#116 MÁS DE LO POCO

Da la impresión que es mucho de lo mismo y más de lo poco, que el Presidente Fernández piensa distinto de la crisis económica actual. Lo cierto es que pasado el discurso las expectativas de los agentes económicos siguen impertérritas. No es el efecto mediático sino un “sacudón” económico lo que requiere el país, ¿es así?
Seguimos pensando que es un buen momento para hacer cambios, probablemente después requiera de mayores esfuerzos. La medida asumida con el salario, la del aumento del 15% del salario mínimo que de seguro se extenderá al sector privado, sería recibida con beneplácito por las grandes mayorías, pero no deja de ser un paliativo frente a la dominante secuela inflacionaria que ha tomado el control de los centros de expendio al detalle: colmados y supermercados. Respecto al reajuste salarial, ¿se esperaba más?, ¿hubiera sido más cónsono con lo esperado el incremento del 25%? En estos momentos el país requiere con premura que la población demande mercancías producidas en el territorio nacional. Habrá que esperar un buen tiempo para que los aumentos salariales justos nutran el deprimido aparato productivo nacional y no el actual, una estructura económica importadora que produce pesos y consume dólares, el negocio de “capa perro” para el gran cúmulo de compromisos y las pocas divisas con que cuenta el país.
En tanto la economía local se reacomoda, el entorno económico internacional luce ríspido para los países dependientes. Cada vez es más sombrío el precio del petróleo, la manipulación es escandalosamente ostensible. Hay una especie de insensibilidad esparcida que nos lleva a pensar que las prioridades internacionales no tienen nada que ver con los problemas de supervivencia humana, con el fin último de la economía. Desde ya visualizamos un conflicto comercial de proporciones entre los bloques económicos vigentes, ¿síntoma de la inoperancia de los actuales tratados de libre comercio? La lucha existente es de pocos enquistados en intereses comerciales, de sumas astronómicas de dinero envueltas que derivan necesariamente en los vaivenes de la política actual.
Resta a los dominicanos no perder esa sana actitud de apego a la vida que ayuda al distendimiento y que hace más llevadero el trabajo diario en lo que vienen tiempos mejores.