Creo que el título que se me ha ocurrido -el que está arriba- puede decir más de lo que va a leer en la cuartilla. Así que le aviso que esté atento a la semántica de tiempo y contenido; por demás considero que es un reto a mi capacidad de síntesis, que lo asumo con cierto gusto.
Lo que nos llama la atención es la política de endeudamiento público, un barril sin fondo, un espectáculo circense, actores del sector oficial esforzándose por justificar el flujo de fondo externos sin aludir ni por asomo el mecanismo de pago, que desde ya presumimos que se hará con reformas fiscales, sin que a nadie se le ocurra reestructurar la economía orientándola a la actividad exportadora, único medio que podría justificar toda la andanada de endeudamiento.
Lo que nos llama la atención es la política de endeudamiento público, un barril sin fondo, un espectáculo circense, actores del sector oficial esforzándose por justificar el flujo de fondo externos sin aludir ni por asomo el mecanismo de pago, que desde ya presumimos que se hará con reformas fiscales, sin que a nadie se le ocurra reestructurar la economía orientándola a la actividad exportadora, único medio que podría justificar toda la andanada de endeudamiento.
La historia nos reserva el ejemplo por antonomasia, el Coliseo de Roma; ciertamente, la obra más representativa del arte romano construida en el primer siglo de nuestra era. A partir de ahí y durante quinientos años se utilizó para presentar sangrientos espectáculos públicos con especial crueldad: “Fue habitual la lucha de los gladiadores, los cuales luchaban literalmente hasta morir. En ocasiones, si la gente lo pedía y la máxima autoridad lo permitía, se perdonaba la vida de ambos luchadores. Para ello debían hacer un muy digno combate. Complementaba el espectáculo batallas navales y enfrentamiento entre animales salvajes y personas”.
El coliseo de Roma tiene un símil extraordinario con los actores públicos, particularmente con los actores económicos, políticos y mediáticos. Las formas han cambiado pero en esencia es lo mismo: el pueblo exigiendo a voz en cuello, unos por un gladiador y otros por el otro gladiador.
Dónde están los coliseos romanos de ahora. Nos solemos confundir tomando la vida literalmente; existen, han cambiado de forma espacio-tiempo; debo decir que el pueblo asiste siempre, son ahora los medios de comunicación, atentos y beneficiarios de la tecnología, pero allí están, aun existen los circos; pueden ser los papeles de una revista, lo podemos ver; puede ser la instalación donde se lleva a cabo un juicio, no se aleja de la representación de los actores de aquel tiempo. ¿Qué representa –y qué representaba- el circo romano de aquel entonces y ahora?
El coliseo de Roma tiene un símil extraordinario con los actores públicos, particularmente con los actores económicos, políticos y mediáticos. Las formas han cambiado pero en esencia es lo mismo: el pueblo exigiendo a voz en cuello, unos por un gladiador y otros por el otro gladiador.
Dónde están los coliseos romanos de ahora. Nos solemos confundir tomando la vida literalmente; existen, han cambiado de forma espacio-tiempo; debo decir que el pueblo asiste siempre, son ahora los medios de comunicación, atentos y beneficiarios de la tecnología, pero allí están, aun existen los circos; pueden ser los papeles de una revista, lo podemos ver; puede ser la instalación donde se lleva a cabo un juicio, no se aleja de la representación de los actores de aquel tiempo. ¿Qué representa –y qué representaba- el circo romano de aquel entonces y ahora?