La actividad más importante de la economía es el consumo, que además del trasiego de mercancías de todo tipo, resalta en esta variable el nivel de desarrollo de las instituciones comerciales, particularmente las que se dedican a la distribución, los llamados canales mayoristas y detallistas. En el consumo participan todos los actores económicos, me refiero a la corriente de demanda que sostiene la estructura económica del país. A diario la población se dirige a los establecimientos comerciales a comprar toda clase de mercancías, y esto parece obvio. En el caso de la República Dominicana lo hacemos con criterios muy definidos, ahí tienen ustedes la valoración del precio por encima cualquier atributo del bien en cuestión. Somos un país compuesto por compradores de precios, no necesariamente de mercancías. Esto merece una explicación. El gran grueso de dominicanos hurgamos en el bolsillo antes de indagar por los atributos del producto. Cuando nos referimos a una marca la idea obviamente cambia, el precio pasa a un aspecto secundario. La marca viene a satisfacer otras necesidades que tiene el consumidor pero que casi siempre el empresario de estos lares las ignora, justificando, no sin razón, que el mercado nativo es predominantemente de bajo poder adquisitivo. Sin embargo hemos visto que no es así, que el consumidor cualquiera que sea, exige diferenciación y está dispuesto a pagar si le garantizan las condiciones mínimas de cualidades previamente trabajadas en las mercancías. Lo que ocurre es que hay que invertir y en tal sentido el empresario manifiesta renuencia. Allí están las experiencias. Tenemos los productos genéricos, los “sin marcas”, que han ido reduciendo su presencia ostensiblemente a cambio de sellarlos con una marca. Así se justifica otro precio, en general con un incremento de precio. Las marcas requieren de inversión. En esencia representan un mayor trabajo en aspectos sensibles de la mercancía. Inspiran luego confianza y posteriormente lealtad. Los bienes con marcas blancas, de difusión en años recientes, ¿reúnen los requisitos básicos para considerarlos como productos de marca propiamente? Hay algunos criterios primarios que observan los bienes con marcas blancas, entre ellos la selección y clasificación, además de adjuntarse a un bien de bajo o ningún valor agregado. Difícilmente encontramos marcas blancas en bienes de procesos fabriles complejos. En cambio los casos comunes de uso de marcas blancas se encuentran en productos alimenticios, v.g.: arroz, huevos, pollos, pastas y granos diversos. Volvemos a preguntarnos, ¿son realmente marcas, o qué?