El término sofisma, de acuerdo a la Real Academia Española significa razón aparente con que se quiere defender lo que es falso.
Partimos nuestro análisis de dos conucos. Uno de ellos, el A, es un conuco de tierra árida, algo se extrae de éste para poder subsistir: plátano, yuca y vegetales, realmente poco. El otro conuco, el B, de tierra buena, abonada, dispone de canales con los cuales recibe agua permanente, el dueño exhibe empleados que lo atienden “todo el tiempo”. El conuco B ha llegado a producir muy bien, cinco veces más que el conuco A. Resulta que el conuco B tiene excedentes, y después de proveer las necesidades de subsistencia tiene posibilidades de vender el sobrante con beneficios del 60% por encima de sus costos, a razón de un tercio del costo del conuco A.
El conuco A también dispone de algunos excedentes, pero a un costo alto. El margen de beneficio si existe no podrá ser mayor del 5%. El dueño del conuco B pretende vender sus excedentes al dueño del conuco A con el argumento de que le resulta más barato importar que producir, un sofisma económico de proporciones insospechadas. En el pueblo se abre una feria y ambos venden sus excedentes. El resultado es que el dueño B vende todos sus excedentes a un precio inferior al dueño A, quien tuvo que rematar los víveres por debajo del costo con pérdidas cuantiosas y sin ánimo de volver de nuevo a la feria.
A partir de ahora el dueño del conuco A tendrá la responsabilidad encubierta, misión infausta a todas luces, de sostener los costos y los pretendidos beneficios del conuco B, de mantener su nivel de competitividad a toda costa, esa es la cruda realidad.
Partimos nuestro análisis de dos conucos. Uno de ellos, el A, es un conuco de tierra árida, algo se extrae de éste para poder subsistir: plátano, yuca y vegetales, realmente poco. El otro conuco, el B, de tierra buena, abonada, dispone de canales con los cuales recibe agua permanente, el dueño exhibe empleados que lo atienden “todo el tiempo”. El conuco B ha llegado a producir muy bien, cinco veces más que el conuco A. Resulta que el conuco B tiene excedentes, y después de proveer las necesidades de subsistencia tiene posibilidades de vender el sobrante con beneficios del 60% por encima de sus costos, a razón de un tercio del costo del conuco A.
El conuco A también dispone de algunos excedentes, pero a un costo alto. El margen de beneficio si existe no podrá ser mayor del 5%. El dueño del conuco B pretende vender sus excedentes al dueño del conuco A con el argumento de que le resulta más barato importar que producir, un sofisma económico de proporciones insospechadas. En el pueblo se abre una feria y ambos venden sus excedentes. El resultado es que el dueño B vende todos sus excedentes a un precio inferior al dueño A, quien tuvo que rematar los víveres por debajo del costo con pérdidas cuantiosas y sin ánimo de volver de nuevo a la feria.
A partir de ahora el dueño del conuco A tendrá la responsabilidad encubierta, misión infausta a todas luces, de sostener los costos y los pretendidos beneficios del conuco B, de mantener su nivel de competitividad a toda costa, esa es la cruda realidad.
Con este panorama hemos intentado explicar el por qué no funcionan los modelos actuales de comercialización de los TLC en República Dominicana, transformados tristemente en simple declaración de intenciones.