#66 EL DRAMA DE TODOS LOS AÑOS: VOLVER AL COLEGIO

Tanto va al cántaro el agua que se rompe.
La experiencia de la “buena escuela” en naciones de altos estándares educativos es conmovedora. Este grupo de países desarrollados, dentro de los que se encuentran los llamados tigres del Asia, Alemania y Japón consideran un grave error medir la educación con dinero; el éxito educativo depende esencialmente de los recursos sicológicos, y no de los recursos materiales.
Estamos atentos al regreso de los muchachos –niños y adolescentes- a los colegios, pues se ha convertido en un círculo vicioso los problemas de carácter empresarial en este sector. Que si el aumento de la matricula y el pago de la cuota mensual, cuando no el alto costo de los libros, conforman todos los años el cuadro dramático de decisiones desmedidas a todas luces. Poco o casi nada han hecho los gobiernos frente a estos desatinos, mostrando incompetencia ante una variable tan sensible, el sector más estratégico para el desarrollo y crecimiento del país. Los padres están al grito, sin saber a dónde recurrir. ¿Y la educación estatal? Bien gracias; allí no hay nada que buscar, pues hace muchos años que no garantizan el más mínimo estándar educativo, mientras los Secretarios de Educación de turno muestran logros que sólo ellos ven, convirtiéndose en una sátira para la sociedad.
El empresario educativo dominicano muestra una excesiva voracidad, forzando un servicio de carácter social en un vulgar negocio, atento a “quien quiera educación que pague lo que pedimos”, como si la educación fuera plátano o humberger.
Lo cierto es que los colegios y editoras que componen el sector empresarial educativo, se han convertido en un cartel con el cual hay que romper para que el país le dé salida al progreso.
Somos de los que hemos exigido una mayor inversión en educación, pero ¿a dónde va realmente esa inversión? Frente al drama de la familia dominicana que ve escapárseles de las manos el futuros de sus hijos.
Lo que garantiza una buena escuela es su identidad. Las escuelas que gozan de un fuerte sentido de la identidad persiguen propósitos claros y son capaces de modificar sus métodos y adaptar sus incentivos si esos propósitos resultan ser elusivos.