No hay fenómeno financiero en gestación que necesite tanto de la concurrencia de un amplio grupo de factores como el dólar.
Si una economía quiere generar dólares debe autoevaluarse, examinar si está en capacidad de provocar una corriente de oferta hacia fuera. Esto no basta; además debemos analizar las posibilidades de demanda de las economías con las cuales nos interesa hilvanar un tejido comercial. No hay una sola economía en el mundo que no tenga capacidad de oferta internacional. Los que opinen lo contrario están sugestionados por el mito del asombro, influenciados por la sobredimensión de los mercados internacionales, escondidos en la estrechez del comercio local.
Si una economía quiere generar dólares debe autoevaluarse, examinar si está en capacidad de provocar una corriente de oferta hacia fuera. Esto no basta; además debemos analizar las posibilidades de demanda de las economías con las cuales nos interesa hilvanar un tejido comercial. No hay una sola economía en el mundo que no tenga capacidad de oferta internacional. Los que opinen lo contrario están sugestionados por el mito del asombro, influenciados por la sobredimensión de los mercados internacionales, escondidos en la estrechez del comercio local.
La República Dominicana, independientemente de los TLC y las facilidades que pueda conseguir, aún luce medrosa: el empresario local muestra temor, fobia al Comercio Internacional. Esto no tiene nada que ver con el potencial económico del país, ¿qué ocurre entonces? Que no contamos con el actor adecuado para el momento oportuno. Si este fenómeno económico ocurriera, la República Dominicana través del Comercio Internacional podría salir airosa de los compromisos internacionales, me refiero al pago de la deuda externa y la realización de proyectos de desarrollo como el Metro, impulsado actualmente con deuda externa, a cuenta de la incertidumbre del alto costo que tendría para las generaciones futuras.
Nuestra economía es cerrada, no hay mentalidad exportadora a pesar que los recursos existen; es lamentable afirmarlo, pero los hechos están allí, no se pueden ocultar. El resto se torna en una sarta de objeciones, en su gran mayoría coyunturales. El adagio,¨el ave que se acostumbra a la cautividad, rechaza la libertad¨aparece de momento infranqueable.
Nuestra economía es cerrada, no hay mentalidad exportadora a pesar que los recursos existen; es lamentable afirmarlo, pero los hechos están allí, no se pueden ocultar. El resto se torna en una sarta de objeciones, en su gran mayoría coyunturales. El adagio,¨el ave que se acostumbra a la cautividad, rechaza la libertad¨aparece de momento infranqueable.