras que realiza a diario el dominicano.  
Inflación es la dilatación de los precios, el agrandamiento de los valores monetarios de las mercancías, objeto de consumo en algún momento, en obvia alusión a la persistente reducción de nuestros ingresos por esa vía.
La inflación constituye un ejercicio de estimación de los actores económicos, tanto de los que practican a diario el rol de vendedores u ofertantes, como los de compradores, consumidores o demandantes.
La inflación pasa por ser la resultante, una manifestación de lo que ocurre con los costos, esto es, los gastos de obtención si es importador, o en definitiva de la fabricación de un producto o servicio. Hay inflación cuando se incrementan los precios por el reajuste hacia el alza de la reciente reforma fiscal, que desova en un aumento de la recaudación del gobierno central. Hay inflación cuando el FMI exige del gobierno la eliminación  de los subsidios, es el caso del financiamiento eléctrico de la isla, sin ponderar si la medida es ética o no.
Debo decir sin ambages que la inflación tiene un impacto brutal en la sicología de los dominicanos, provoca ansiedad, desencanto, y por último, desconcierto en los hogares isleños que tienen que cubrir sus necesidades con los amenguados ingresos fijos que disponen.
La inflación es motivo de la aceleración del financiamiento domestico a través del dinero plástico, sino revisen el aumento sostenido de beneficios que declara el sistema bancario local todos los años. La inflación es motivo de reducción de la calidad de vida del dominicano.
El mecanismo de compensación de la inflación apunta incontrovertiblemente a más empleo, más producción, más creatividad. No es como lo piensan algunos oficialistas, en la ayuda, el subsidio, lo que resulta en mantener viva la llama de la inflación. 

#354 LA VERDAD, MONDA Y LIRONDA


No hay manera de medir el potencial de exportación de la República Dominicana ni de ningún otro país en el actual esquema de los tratados de libre comercio, los llamados TLC, ¿por qué? Le han dejado todo al empresario nativo. No me refiero solamente al empresario dominicano sino al resto de empresarios, la mayoría de origen centroamericano. Entonces, ¿quiénes se benefician de los TLC? Los empresarios exportadores de tradición, en su generalidad norteamericanos y uno que otro latino. Esa es la realidad monda y lironda.
Exportar en el contexto vigente resulta “caro”. Pero, y el esfuerzo por llegar a acuerdos e institucionalizar a los países compromisarios de los TLC, ¿qué? Bueno, eso está bien en el papel pero en la realidad ocurre otra cosa.
Me refiero al costo de exportar. Empecemos por la información de mercado de los países que componen los TLC. Lo costoso de las telecomunicaciones hace imposible preparar mercancías globales. Un aspecto relevante es la compleja diversidad de hábitos y costumbres de cada país, inclusive los que están en la misma región. ¿Quién va costear los estudios de mercado? Sin duda el empresario nativo. ¿Existen algunas facilidades respecto a la información de mercado propia a cada proyecto comercializable? No conocemos de entidades de apoyo en tal sentido, financiadas por un fondo común. Exportar constituye un proyecto de inversión, requiere de inversionistas nativos que asuman los costos y riesgos en cada país signatario de los TLC. No creo equivocarme si afirmo que hay una falta notoria de soportes financieros especializados en exportación, esto es, una estructura bancaria regional al servicio del circuito financiero, como requerimiento básico para que circulen las mercancías entre países. Los Estados Unidos disponen de este recurso, pero no así los empresarios latinos.
¿Economía de exportación? Definitivamente no la hay en la isla, tenemos que prepararla. Lo cierto es que lejos de incrementarse las exportaciones a la luz de los TLC, República Dominicana ha crecido en volumen de importaciones, en más consumo y menos actividad productiva, lo que la claque financiera internacional identifica y promueve como PBI.    

#353 DÉFICIT, ¿INMORALIDAD FINANCIERA?


¿Qué es un déficit? ¿La diferencia del gasto, por encima del ingreso? Un déficit requiere de administración, la gestión del déficit, pero algo más, ese déficit presente absorbe, y en consecuencia, reduce el ingreso, lo estrecha, me refiero a los costos del mantenimiento del déficit. El déficit es el grueso de recursos de carácter rentista, el negocio del déficit, cubrirlo o desaparecerlo implicaría un ahorro que fortalecería el ingreso. El sistema eléctrico que opera  en la República Dominicana está compuesto por un ingreso, un gasto, y un déficit. ¿Quién es el acreedor del déficit energético? Es una inversión escondida, un capital generador de altos beneficios: ¿cinco, diez, quince, cincuenta por ciento de renta anual? El parque energético isleño opera, a pesar del déficit, empero, para que opere, los costos del déficit deben cubrirse. Entonces, ¿se puede vivir con un déficit permanente? A todas luces, parece que sí. Ahora bien, se requiere satisfacer las expectativas financieras de los actores que giran alrededor del déficit, ¿inmoralidad financiera? En cuanto al impacto social, sí, no hay duda. El déficit requiere del concurso del pueblo, el ente vivo que reduce la energía humana en componente presupuestario gubernamental. El tren oficialista pasa a ser el administrador del déficit, una especie de contralor del déficit. “Si ustedes quieren luz, yo le garantizo luz”, eso es en síntesis lo que ocurre, independientemente del “cómo”, argumento que alimenta otro déficit, el mediático, que a cuenta de la maledicencia energética, sostiene la parafernalia capitalista de la comunicación. Digo déficit mediático, porque la acumulación del conjunto de necesidades sociales tiene salida en el escenario en cuestión. ¿Hasta cuándo el déficit energético estará vigente? ¿De quien depende la vigencia de ese déficit? Argentina rompió relaciones energéticas con inversionistas españoles, a cuenta de la ruptura, el quiebre de un anacrónico déficit energético, cuyos beneficiarios financieros viven fuera del solar tanguero. Revisémonos a la luz de la experiencia de otros.    

#352 EL DILEMA, COMPRAR O PRODUCIR


Partimos nuestro análisis de dos conucos. Uno de ellos, el A, es un conuco de tierra poco fértil, árida, algo se saca de ella para poder subsistir: plátano, yuca y algo de vegetales, pero realmente poco. El otro conuco, el B, de tierra buena, abonada, dispone de canales con los cuales recibe agua permanente, el dueño tiene empleados que lo atienden “todo el tiempo”. El conuco B ha llegado a producir muy bien, cinco veces más que el conuco A. Resulta que el conuco B tiene excedentes, y después de proveer las necesidades de subsistencia tiene posibilidades de vender el excedente con favorables márgenes de beneficios, digamos un 60% por encima de sus costos. En otras palabras, produce a razón de un tercio del costo del conuco A. El conuco A también dispone de algunos excedentes pero a un costo alto. El margen de beneficio si existe no podría ser mayor de un 5%. El dueño del conuco B pretende vender sus excedentes al dueño del conuco A con el argumento de que le resulta más barato –un sofisma económico de proporciones insospechadas- comprar que producir: ¡y eso verdad! Con la venta pretende que no vuelva a cultivar, sino que consuma comprando,    ¿¿no produciendo?? En el pueblo se abre una feria y ambos van a vender sus excedentes. El resultado es que el dueño B vende todos sus excedentes a un precio inferior al dueño A, quien tuvo que rematar los víveres por debajo del costo con pérdidas cuantiosas, sin ánimo de volver de nuevo a la feria.
El precio de la subsistencia es alto, pero mucho más alto es el costo de la pobreza, de la dependencia feroz y voraz, el cuadro tétrico de miles y miles de campesinos convertidos en obreros, alimentando las ciudades, los servicios domésticos de casas de familia, y sobre todo recibiendo la injusta paga de los miserables salarios de las empresas de zona franca. De inicio de la década de los noventa a la fecha, la población rural de tres millones doscientos mil ha visto reducirse a dos millones quinientos mil, aproximadamente un 8% de incremento poblacional en la ciudad de Santo Domingo, una desintegración brutal del campo dominicano y una intolerable polarización a corto plazo.  
A partir de ahora el dueño del conuco A tendrá la responsabilidad encubierta, misión infausta a todas luces, de sostener los costos y los beneficios del conuco B, de mantener su nivel de competitividad a toda costa, esa es la cruda realidad.