#339 FORMACIÓN Sí, EDUCACIÓN NO


La educación, si funciona, debería objetivarse, requiere de fines cónsono con la economía que nos gastamos. La economía valida y autentica –de autenticar- el escenario educativo, esto, en una realidad pragmáticamente distinta a la formación.
Al observar la economía de la isla es fácil darse cuenta que requiere un modesto nivel educativo para operar, a menos que cambie el modelo económico vigente. Tal planteamiento parte de las expectativas del modelo en cuestión, el que rige la economía de la isla de Santo Domingo, sin estridencia, bajo el dominio del sector comercial importador, activo humano rector de bajo nivel de especialización, ausente de procesos técnicos, apoyado en la distribución de mercancías en evidente oposición a las exigencias económicas del sector industrial, por demás inexistente en la isla, y no porque no haya, sino porque su incidencia económica actual es insignificante.
Cuando nos referimos a la aserción definitiva de la formación en vez de la educación, contemplamos impávidos el proceso inverso en ejecución, la alteración del orden del desarrollo humano, a la postre, síntesis de la curva regresiva del movimiento social isleño. Dejamos, inconscientes, el avance real del pueblo dominicano a cambio de gente saturada de conocimientos sin uso ni aplicación, una educación productora de desempleados titulados sin cobijo, rechazados por ésta nuestra obsoleta economía.
Vista la tendencia, no nos sorprendamos por el carácter rentista del común de los isleños, escasos de formación, entienden poco o nada la realidad de su contexto vivencial, sin el instrumental formativo del cual deriva la conducta social requerida, y porque no, la más apropiada en las necesidades actuales. A resumidas cuentas, formación sí, y ¿educación? Sin melindre ni pretensión como ingredientes básicos.