Si hay un tema que decidí no escribir en algún momento, no llevarlo por este esfuerzo intelectual que significa la redacción de un texto, es el vericueto que representa la universidad dominicana, estimada en estos momentos y sin elucubración alguna, la parte más oscura de la educación formal. Veamos.
Iniciemos esta perorata, no inoportuna pero si molesta, con la situación del profesor universitario, la fuerza laboral más mal pagada en el país, muchas veces por debajo del status de un obrero. Lo cierto es que la situación de la docencia universitaria ha llegado a tal deterioro que solo quedan resquicios de lo que otrora fuera, esto es, un prestigio para cualquier profesional de cierto brillo. La situación es tan grave que hoy en día el ejercicio de docencia universitaria es para el “buscavida”, para aquel graduado que no tiene otra cosa que hacer para el levante de una retribución de miseria. Y no estoy exagerando si tomamos en cuenta que el que lleva a la práctica el rol fundamental de la universidad en la economía es el obsecuente profesor universitario; ¿y cuál es ese rol?, el de servir de sostén al conjunto productivo del país, a través de la formación de la fuerza laboral en las diversas especialidades que demanda la empresa dominicana, por demás especialidades cambiantes en gran medida.
Y qué decir de los estudiantes universitarios, victimas de la obnubilada visión de quienes han participado en los diversos estamentos públicos y privados de la parafernalia universitaria. El deterioro de la universidad ha llegado ya a los hogares dominicanos. Los padres de familia palpan crudamente el divorcio tácito que existe entre la empresa y la universidad, a través de las serias dificultades de sus hijos al aplicar en puestos de trabajo. La queja recurrente es que lo poco que trae el “muchacho” de la universidad no le sirve a la empresa de gran cosa. La conclusión monda y lironda es que lo único que sirve de la universidad, si acaso sirve, es el título, y para nada el contenido académico.
Es obvio que nos han faltado empresarios educativos, en RD no existe, solo es visible, se notan con cierta arrogancia aquellos educadores enganchados a empresarios de la educación que han fracasado de un modo ostensible.
Ni que hablar de funciones tan obvias como la investigación en la educación superior, que no merece ser vista ni con el rabillo de los ojos por parte de los responsables pertinentes. Las cifras son aterradoras: el 0.01 por ciento del presupuesto con que opera el sistema universitario dominicano, que no sirve ni para presentar un planteamiento serio de investigación.
Iniciemos esta perorata, no inoportuna pero si molesta, con la situación del profesor universitario, la fuerza laboral más mal pagada en el país, muchas veces por debajo del status de un obrero. Lo cierto es que la situación de la docencia universitaria ha llegado a tal deterioro que solo quedan resquicios de lo que otrora fuera, esto es, un prestigio para cualquier profesional de cierto brillo. La situación es tan grave que hoy en día el ejercicio de docencia universitaria es para el “buscavida”, para aquel graduado que no tiene otra cosa que hacer para el levante de una retribución de miseria. Y no estoy exagerando si tomamos en cuenta que el que lleva a la práctica el rol fundamental de la universidad en la economía es el obsecuente profesor universitario; ¿y cuál es ese rol?, el de servir de sostén al conjunto productivo del país, a través de la formación de la fuerza laboral en las diversas especialidades que demanda la empresa dominicana, por demás especialidades cambiantes en gran medida.
Y qué decir de los estudiantes universitarios, victimas de la obnubilada visión de quienes han participado en los diversos estamentos públicos y privados de la parafernalia universitaria. El deterioro de la universidad ha llegado ya a los hogares dominicanos. Los padres de familia palpan crudamente el divorcio tácito que existe entre la empresa y la universidad, a través de las serias dificultades de sus hijos al aplicar en puestos de trabajo. La queja recurrente es que lo poco que trae el “muchacho” de la universidad no le sirve a la empresa de gran cosa. La conclusión monda y lironda es que lo único que sirve de la universidad, si acaso sirve, es el título, y para nada el contenido académico.
Es obvio que nos han faltado empresarios educativos, en RD no existe, solo es visible, se notan con cierta arrogancia aquellos educadores enganchados a empresarios de la educación que han fracasado de un modo ostensible.
Ni que hablar de funciones tan obvias como la investigación en la educación superior, que no merece ser vista ni con el rabillo de los ojos por parte de los responsables pertinentes. Las cifras son aterradoras: el 0.01 por ciento del presupuesto con que opera el sistema universitario dominicano, que no sirve ni para presentar un planteamiento serio de investigación.