No se hagan ilusiones, el crecimiento económico perdió su valor, no significa nada que no sea un ejercicio estadístico, en muchas ocasiones “mal hecho”, politizado en grado sumo, un mensaje de promoción de campaña política de cierre.
El crecimiento económico, tal cual es hoy, está divorciado de la realidad, pues no refleja ni un ápice lo que ocurre en la economía ni mucho menos en los hogares de la sociedad dominicana. Tal desproporción cuantitativa a la que estamos habituados a recibir cada cierto tiempo por el banco central, nos lleva a pensar que no conocemos nada de lo que ocurre en la economía dominicana, sino nos vinculamos directamente con el mundo real, ese fenómeno económico que se refleja en los colmados y en los supermercados de hoy, en el desempleo rampante que arropa a la juventud, en el gasto público ampuloso y no menos ostentoso del tren gubernamental actual, y sobre todo en el crecimiento exponencial de la economía informal expresado crudamente en las esquinas de los semáforos de la ciudad.
La ignorancia y falta de empatía frente los eventos esencialmente empíricos son las causas más comunes de conflictos. No es óbice afirmar que el conjunto de experiencias, fundamento del aprendizaje, conforma el mundo complejo de la economía real.
Definitivamente desconocemos nuestra economía; está oculta en el maquillaje artístico, sobredimensionado, maquillaje mediático, es la economía de la ignorancia, que no resiste la crítica rigurosa de las concepciones económicas tradicionales.
El crecimiento económico, tal cual es hoy, está divorciado de la realidad, pues no refleja ni un ápice lo que ocurre en la economía ni mucho menos en los hogares de la sociedad dominicana. Tal desproporción cuantitativa a la que estamos habituados a recibir cada cierto tiempo por el banco central, nos lleva a pensar que no conocemos nada de lo que ocurre en la economía dominicana, sino nos vinculamos directamente con el mundo real, ese fenómeno económico que se refleja en los colmados y en los supermercados de hoy, en el desempleo rampante que arropa a la juventud, en el gasto público ampuloso y no menos ostentoso del tren gubernamental actual, y sobre todo en el crecimiento exponencial de la economía informal expresado crudamente en las esquinas de los semáforos de la ciudad.
La ignorancia y falta de empatía frente los eventos esencialmente empíricos son las causas más comunes de conflictos. No es óbice afirmar que el conjunto de experiencias, fundamento del aprendizaje, conforma el mundo complejo de la economía real.
Definitivamente desconocemos nuestra economía; está oculta en el maquillaje artístico, sobredimensionado, maquillaje mediático, es la economía de la ignorancia, que no resiste la crítica rigurosa de las concepciones económicas tradicionales.