La economía dominicana está amenazada seriamente por la descompensación, un virus que provoca desequilibrios, un virus enquistado en el organismo económico dominicano, vive allí y tiene capacidad de autorreplicarse utilizando para ello los propios recursos de la economía. A todas luces es un virus patógeno. Lo afirmamos así porque puede producir daños irreparables en todos los componentes de la economía, desde la estructura productiva, pasando por los agentes económicos hasta llegar a distorsionar todo el ensamblaje financiero del país. Mientras más se proteja la economía más vulnerable se convierte al virus de la descompensación, amenazándola con serios trastornos sino aumenta la dosis de blindaje nuevamente. El virus económico desafiante se manifiesta como una sombra al acecho en todas las actividades de la economía de patio, debilitándola poco a poco con el confrontamiento. Vemos por ejemplo la reducción sensible de cien millones de dólares destinados a gastos de consumo. La lógica indica que la economía dominicana autocompense las necesidades financieras originadas en el consumo y en definitiva de cualquier orden sin recurrir a los fondos domésticos de previsión, esas reservas internacionales cuya opción es de situación extrema.
Se compensa para evitar la descompensación, y, ¿cuál sería el estadio de una economía descompensada? Una economía a la deriva, envenenada, contaminada en condición crítica. ¿Cómo adquirimos este virus económico? Cuando comenzamos a contrabalancear o neutralizar distorsiones económicas con medidas artificiales, fantasiosas, sin apelar al desarrollo y fortalecimiento del organismo económico.
La descompensación es dolorosa y provoca ciclos de desequilibrio endémico. Se observa la proclividad a la descompensación económica en periodos de campaña electoral. Bien o mal, se aboga por cambios drásticos en la configuración económica que enunciado provoca simpatía, pero que en la práctica resultaría en oscilaciones con perjuicio de las grandes mayorías. Se hace ejercicio de descompensación reduciendo o aumentando sin causa aparente impuestos o incentivos. Lo que se olvidan los proponentes es el efecto que provocaría en la economía dichas medidas y las condiciones de reequilibrio que se necesitarían para que operen con las expectativas planteadas.
La economía dominicana como cualquier otra tiene sus propias y peculiares estribaciones. Desconocerlas es jugar al virus de la descompensación.
Se compensa para evitar la descompensación, y, ¿cuál sería el estadio de una economía descompensada? Una economía a la deriva, envenenada, contaminada en condición crítica. ¿Cómo adquirimos este virus económico? Cuando comenzamos a contrabalancear o neutralizar distorsiones económicas con medidas artificiales, fantasiosas, sin apelar al desarrollo y fortalecimiento del organismo económico.
La descompensación es dolorosa y provoca ciclos de desequilibrio endémico. Se observa la proclividad a la descompensación económica en periodos de campaña electoral. Bien o mal, se aboga por cambios drásticos en la configuración económica que enunciado provoca simpatía, pero que en la práctica resultaría en oscilaciones con perjuicio de las grandes mayorías. Se hace ejercicio de descompensación reduciendo o aumentando sin causa aparente impuestos o incentivos. Lo que se olvidan los proponentes es el efecto que provocaría en la economía dichas medidas y las condiciones de reequilibrio que se necesitarían para que operen con las expectativas planteadas.
La economía dominicana como cualquier otra tiene sus propias y peculiares estribaciones. Desconocerlas es jugar al virus de la descompensación.