#282 MERCADO DE EXCEDENTES

Cuando almacenamos no hacemos otra cosa que guardar, acumular volúmenes de mercancías con fines diversos. El almacenamiento es muy común en el ámbito de la previsión. Ahí está el caso de los ganaderos de la isla, supuestamente descapitalizados, en la ostensible indigencia; bueno, pretenden almacenar pasto para tiempos de sequía. Eso está bien, pero, ¿la economía isleña requiere solamente de este tipo de previsión? Lógica y racionalmente que no. ¿Qué pretenden los empresarios pecuarios? Contar con el comercio de mercancías, el ganado pues, todo el año. En definitiva, ser competitivos; el insumo, en este caso el forraje resultaría de carácter estratégico para el mercado de consumo de la carne de res, y la leche, rubros en régimen de libre competencia con los productos del resto de las economías, las que cuentan con acuerdos de TLC con la isla. ¿El significado? Bueno, que el abastecimiento de la isla no es el problema central; el problema se centra en la competencia de productores locales y foráneos.
El almacenaje requiere de inversión. Para eso los ganaderos cuentan con los fondos del alicaído gobierno. La importación es la otra opción que se ha utilizado en negocios privados de intermediación. Lejos de contribuir al equilibrio de los precios, siempre ha sido el reflejo de un oportunismo insensato. ¿Qué más puede aportar la agropecuaria a la deprimida hacienda de la economía insular? La observación enfoca al endémico endeudamiento externo, coyuntura en que subyace la política fiscalista vigente.
El replanteamiento del comercio de productos perecederos, cuyos excedentes apuntarían a los mercados externos, esto es, saltar del negocio en pesos al negocio en divisas.