#280 INFLACIÓN O RECESIÓN

Queremos recordar a la ortodoxia moralista de la isla que el gasto no trasgrede principio económico de importancia para la economía. Contrario a lo que se pueda decir, el gasto es el sustento del crecimiento. El “librito” manda a reactivar la economía, sacudirla del marasmo financiero en que se encuentra, apelando al gasto.
El gasto tiene dos vertientes: el consumo y la inversión. Si existen otras, son el resultado de estas variantes. Las economías atrasadas –obviamos la carga peyorativa del término- requieren de urgencia del rol de mercado, ahora como nunca, lo más definido posible. Un agente económico integrado a la economía a través del gasto, opera fortaleciendo el alicaído sector productivo dominicano.
¿Ahorro? ¿Para qué? Con los créditos desacreditados, los flujos financieros derivados del empleo engrosarían el sueño de los muertos, convertirían el salario en una moneda de acecho, en manos inescrupulosas cuya deidad pura y simple es la ganancia.
La sombrilla del gasto del cual nadie quiere prescindir, en cambio, todos quisieran verlos aumentados; ese gasto impulsa el empleo. Recordemos el más de 30% de desempleo actual con visos a que siga aumentando, además de menos del 3% del incremento del PIB –mediciones recientes-, que pone en serios aprietos al empresariado local, prestos a hacer lo que sea para reducir el volumen de mercancías de sus almacenes.
El aumento del gasto es conforme a la moral y las buenas costumbres de la ciencia de la escasez, es decir dentro de la ética económica. ¿Qué no la hay? Existe desde que se definió el homo economicus hace algunos cientos de años.
Evocando la frase atemporal “ser o no ser” de la obra cumbre de Shakespeare, Hamlet, ¿qué debe optar más dignamente el alma noble?: “inflación o recesión”.