Definido como un economista humanitario, el profesor indio Amartya Sen, Premio Nobel de Economía 1998, por sus contribuciones a la investigación del bienestar económico, un trabajo dedicado a la economía de la pobreza y la hambruna, en su intento de dar un brillo humano a la economía, sin violentar las reglas del mercado.
El bienestar económico está ligado a las necesidades humanas y a las previsiones necesarias para la satisfacción de las necesidades humanas en los tiempos por venir. La pobreza, la ignorancia, las enfermedades y la desigualdad de oportunidades abrazan los factores condicionantes del bienestar económico, limitando dramáticamente el complejo mecanismo de la elección social.
Una de las contribuciones más impactantes y cautivantes de Amartya Sen corresponde a la medición de la pobreza, basada en indicadores no monetarios como expectativa de vida, alfabetismo y tasas de mortandad infantil. Esta nueva medida de desarrollo se contrapone al Producto Interno Bruto, calculado a partir del consumo de la población.
De un ensayo reciente de Amartya Sen, citamos a continuación algunas precisiones importantes entre la acumulación de ‘capital humano’ y la expansión de ‘capacidad humana’, en el marco del desarrollo económico y social. El primer concepto se concentra en el carácter de agentes de los seres humanos, que por medio de sus habilidades, conocimientos y esfuerzos, aumentan las posibilidades de producción y el segundo se centra en su habilidad para llevar el tipo de vida que consideran valiosa e incrementar sus posibilidades reales de elección. Ambas perspectivas están relacionadas porque se ocupan del papel de los seres humanos y, en particular, de las habilidades efectivas que éstos logran y adquieren. La significativa transformación que ha ocurrido en los últimos años de dar un mayor reconocimiento al papel del "capital humano" ayuda a entender la pertinencia de la perspectiva de las capacidades. Si una persona llega a ser más productiva en la producción mediante una mejor educación, una mejor salud, etcétera, no es absurdo esperar que también pueda dirigir mejor su propia vida y tener más libertad para hacerlo. Ambas perspectivas ponen a la humanidad en el centro de la atención. Algunos estudios empíricos han puesto de presente que la ampliación de la educación de la mujer puede reducir la desigualdad de género en la distribución dentro de la familia y contribuir a reducir las tasas de fecundidad. La ampliación de la educación básica también puede mejorar la calidad de los debates públicos. Y estos logros instrumentales pueden ser, en últimas, bastante importantes aunque su función instrumental no sea la de un factor de producción, definido convencionalmente, en la fabricación de mercancías.
El bienestar económico está ligado a las necesidades humanas y a las previsiones necesarias para la satisfacción de las necesidades humanas en los tiempos por venir. La pobreza, la ignorancia, las enfermedades y la desigualdad de oportunidades abrazan los factores condicionantes del bienestar económico, limitando dramáticamente el complejo mecanismo de la elección social.
Una de las contribuciones más impactantes y cautivantes de Amartya Sen corresponde a la medición de la pobreza, basada en indicadores no monetarios como expectativa de vida, alfabetismo y tasas de mortandad infantil. Esta nueva medida de desarrollo se contrapone al Producto Interno Bruto, calculado a partir del consumo de la población.
De un ensayo reciente de Amartya Sen, citamos a continuación algunas precisiones importantes entre la acumulación de ‘capital humano’ y la expansión de ‘capacidad humana’, en el marco del desarrollo económico y social. El primer concepto se concentra en el carácter de agentes de los seres humanos, que por medio de sus habilidades, conocimientos y esfuerzos, aumentan las posibilidades de producción y el segundo se centra en su habilidad para llevar el tipo de vida que consideran valiosa e incrementar sus posibilidades reales de elección. Ambas perspectivas están relacionadas porque se ocupan del papel de los seres humanos y, en particular, de las habilidades efectivas que éstos logran y adquieren. La significativa transformación que ha ocurrido en los últimos años de dar un mayor reconocimiento al papel del "capital humano" ayuda a entender la pertinencia de la perspectiva de las capacidades. Si una persona llega a ser más productiva en la producción mediante una mejor educación, una mejor salud, etcétera, no es absurdo esperar que también pueda dirigir mejor su propia vida y tener más libertad para hacerlo. Ambas perspectivas ponen a la humanidad en el centro de la atención. Algunos estudios empíricos han puesto de presente que la ampliación de la educación de la mujer puede reducir la desigualdad de género en la distribución dentro de la familia y contribuir a reducir las tasas de fecundidad. La ampliación de la educación básica también puede mejorar la calidad de los debates públicos. Y estos logros instrumentales pueden ser, en últimas, bastante importantes aunque su función instrumental no sea la de un factor de producción, definido convencionalmente, en la fabricación de mercancías.