Siempre he pensado que la discusión entre chilenos y peruanos sobre el patrimonio del Pisco Sauer es cuestión de chauvinismo, de turismo si se quiere. Me cabe la duda si el puerto de Pisco sea defendible tan vehementemente, sobre todo si de por medio haya una devastación de proporciones como nos llega a través de los medios de prensa.
Hace algunos días ocurrió un terremoto devastador en Perú, 7.9 grados en la escala sísmica de Richter. La conmoción del sismo tuvo lugar en Pisco, a doscientos kilómetros del sur de Lima, la capital peruana, uno de los tantos pueblos pobres, casi olvidados, que sólo por estos eventos no deseados se encuentra hoy en toda la prensa del mundo.
La experiencia de un terremoto es muy desagradable, mucho más si va acompañado de las expectativas de un tsunami, que aunque era esperado, por cosas de la naturaleza no se produjo, más sí la galopante intensidad del susto que se vivió ese aciago miércoles 15 de Agosto. Para darnos cuenta de la dimensión de la catástrofe que ha enlutado el corazón de los peruanos, sólo basta recordar el terremoto de Valdivia, Chile, de 1960 que tuvo una magnitud de 9.6 grados en la escala de Richter, el mayor registrado en la historia de la humanidad. Ahora más serenos, sería interesante revisar por qué ocurrió el sismo. La corteza terrestre es discontinua, está seccionada en fragmentos enormes de tierra que le hemos venido en llamar placas, las cuales sufren deslizamientos de cinco centímetros cada año. El contacto por fricción entre los bordes de las placas es la responsable de los sismos. Se presume que existe una falla o grieta en la zona del sismo, contiguos entrambos, la placa de Nazca y la placa sudamericana. La ciudad de Pisco, ubicada en una amplia bahía, tiene significado especial para los peruanos porque allí desembarcó el general don José de San Martín en 1820, iniciando la independencia de esa gran Nación. Pisco tiene una extensión geográfica de cuatro mil kilómetros cuadrados, y su población se estima en 120 mil pisqueños. Por actividad económica tienen la actividad vitivinícola y la producción del pisco a partir de un tipo de especial de uva, aguardiente de la familia del brandy, de gran demanda en Europa y América. La producción del pisco en el Perú es de tipo artesanal, controlado por la mediana industria que cuida los antiguos procesos de elaboración y calidad, y a menudo no responde a fines estrictamente comerciales sino a una especie de orgullo generacional.
Hace algunos días ocurrió un terremoto devastador en Perú, 7.9 grados en la escala sísmica de Richter. La conmoción del sismo tuvo lugar en Pisco, a doscientos kilómetros del sur de Lima, la capital peruana, uno de los tantos pueblos pobres, casi olvidados, que sólo por estos eventos no deseados se encuentra hoy en toda la prensa del mundo.
La experiencia de un terremoto es muy desagradable, mucho más si va acompañado de las expectativas de un tsunami, que aunque era esperado, por cosas de la naturaleza no se produjo, más sí la galopante intensidad del susto que se vivió ese aciago miércoles 15 de Agosto. Para darnos cuenta de la dimensión de la catástrofe que ha enlutado el corazón de los peruanos, sólo basta recordar el terremoto de Valdivia, Chile, de 1960 que tuvo una magnitud de 9.6 grados en la escala de Richter, el mayor registrado en la historia de la humanidad. Ahora más serenos, sería interesante revisar por qué ocurrió el sismo. La corteza terrestre es discontinua, está seccionada en fragmentos enormes de tierra que le hemos venido en llamar placas, las cuales sufren deslizamientos de cinco centímetros cada año. El contacto por fricción entre los bordes de las placas es la responsable de los sismos. Se presume que existe una falla o grieta en la zona del sismo, contiguos entrambos, la placa de Nazca y la placa sudamericana. La ciudad de Pisco, ubicada en una amplia bahía, tiene significado especial para los peruanos porque allí desembarcó el general don José de San Martín en 1820, iniciando la independencia de esa gran Nación. Pisco tiene una extensión geográfica de cuatro mil kilómetros cuadrados, y su población se estima en 120 mil pisqueños. Por actividad económica tienen la actividad vitivinícola y la producción del pisco a partir de un tipo de especial de uva, aguardiente de la familia del brandy, de gran demanda en Europa y América. La producción del pisco en el Perú es de tipo artesanal, controlado por la mediana industria que cuida los antiguos procesos de elaboración y calidad, y a menudo no responde a fines estrictamente comerciales sino a una especie de orgullo generacional.