Venimos del sector académico y por ende conocemos el campo conceptual, siempre lo he visto como un mundo apasionante, pero no nos ilusionemos mucho con las soluciones que podamos conseguir de ahí, es un terreno cargado de normativas genéricas. Mientras tanto la industria local espera por soluciones puntuales, en su mayoría de corte técnico, con planteamientos logísticos que nos lleven a soluciones tangibles. Lejos de manejar procesos de aprendizaje de tipo teórico, de lo que se trata es de actuar.
He escuchado con inusual interés las premisas relativas a la competitividad expuestas por el Presidente Fernández, el llamado plan sistémico. Pienso que los empresarios deben estar ahora más confusos, sobre todo el empresario que practica la gerencia del día a día, que requiere de planteamientos viables en el corto plazo, que conlleve al asumirlos, posiciones de fortaleza.
¿Nuestros empresarios están preparados para llevar a cabo el plan sistémico en cuestión? ¿Con qué tipo de empresario contamos si tomamos en cuenta el nivel de exigencia del referido plan? ¿Cuántos empresarios están dispuestos a reajustarse? Estos cuestionamientos y otros afines determinan el punto de partida del empresario dominicano al insertarse en los TLC.
Salvo raras excepciones el empresario local nunca se ha interesado por la universidad, de ahí que el sistema educativo superior luce totalmente aislado de los esquemas productivos vigentes. Plantearle entonces al empresario vías conceptuales que no utiliza ni sabe como manejarlas es intentar arar en el mar.
Sugiero realizar un levantamiento de información sobre lo que tenemos y disponemos en infraestructura productiva, antes de hablar de reconversión industrial, clusters o algo parecido. Si el tipo de traje encontrado encaja con estas propuestas, pues ¡adelante!, pero permítanme dudarlo, no seamos tan optimistas.
Sugiero que se abran ventanillas de oportunidades comerciales de exportación por renglones. Resulta más práctico presentar propuestas de oportunidades puntuales que en estos momentos existen y muchas en los mercados del TLC.El problema básico es de metas, si intentamos insertarnos en los mercados telecistas. De todas maneras quedan algunos cuestionamientos, por ejemplo el acceso al financiamiento que debe ir combinado con objetivos vinculados al comercio internacional. En conclusión, solo a partir de nuestras necesidades podemos aspirar a objetivos viables.
He escuchado con inusual interés las premisas relativas a la competitividad expuestas por el Presidente Fernández, el llamado plan sistémico. Pienso que los empresarios deben estar ahora más confusos, sobre todo el empresario que practica la gerencia del día a día, que requiere de planteamientos viables en el corto plazo, que conlleve al asumirlos, posiciones de fortaleza.
¿Nuestros empresarios están preparados para llevar a cabo el plan sistémico en cuestión? ¿Con qué tipo de empresario contamos si tomamos en cuenta el nivel de exigencia del referido plan? ¿Cuántos empresarios están dispuestos a reajustarse? Estos cuestionamientos y otros afines determinan el punto de partida del empresario dominicano al insertarse en los TLC.
Salvo raras excepciones el empresario local nunca se ha interesado por la universidad, de ahí que el sistema educativo superior luce totalmente aislado de los esquemas productivos vigentes. Plantearle entonces al empresario vías conceptuales que no utiliza ni sabe como manejarlas es intentar arar en el mar.
Sugiero realizar un levantamiento de información sobre lo que tenemos y disponemos en infraestructura productiva, antes de hablar de reconversión industrial, clusters o algo parecido. Si el tipo de traje encontrado encaja con estas propuestas, pues ¡adelante!, pero permítanme dudarlo, no seamos tan optimistas.
Sugiero que se abran ventanillas de oportunidades comerciales de exportación por renglones. Resulta más práctico presentar propuestas de oportunidades puntuales que en estos momentos existen y muchas en los mercados del TLC.El problema básico es de metas, si intentamos insertarnos en los mercados telecistas. De todas maneras quedan algunos cuestionamientos, por ejemplo el acceso al financiamiento que debe ir combinado con objetivos vinculados al comercio internacional. En conclusión, solo a partir de nuestras necesidades podemos aspirar a objetivos viables.