#167 SALDO INSOLUTO

La banca dominicana está preñada de fantasía crediticia, es el caso del saldo insoluto. Se atribuye a lo pendiente, equivale a la materia prima aún no procesada, acepción cruda de algo que podría ser, no tiene obviamente categoría de producto, no está socializada, el precio está por tanto ausente, ubicada en los almacenes de la institución crediticia. Apenas la contabilidad de tal mensura la toma en cuenta el prestamista, la ingenuidad del público está constantemente presente. Es acto de justicia económica tomar en cuenta el agiotismo financiero, figura aquella literalmente contradictoria, en estricto sentido imaginativo, terreno donde se valida cual si fuera real.
El saldo insoluto desde el punto de vista contable se inspira en la recuperación de fondos invertidos – en sentido estricto el préstamo es inversión -, no así en el plano económico que involucra la idea de la desvalorización. De ahí que saldo insoluto y amortización van de la mano, como dos conceptos paralelos y equidistantes en el tiempo.
El dinero tiene sus misterios, quien diga que no, olvida los cálculos perversos de mentes insufladas del hedor de la “banca negra”. Los banqueros lo conocen muy bien y lo utilizan con sentido de usura, con la fruición del avaro, del que se regocija contando dinero. Lo saca, cuenta, lo vuelve a guardar, esos colchones abovedados lo traicionan por el olor peculiar del papel moneda, la cantidad indeterminada de manos por los que pasa.
El saldo insoluto incorrectamente es la base del cálculo del interés activo, el excedente que libera la ansiedad financiera, la excita o la frustra. Esa base financiera está preñada de valores morales que en ocasiones derivan en actos delincuenciales. El saldo insoluto es opuesto al cálculo a término del total del crédito, al interés revolvente, a la capitalización de los intereses, todos instrumentos de especulación financiera
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